martes, 16 de febrero de 2016

DIÁlOGO MILITANTES CRISTIANOS-MILITANTES LIBERTARIOS

¿Qué es la C.N.T.? Julián Gómez del Castillo 

Trascribimos la introducción de un libro escrito por José Peirats, el gran cronista del movimiento libertario español del siglo XX . Por motivos relacionados con la censura, tardó en publicarse, y no lo hizo hasta 1976 y bajo la firma de Julián Gómez del Castillo. Gómez del Castillo, militante obrero cristiano, mantuvo por aquellos años un intenso y fraterno diálogo con Peirats y otros personajes del movimiento libertario en orden de acercar posturas para proyectos comunes autogestionarios. Reproducimos por su interés la introducción hecha el mismo Julián


Hace ya más de siete años, en mis viajes propagando el ideal autogestionario entre los trabajadores españoles emigrantes, conocí en Toulouse a José Peirats, veterano militante confederal exiliado. No me resultó atractiva su persona en los primeros momentos, pero a medida que la conversación transcurría fuimos sintonizando en una serie de cuestiones y respetándonos en otras en que las opiniones eran encontradas. En sucesivos viajes continuaron los contrastes de nuestras ideas y preocupaciones.
Fue entonces cuando le pedí que me escribiera unas cuartillas sobre lo que era la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.), y a los pocos días las recibía en Madrid. La censura impidió la publicación entonces, y hoy ven la luz, como consecuencia de nuestra normativa jurídico-legal y la penuria de nuestros medios, bajo mi firma. Si he creído que aquellas cuartillas que un día escribió Peirats a petición mía, pueden ser un buen servicio a la clase obrera española. Este es el motivo que me ha llevado a publicarlas.
Pero es evidente que aquellos diálogos que empezaron hace más de diez años deben continuar ahora y a la luz pública. Los dos somos libertarios y por tanto enemigos de los secretismos que establecen cortinas de ignorancia entre los hombres. Los dos partimos del respeto mutuo y por eso no dudamos en la posibilidad del diálogo entre militantes obreros creyentes y ateos. Tenemos en común nuestro amor a la libertad del hombre; a la verdad, sin camuflajes; a la justicia, sin condicionantes de casta ni de grupo predestinado. Los dos hemos sufrido y luchado por nuestro ideal. Es demasiado lo que nos une para que no seamos capaces de entendernos y de respetarnos. Por eso planteo nuevamente el diálogo, esta vez en público.
Es hora de que difundamos lo que en común nos une, y una de esas cosas fundamentales que tenemos en común es la idea de que sin auto-gestión no tendremos al hombre libre en quien creemos y a quien queremos. En estos momentos de reestructuración de la Sociedad española, es hora de que todos los que creemos en la autogestión de la clase obrera por encima de todo dogmatismo ideológico y político, nos planteemos juntos la organización autogestionaria de esa clase, sin exclusión ninguna de nadie que noble y abiertamente desee el autogobierno y la autogestión de los marginados.
¿Por qué ha de ser anarquista o cristiano el sindicalismo autogestionario? La gran mayoría de los trabajadores ni son anarquistas ni son cristianos. ¿Por qué les hemos de imponer serlo? Ellos con su actitud vital e ideológica colaborarán con nosotros, y con todos los hombres, si somos capaces de aceptarles y respetarles como son, haciéndonos a los cristianos y a los anarquistas, responder cada día más a los problemas de su vida.
Es hora de poner barreras entre los distintos sectores humanos que intentamos ser autogestionarios. En la medida que antepongamos los diferencial a lo mayoritario que nos une, en esa medida estaremos siendo dogmáticos e inquisitoriales. Dejemos que la vida, la realidad, con su dinámica entusiasmante, nos haga a todos evolucionar en un proceso constante hacia posiciones superadoras, sin imposiciones de ningún tipo.
La autogestión no es exclusiva de ninguna ideología, ni de ninguna iglesia, ni de ninguna organización. Es algo íntimamente del hombre, de todos los hombres, y cuando ante un hecho así intentamos obrar con mentalidad de mercader acaparador y lo hacemos exclusivo nuestro, hemos empezado a ser opresores, a quitarle a los hombres lo que es de todos. Es, en definitiva, tomar esa posición reaccionaria que consiste en acaparar lo que no es suyo, en matar lo del común.
Además de que históricamente la autogestión es patrimonio del mundo del trabajo desde hace siglos, como Periats nos lo recuerda, la situación económica, social, política, cultural y religiosa de la España de hoy no es la del primer tercio de siglo.
Económicamente España es una sociedad neocapitalista. Estimamos que una diferencia fundamental con el capitalismo histórico y el neocapitalismo es el control del proceso científico-técnico que a plano universal realiza ese nuevo monstruo organizativo industrial que es la empresa multinacional.
Socialmente nuestro país es otro. Desde el fenómeno de urbanización y su oponente la desruralización de la sociedad, hasta el de la sustitución de la bicicleta por el coche, el país es diferente.
Políticamente asistimos para 2/3 de los españoles al estreno de la democracia burguesa, hecho que sucede a 40 años de dictadura, y la gran mayoría del país quiere vivir la democracia burguesa, con todos los cambios que la justicia demande, pero dentro de la paz o fuera de los cataclismos.
Culturalmente el sistema de producción exige la escolarización hasta los 16 años, pronto hasta los 18; las universidades han multiplicado sus alumnos por diez y la profesionalización obrera exige cada día mayores conocimientos técnicos.
Religiosamente ha habido un concilio que no fue de oportunismo; los treinta años últimos, en nuestro país, han registrado un cambio tan radical que llevaría a Cipriano Mera a decir que con cristianos así la guerra española no hubiera sucedido.
Es en esta sociedad, que no digo que sea mejor ni peor que la de antes, sino que es distinta, en donde los autogestionarios tenemos que situar nuestra acción.      
Pero es ante estos hechos históricos y, actuales, ante los que se impone la reflexión y el diálogo; diríamos que este se puede centrar sobre los siguientes puntos:
1º) ¿Exigen o no los hechos actuales, el lanzamiento de un sindicato autogestionario por encima de las ideologías parciales, aunque con respeto para todas?
2º) ¿Son sostenibles las premisas apolitizadoras de 1936, a la vista de la experiencia histórica y de la realidad actual, o más bien hay que ir a la instrumentalización de ellas desde el poder específico obrero organizado?
3º) ¿Por qué ha de ser anarquista un sindicato compuesto en su mayoría por no anarquistas? ¿No se obliga con ello a la aparición de un sindicato autogestionario y con ello a una nueva división de la clase obrera?
Estas y otras muchas preguntas hay que despejar antes de que sea tarde; pero sin duda nos unen muchas cosas, todas las que se desprenden de la pura aceptación de la libertad, la justicia, el socialismo y l autogestión. Tenemos el deber, TODOS, de ser consecuentes con ello sin hacer que pague las consecuencias la clase obrera ¿o es que pretendemos que la clase obrera sirva a nuestras ideas y nuestras ideas a la clase obrera?
El problema es histórico; se trata de tomar opción entre AUTOGESTIÓN Y AUTORITARISMO.
Te transcribo, lector amigo, los folios que un día me envió José Peirats.

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