lunes, 9 de octubre de 2017

SOLIDARIDAD OBRERA Y SOLIDARIDAD CATALANA

Aquellos que hemos amado el Movimiento Obrero hemos visto estos días cosas que nunca imaginábamos íbamos a contemplar: anarcosindicalistas ondeando esteladas,  marxistas de la mano de la más rancia burguesía, libertarios apoyando la creación de estados y fronteras. Huelgas organizadas por la patronal, financiadas por un gobierno y secundadas por sindicatos de "clase". Políticos que llevan 30 años viajando en audi a4 a cuenta del estado sentirse oprimidos...

No censuro que lo hagan. Sólo censuro que lo hagan en nombre de toda aquella militancia que entregó todo, hasta su vida, por la liberación de los oprimidos en Cataluña, en España, en Iberia, y en el mundo entero. ¿Qué pensarían Joan Peiró, Federica Montseny, Josep Negre, Salvador Seguí, Amparo Poch, Andreu Nin, Josep Peirats...? Salid a la calle, ondead banderas, blandid privilegios, defended nuevas fronteras... pero no lo hagáis en nombre de los oprimidos, no lo hagáis en nombre de lo libertario, no lo hagáis  siquiera en nombre de la izquierda.

Resultado de imagen de SOLIDARIDAD OBRERAHace ahora 110 años, el 3 de agosto de 1907, se crea en Barcelona Solidaridad Obrera, asociación que agrupaba a 59 socie­dades de oficio. El nombre elegido fue una clara respuesta de clase a la recientemente creada Solidaritat Catalana, que aunaba a las fuerzas de la burguesía. SOLIDARIDAD OBRERA frente a solidaridad catalana. José Negre, uno de los fundadores, amigo de Salvador Seguí y posteriormente primer secretario general de la CNT dijo al respecto: El movimiento solidario entre las fuerzas político-burguesas catalanas sugirió a algunos elementos obreros la idea de originar otro movimiento solidario entre los trabajadores constituyendo la Federación Local Solidaridad Obrera.

En Solidaridad Obrera confluyeron socialistas, anar­quistas y sindicalistas.  También en 1907 apareció el primer número del semanario Solidaridad Obrera, órgano de la organización del mismo nombre y que se convertiría en una de las cabeceras más emblemáticas de la prensa obrera. En el año 2007 celebró su centenario el que fue principal órgano de expresión de la CNT y en el que también se expresó Salvador Seguí. Hoy sigue siendo el periódico de la Confederación Regional de Trabajo de Cataluña.

Para Solidaridad Obrera la soberanía nacional, o la independencia, no eran su problema, ni tampoco el del sindicalismo. El nacionalismo había surgido en la España del seno de la burguesía industrial y financiera, la única clase que podía engendrarlos. La Solidaridad obrera, constituía el objetivo, y su asiento regional lo adjetivo. La causa que defendía el sindicalismo no era sólo patrimonio de las zonas industriales, sino también del medio rural, de los campos ignorados.

Durante estas décadas, el movimiento autonomista catalán quedaría rele­gado a un segundo plano, desbordado por el movimiento obrero. El problema nacionalista era eclipsado por el problema social. Con gran amargura dijo Josep Pla: La campaña de autonomía había podido resistir la ofensiva española: había podido re­sistir la ofensiva de la izquierda que saboteó la comisión extraparlamentaria; lo que no pudo resistir fue la enorme conmoción sindicalista.

Sí que hubo intentos de infiltrar el nacionalismo en el movimiento obrero, pero como la propia burguesía reconoce, resultaban absurdos. En palabras de un militante cenetista de la época: para los obreros los catalanistas eran unos burgueses carcundas. Es decir se le unía a la condición de burgués, el ser un retrógrado y un reaccionario; ése es el significado de la palabra carcunda. En un libro de los años treinta, publicado por la Liga Catalana (la burguesía catalanista), sobre la situación social y política de Cataluña, podemos leer lo siguiente. No podemos omitir la mención en Cataluña de la “Unión Socialista de Cataluña”, que intentó el absurdo de crear un socialismo catalanista. La USC defendía un nacionalismo de tonos muy radicales y era al mismo tiempo, un partido socialista. Ha sido una agrupación que no ha podido recoger en lo más mínimo a la masa obrera. El intentó absurdo ha fracasado completamente.
           
Indudablemente los libertarios abogaban por la descentralización como un avance en el camino de la libertad del hombre tan querida para ellos. El anarcosindicalismo reclamaba los municipios libres, y la libre asociación entre ellos. Bebían de las raíces autogestionarias que durante siglos cultivó el pueblo español y desarrolló bajo la forma política del Concejo, una de las grandes realizaciones mundiales de autogestión política.

Para los libertarios la descentralización no significaba una cuestión geográfica, ni cultural, ni racial, como lo era para el nacionalismo. De nada le servía una descentralización que quitara la capital en Madrid y la pusiera en Barcelona si la pirámide social iba a seguir sin tocarse. La descentralización para los libertarios consistía en sustraer el poder de los núcleos que siempre lo habían detentado y transferirlo a la sociedad. Al pueblo, a los más débiles. La descentralización no consistía en la independencia territorial, sino en descentralizar el poder del estado y del mercado a la sociedad. Construir más sociedad, para que haya menos Estado. Y ahí es donde se insertaban las familias, los sindicatos, los municipios y de ahí en adelante libres uniones. Los congresos anarcosindicalistas de la época hablaban de Iberia (federaciones ibéricas), y antes bien de plantear nuevas fronteras, abogaban por destruir las cercanas que tenían, en concreto con Portugal. Las organizaciones lusas estaban siempre invitadas a los congresos de los españoles 

Para los anarquista, decían pomposamente, nuestra patria es el mundo y nues­tra familia la humanidad. Otro militante expresaría el internacionalismo proletario con las siguientes palabras: La nación no significa nada para nosotros. El hombre lo es todo. A nuestros ojos los pueblos oprimidos le la tierra no forman más que un solo pueblo. El pueblo de los pobres. Su combate es la lucha del pueblo contra los poderosos, lucha gigantesca de los trabajadores por su derecho a salud, al trabajo, a la vida.


Por eso duele ver hoy a aquellos que se dicen herederos de las siglas de aquel movimiento obrero hacer el juego al más rancio e insolidario nacionalismo. No manchéis la memoria de un pueblo, y de unas organizaciones que en otro momento de la historia SÍ fueron solidarios.

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