viernes, 30 de junio de 2017

100 años de la huelga UGT-CNT: 1917-2017

Se cumplen 100 años de una de las huelgas más importantes del Movimiento Obrero

Rodrigo Lastra


libro publicado por ZYX en 1966
Aquella generación militante de principios del siglo XX, tenía como arma de lucha la huelga. Huelga para reivindicar mejoras laborales, pero también huelgas de solidaridad. Huelgas que se producían ante el atropello en los derechos laborales de obreros de otras fábricas o cuando tos trabajadores se negaban a hacer productos que consideraban nocivos, adulterados o requerían trabajos inhumanos o degradantes. El derecho a la huelga que conquistaron estos hombres era el método pacífico de hacer ver a la burguesía y a los gobernantes que sin el concurso del trabajo aportado por el proletariado es imposible la subsistencia. Era la manera práctica de hacer evidente que sólo el trabajo genera riqueza.
El 20 de noviembre de 1916 fue un día muy importante en la historia del movimiento obrero español, ya que se estableció un acuerdo entre la CNT y la UGT para fusionar sus fuerzas e ir a la huelga. Se acordó realizar una serie de grandes mítines en las principales capitales el primer domingo de diciembre con oradores de la UGT y de CNT conjuntamente. El 18 de diciembre tuvo lugar la huelga general en señal de protesta por el encarecimiento de los artículos de subsistencia, que con la excusa de la guerra habían subido mucho suponiendo miseria para los de abajo y colosales beneficios para los industriales que proveían a los países en contienda. La huelga sólo duró 24 horas pero su importancia radica en que por primera vez actuaron conjuntamente los dos principales sindicatos españoles en uno de los movimientos huelguísticos más unánimes que han tenido lugar en España. Fue además el inicio de un período de grandes huelgas, como la del verano de 1917 y la de La Canadiense a comienzos de 1919.

En 1917, las luchas sociales van a coincidir en el tiempo con otros dos desafíos que, militares descontentos por una parte (Juntas de Defensa), y problemas regionalistas por otro (Asamblea de parlamentarios) van a plantear al Gobierno y la monarquía. Todo ello en un año, 1917, donde comenzó a planear por toda Europa la sombra de la Revolución Rusa.
Libro publicado por voz de los sin voz en 2008
 Tras la huelga de 1916 la clase obrera intensificó su acercamiento. En marzo de 1917 Seguí se reunió nuevamente en la casa del pueblo de Madrid con Largo Caballero y Besteiro, firmando en nombre de la CNT, junto con Pestaña, el manifiesto publicado por las dos grandes centrales sindicales con idea de organizar una huelga general revolucionaria indefinida. Besteiro no quería comenzar la huelga sin antes contar con el Ejército para que éste no fuera contra los trabajadores (más tarde se confirmarían sus temores). El propio Besteiro redactó el manifiesto en que cristalizaron los acuerdos y que se aprobó por unanimidad. El manifiesto contenía reivindicaciones no sólo laborales sino otras marcadamente políticas con intención de hacer caer el régimen de la restauración:…Con el fin de obligar a las clases dominantes a aquellos cambios fundamentales del sistema que garanticen al pueblo el mínimo de condiciones decorosas de vida y de desarrollo de sus actividades emancipadoras, se impone que el proletariado español emplee la huelga general, sin plazo definido de terminación, como el arma más poderosa que posee para reivindicar sus derechos… Ciudadanos: No somos instrumento de desorden, como en su impudicia nos llaman con frecuencia los gobernantes que padecemos. Aceptamos una misión de sacrificio por el bien de todos, por la salvación del pueblo español…[i]







Andrés Saborit, dirigente de las Juventudes Socialistas, fue el enlace entre Madrid y Barcelona en los preparativos de la huelga. El trabajo fue muy costoso, pero al fin se llegó a un acuerdo. Seguí tomó parte muy activa en la preparación de la huelga de agosto de 1917. Para darle al movi­miento un carácter nacional, se acordó que el Comité de Huelga residiera en Madrid. En Barcelona, se constituyó un Comité de Huelga mixto compuesto por hombres confederales y socialistas. En una ocasión que el comité de huelga estaba reunido en la casa de un militante fue la policía a detenerlos. Los miembros del comité tuvieron el tiempo justo para saltar por un patio trasero. Seguí se rompió el brazo (era un pri­mer piso) y la policía, furiosa, detuvo a Teresa, su mujer, que era quien les había ayudado a huir.

A principios de agosto llegaron las consignas concretas del Co­mité de Huelga de Madrid: el movimiento empezaría con una huelga ferroviaria y se iría extendiendo a todas las ramas de los trabajadores de toda España hasta declararse la huelga general. El santo y seña que señaló el momento del comienzo fue: Cosas veredes, que aparecería como título en un editorial del periódico El Socialista. La Huelga comenzó en Madrid el 8 de agosto, pero como la propia huelga había interrumpió el correo y el telégrafo, El Socialista no llegó a Barcelona hasta dos días más tarde, con lo que hubo cierto desconcierto en las filas sindicales. Finalmente se consiguió paralizar las actividades en casi todas las grandes zonas industriales, urbanas y mineras: VizcayaMadridValenciaZaragozaLa CoruñaAsturiasLeónRío Tinto... En Cataluña el movimiento fue ampliamente se­cundado en Badalona, Sabadell, Terrassa, Manresa y Mataró.
Un hecho que muestra la acción de los militantes es cómo se consiguió alargar la huelga en Barcelona unos días más. Al tercer día de la huelga los ánimos y las fuerzas estaban flaqueando. Los tranvías eran el medio de transporte que usaban los obreros para llegar al trabajo, y estos habían sido tomados por la policía para asegurar el fracaso de la huelga. Se convino que había que hacer lo imposible por parar los tranvías. Pero ¿cómo? Una mañana se presentó en el sindicato un metalúrgico del barrio de Poble Nou que traía una nueva arma antitranviaria. Durante todo el día habían trabajado en un taller para realizar un montón de “tes”, que eran un trozo de hierro en forma de T, adaptables perfectamente a las medias cañas de los raíles de los tranvías, que se encajaban a martillazos y no se podían sacar, impidiendo la marcha de los tranvíasTodos quedaron entusiasmados con la idea, y, sobre todo, de que no se hubiera limitado a tenerla, sino que, por su cuenta, se hubiera puesto a practicarla sobre la marcha, sin darle muchas vueltas ni tener que convocar una asamblea.
 A las siete y media empezaron a salir los tranvías de sus coche­ras de la Ronda de San Pablo. En cada coche iba una pareja de guardias civiles además de policías de paisano. Nada ocurrió mientras los tranvías circulaban por el centro, pero la cosa cambió al llegar a las entradas de las barriadas. Casi al mismo tiempo, en Sants, en la Barceloneta, en Poblé Nou, en Sant Andreu, en la línea de Horta, en Gracia, en Sant Gervasi, en la calle de Muntaner... los tranvías que, ya confiados, marchaban a buena velocidad, saltaron sobre los raíles y quedaron descarrilados. Empleados y guardias procuraban empujar los coches a fin de encarrilarlos. Pero mientras tanto iban llegando nuevos tranvías que formaban largas colas. Se descubrió el motivo del descarrilamiento, pero todos los esfuerzos fueron inútiles para sacar aquellas “tes” de las vías. La operación T fue un éxito rotundo.

La respuesta a la huelga revolucionaria fue la declaración del estado de guerra. Como había vaticinado Besteiro, el Ejército y la Asamblea de parlamentarios no apoyaron la acción emprendida por los sindicatos, a pesar del tono no violento y conciliador del llamamiento huelguístico redactado también por Besteiro: Si el Gobierno tratase de ejercer coacciones contra los obreros, empleando para ello la fuerza pública y aun la fuerza del ejército, los trabajadores no iniciarán actos de hostilidad, tratando de dar a la fuerza armada la sensación de que también está integrada por elementos trabajadores que sufren las consecuencias de la desastrosa conducta del régimen imperante. Al efecto, las masas harán oír los gritos ¡Viva los soldados! ¡Viva el pueblo! (...) Teniendo en cuenta que deben evitarse actos inútiles de violencia, que no encajan en los propósitos ni se armonizan con la elevación ideal de las masas proletarias.

El 18 de agosto había finalizado la huelga. La acción represiva fue fortísima. El resultado en cifras fue de setenta y un muertos, centenares de heridos y unos dos mil detenidos,[ incluidos los miembros del comité de huelga, que fueron juzgados y encarcelados con una condena a cadena perpetua. La huelga fracasó en sus objetivos políticos, aunque el sistema de ficción parlamentaria y el prestigio de los políticos profesionales quedaron muy dañados. A decir de Seguí fue el último movimiento llevado a cabo a la manera romántica, y la próxima vez habría que hacer las cosas con sentido común[ii]Pestaña le contestó previéndole que los puristas le darían muchos disgustos. Fácil profecía la de Pestaña, puesto que conocía tan bien el paño.









[i] El manifiesto de 1917 escrito por Besteiro, y que para autores como Julián Gómez del Castillo es uno de los mejores textos del movimiento obrero español, fue publicado íntegramente en 1966 por la editorial ZYX en un libro de Jacinto Martín donde se relata con minuciosidad dicha huelga. Posteriormente ediciones Voz de los sin Voz ha vuelto ha editar dicho libro.
[ii] En esas primeras huelgas del siglo XX, los obreros levantaban barricadas de adoquines en las entradas de los barrios obreros al estilo de la Comuna de París y todavía se cantaba la marsellesa, pues canciones proletarias que luego se harían himnos (como hijo del pueblo, la internacional, a las barricadas…) todavía no eran populares entre los obreros.

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