domingo, 10 de abril de 2016

El anarcosindicalismo y la revolución rusa

Dos informe que realizó Angel Pestaña sobre su
experiencia en la URSS, y qu marcaran la postura
de  la  CNT respecto a la revolución rusa.
Editatos hace 45 años por la editorial ZYX
 y reeditados recientemente por ediciones
voz de los sin voz
En 1919, en el Congreso del Teatro de la Comedia el anarcosindicalismo español no tuvo acuerdo en cuanto a la propuesta de ingreso en la III Internacional, promovida por Moscú. Conviene recordar que la Revolución Rusa apenas tenía dos años de vida y los bolcheviques en un inicio habían usado una fraseología anarquizante, como aquella famosa de ¡todo el poder para los soviets! Los soviets representaban, en aquella Rusia mayoritariamente rural, la organización proletaria, el equivalente a nuestros sindicatos. En 1919, todavía no se habían destruido los soviets, ni habían sucedido acontecimientos tan reveladores como la aniquilación de los anarquistas ucranianos capitaneados por Makhno, ni el aplastamiento por Trotsky del reducto anarquista de Cronstadt. Estos hechos no se producirían hasta 1921.

Había confusión y en algunos sectores, nos recuerda Buenacasa, el resplandor del incendio ruso nos cegó en vez de iluminar­nos. Tomamos por antorchas inextinguibles lo que sólo fue una llamarada, seguida de venganzas ruines y de ambiciones partidistas desmedidas. Pero muchos de los asistentes al congreso, con Quintanilla a la cabeza, vislumbraron ya el grave peligro soviético. En consecuencia no había razón para comprometerse con el organismo mundial que les representaba. Sin embargo la ayuda soviética les era muy tentadora. Ante la falta de acuerdo, Seguí propuso la fór­mula intermedia de adherirse provisionalmente y enviar a tres observadores que comprobasen lo que ocurría en país eslavo. Se aprobó y se designó para esa misión a Pestaña, a Eusebio Carbó y a Hilario Arlandis. El 18 de diciembre concluyó el Congreso y los delegados volvieron a sus puntos de origen a continuar la lucha.

A principios de abril de 1920 Pestaña salió de España para asistir, como delegado de la CNT al II Congreso de la Internacional Comunista (Tercera Internacional) y a las sesiones preliminares de la Internacional Sindical Roja, en cumplimiento de los acuerdos del Congreso de la Comedia. A Pestaña se le daba por muerto y había pasado la frontera vestido de payés. Tuvo que viajar sin pasaporte y sin dinero, atravesando los países europeos perseguido por la policía y ayudado por la solidaridad de los grupos libertarios locales.
           
Finalmente llegó a Rusia. En medio de la atmósfera reverencial de las sesiones del Congreso, Pestaña fue uno de los escasos delegados que se enfrentaron a la línea impuesta por los comunistas y que luego escribiría en su famoso Informe de mi estancia en la URSS y en  Consideraciones y juicios acerca de la Tercera Internacional. En ellos narra todo tipo de corrupciones (cruceros, vodka, limpiabotas, muchachitas…) que manejaban los líderes comunistas, y cómo compraron a los representantes europeos: La mayoría de los delegados concurrentes al Congreso tienen mentalidad burguesa. Murmuran y maldicen que la comida es poca y mediana, olvidando que millones de hombres, mujeres, niños y ancianos carecen, no ya de lo superfluo, sino de lo estrictamente indispensable. ¿Cómo se ha de creer en el altruismo de esos delegados que llevan a comer al hotel a infelices mujeres hambrientas a cambio de que se acuesten con ellos? ¿Con qué derecho hablan de fraternidad esos delegados que apostrofan, insultan e injurian a los hombres del servicio del hotel?

Cuenta también la manipulación del Congreso, en el que no aparecían las modificaciones acordadas en los documentos finales y apenas se concedía diez minutos a los oradores para exponer sus desacuerdos y tiempo ilimitado a los oficialistas para defenderse. El espíritu combativo de Pestaña le llevó a discutir la afirmación de que fuese el partido comunista el artífice supremo de aquella revolución, reclamando la importancia de la intervención del pueblo. Fue una durísima crítica y un alegato por la libertad. A esta intervención de Pestaña, que duró apenas diez minutos porque se le retiró la palabra, respondió Trotski durante más de tres cuartos de hora, y al día siguiente Zinoviev durante media hora, lo que demuestra la repercusión de las palabras del obrero español en los líderes soviéticos. Antes de abandonar Moscú le recibió Lenin, al parecer por haber calificado al propio Wadimir Ilich Lenin, en un cuestionario de evaluación del Congreso, como autoritario y absorbente. Lenin le respondió: Libertad, ¿para qué?

Para el historiador y político conservador Ricardo de la Cierva, este episodio marca uno de los momentos más gloriosos de la historia del movimiento obrero español. Según informes del propio Congreso solamente dos compromisarios no habían aceptado dinero para el viaje de vuelta: Ángel Pestaña y el también español, Fernando de los Ríos, que iba en representación del Partido Socialista. Por los informes de ambos, la CNT y el PSOE no se adhirieron a la Internacional Comunista.

Los libertarios españoles fueron los primeros en desenmascarar en Europa a los nuevos zares, quienes, bajo el disfraz revolucionario, corromperían en el occidente muchas de las viejas corrientes solidarias y demolerían las viejas centrales sindicales mediante una política divisoria y represiva al servicio de los intereses exteriores del estado totalitario ruso. A Pestaña cabe el honor de haber sido de los primeros en denunciar lo que realmente era el comunis­mo: dictadura de un partido, ejercida contra todos los más partidos y contra el proletariado mismo, escribió en su informe. Esta prontitud en ver lo que lo que fue la realización comunista, honra profundamente aquellos hombres, pues 50 años después todavía medio mundo seguía embelesado con el marxismo soviético.

            Pestaña fue encarcelado al regresar a España y no pudo firmar su informe hasta noviembre de 1921.

Un hecho que relata el propio Pestaña al salir de la cárcel, evidencia el contraste con toda la corrupción que había vivido en Rusia: Puestos en libertad, no teníamos dinero para el regreso, y hube de pedirle a Mauro Bajatierra unas pesetas para completar lo que nos faltaba para el pago del billete. Los delegados de la CNT viajábamos entonces con tanta economía, que a veces, satisfecho el billete de regreso a Barcelona, el dinero que nos quedaba era insuficiente para los gastos de la comida. Tal austeridad y pobreza eran virtudes de aquellos sindicalistas que nos precedieron. Seguí, como la mayor parte de los que ejercían cargos de responsabilidad en la CNT, siempre viajaba en tercera y durante su estancia en otras localidades vivía de la solidaridad de los militantes. Era una nota de su autenticidad obrera y la manera de que la organización fuese auténticamente autogestionaria, pues evitaba los liderazgos a costa de la organización, teniendo siempre la base la última palabra.


Tan pronto como la CNT pudo reunirse nacionalmente (lo hizo en el Pleno de Zaragoza en junio de 1922), rompió completamente con Moscú, aprobando un documento que habían firmado conjuntamente Seguí y Pestaña. Esto les valió un odio cainita de los bolcheviques y de los escasos acólitos que consiguieron en España. Desde entonces las relaciones entre libertarios y marxistas serían literalmente a muerte. Un nuevo enemigo les había salido. Unos pocos cenetistas pro-bolcheviques, como Andreu Nin y Joaquim Maurín, no aceptaron el acuerdo y se fueron de la CNT para fundar años más tarde el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Peor suerte corrió el PSOE, donde los comunistas lograron mayor predicamento y consiguieron dividir al partido y llevarse un buen número de efectivos para fundar el Partido Comunista de España (PCE).

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