martes, 1 de diciembre de 2015

Carta de Rosa Luxemburgo a Leo Jogiches

Carta de Rosa Luxemburgo a Leo Jogiches, en uno de sus infatigables viajes por toda Europa extendiendo el Ideal

París, 5 de abril de 1894. Jueves noche
Edición de Voz de los sin Voz, donde se recoge esta correspondencia

Mi amor más querido

Aquí estoy en casa (o sea en el hotel), sentada en la mesa y tratando de ponerme a trabajar en la proclama. Querido mío ¡No tengo ganas! La cabeza me duele y me pesa, el barullo y el ruido espantoso de la calle ; esta pieza abominable! Quiero estar contigo ¡No pudo más! Piensa por lo menos dos semanas más, porque este domingo no puedo preparar la conferencia a causa de la proclama; tendré pues que esperar hasta el otro domingo. Además la conferencia rusa, después la visita de Lavrov.

Querido ¿cuándo terminará esto?... comienzo a perder la paciencia, no se trata del trabajo ¡sino únicamente de ti! ¿Por qué no has venido a buscarme aquí? Si te tuviera conmigo...ningún trabajo me asustaría. Hoy en lo de Adolf, en medio de la conversación y de los preparativos de la proclama, sentí de golpe en el alma tanta fatiga y tanta nostalgia de ti que casi grite en voz alta. Tengo miedo de que el antiguo demonio me asalte de pronto el corazón y me conduzca una noche a la estación del Este. Para consolarme imagino el momento en que silbe la locomotora, en que diga hasta pronto a Jadzia y a Adolf, en que el tren por fin se mueva: el momento en que vaya a tu encuentro. Ah Dios mío me parece que toda la cadena de los Alpes se extiende entre mi y ese instante.

Querido cuando esté cerca de Zurich, cuando me estés esperando, cuando por fin descienda del vagón, estarás en la puerta entre la multitud y no podrás venir corriendo hacia mi ¡ pero yo correré a tu encuentro! Pero no nos besaremos enseguida, ni nada, porque eso no haría más que arruinar todo, porque no expresaría nada de nada. Solamente nos apresuraremos para llegar a casa y nos miraremos y nos sonreiremos. Ya en casa... nos sentaremos en el sofá y nos abrazaremos uno al otro... y yo me desharé en lágrimas como ahora.
¡Querido! ya es bastante ¡quiero que termine más rápido! No puedo más mi amor. Por desgracia temiendo en allanamiento destruí por lo que pudiera suceder tus cartas y ya no tengo nada para consolarme!
¡Si supieras lo bien que escribes en polaco! Tu proclama me gusta mucho, salvo algunas palabras. Si ese alcahuete está en Zurich, trata de verlo y de extirparle el maldito nº de LA CAUSA.
Recibí el dinero, los libros y las cartas. Trabajo en la proclama. Cuídate y escribe. Envíame las tarifas de ATENEUM y los recortes que tenía Janek
Besos sinceros


Rosa

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