jueves, 30 de abril de 2015

Helen Keller

Helen Keller
Helen Keller es mucho más conocida por ser una mujer sordociega que supero todo tipo de barreras, que por su compromiso social y político en el movimiento obrero. Helen Keller logró llegar donde nadie jamás habría pensado se podría llegar, y así abrir un mundo de posibilidades a las personas que les falta la vista y el odio. Y sin embargo fu su compromiso con los más oprimidos, con el movimiento obrero, la labor ala que con más fervor se entregó. Por eso Helen Keller es una de las figuras insignes del movimiento obrero. Recientemente unas amigas han presentado un libro con textos inéditos d Keller en español. Una gran aportación para descubrir a esa mujer del movimiento obrero. Desde aquí nuestro agradecimiento al Grupo de Investigación y Acción Helen Keller. A continuación ponemos el prólog del libro, que podéis adquirir en:

Durante siglos, escribir historia ha sido la dedicación favorita de abogados, clérigos, hombres de negocios y gentes de fortuna. Lo normal era que caballeros historiadores escribiesen para caballeros lectores. Y así, la mayoría de éstos tenían como finalidad  agradar a sus monarcas, y para ello daban  fe de los acontecimientos relatados.  Aunque a finales del siglo XIX, el estudio de la historia empezó a profesionalizarse y a ampliarse a  otros círculos sociales, esta tendencia a reproducir con exactitud la mentalidad e ideas de los que pagaban los estudios continuó de manera dramática. Como muestra tenemos a Leopold Von Ranke, el padre de la historia moderna, conservador, enemigo de las libertades individuales y sociales, defendía que la historia debía estar basada objetivamente en hechos, y los hechos reflejados en documentos. Pero como esos documentos los elaboraban y almacenaban fundamentalmente los fuertes, «la historia objetiva basada en datos» tendía a ser la historia vista desde los ojos del poder, conservador, antidemocrático, represivo, asesino
 
Sin embargo, y cada vez más, los últimos de la sociedad han sido muy conscientes de esta realidad de enmascaramiento de la verdad, y se han preocupado por dejar rastros de aquella multitud de hechos, ocultos por los académicos y sabios de cada época, que van conformando la historia y haciéndola avanzar hacia la solidaridad. Gracias a estos millones de vidas sacrificadas podemos hoy conocer un poco de la historia de los pueblos, la historia de la solidaridad.Ahí están las aportaciones hechas ya en el siglo XVII por Zumbi, ese esclavo que huye de una plantación de caña de azúcar en Brasil y funda, con sus compañeros, el llamado Quilombo de los Palmares. Se trata de una sociedad que sigue el modelo de la Utopía de Tomás Moro, una sociedad en lo más profundo de la selva pero que consigue un bienestar muy superior al de los propios colonos portugueses en las plantaciones de la costa. Conocemos a este hombre no porque los estudiosos de prestigio se hayan encargado de investigarlo, sino porque él decidió dejar fuente escrita, en el latín que se esforzó en aprender, de todo lo que los quilombos significaron en la lucha por la libertad.
 
En el siglo XVIII Thomas Paine, inglés, héroe de la revolución americana primero, impulsor de la revolución francesa
después, nos dejó su «Common Sense», una defensa de la libertad de asociación como un bien extraordinario para los empobrecidos de los siglos venideros. Éste, pese a ser uno de los libros más leídos de la historia política, no dejó ni un centavo a su escritor, quien renunció a los derechos de autor de todas sus obras desde el mismo momento de su publicación. Pero la historia de la solidaridad se impulsa en el siglo XIX con la formación y desarrollo del movimientoobrero. Una revolución social, política, económica y de mentalidad realizada por esa clase de personas que no aparecen en los libros de texto, en las explicaciones de profesores y académicos, ni en el aparato cultural dominante.
 
Es un movimiento de hombres y mujeres mayoritariamente anónimos que pusieron el bien común por encima del interés particular. Capaces de sacrificarse en la lucha por la justicia. Lo que estas personas hacen y piensan ha cambiado la cultura y la forma de  entender la historia.Es aquí donde se encuadra Helen Keller y su pequeña gran aportación a la historia de la solidaridad. Suele destacarse de Estados Unidos la política de su gobierno, caracterizada por su militarismo, la defensa de su expansión exterior, el uso de la mentira para convencer a los ciudadanos y el desprecio de normas básicas de respeto a la vida.Pero habría que distinguir entre pueblo y gobierno, que son cosas bien distintas. Estados Unidos tiene una historia riquísima de gente humilde que, organizadamente, intentaron e intentan hacer cumplir el preámbulo de la Constitución de 1787: «Los gobiernos son creaciones artificiales, creadas para servir los intereses del pueblo [...] Cuando cualquier clase de gobierno traiciona el fin para el que fue creado, es deber del pueblo abolirlo».
 
Evidentemente, los Padres Fundadores estaban pensando en Gran Bretaña cuando escribían esto, y no en los blancos pobres, obreros, negros esclavos o libres, indoamericanos, mujeres, niños esclavos... Pero muchas de estas personas en las que no pensaban y a las que no defendían se tomaron esta cita en serio y optaron desde 1787 por la desobediencia civil, entendiendo por ella la resistencia del pueblo a las leyes injustas, así como a aquellos actos de su gobierno considerados inmorales. Helen Keller fue una mujer que se enamoró del socialismo a partir del conocimiento del drama que sufrían los trabajadores, especialmente los industriales, con los que estuvo más en contacto. Le  impresionó mucho conocer barrios obreros en los que llegaban a vivir 45 personas por vivienda (una familia por habitación, y no tenían ni sistema de eliminación de residuos, ni lavabos, ni aire
fresco, ni agua). También fue influyente para ella el conocimiento de la solidaridad obrera entrando en contacto con personas que habían participado en la huelga de Lynn (huelga de zapateros que contó con la ayuda de toda la ciudad, incluidos los tenderos y comerciantes, que proveían de ropa y comida a los huelguistas) y a través de la amistad con militantes obreros, todos ellos socialistas y del Industrial Workers of the World (IWW), sindicato revolucionario con el que Keller cooperó, jugándose algo más que el prestigio.
 
A principios del siglo XX, el movimiento sindical estaba domesticado por el poder económico. Un gran sindicato, el AFL (American Federation of Labor), lo controlaba todo: sus representados tenían trabajos cualificados y buenos sueldos; no eran amigos de la huelga, sino de la concertación con los empresarios; no representaban a los que no estaban afiliados a su sindicato, que eran los que sufrían peores condiciones; no aceptaban a los negros en el sindicato; en definitiva, eran dóciles y un arma de los poderosos para controlar las ansias de justicia de los trabajadores. Ante esta situación los trabajadores necesitaban un cambio radical y empezaron a trabajar por un nuevo tipo de sindicato. Una mañana de 1905 se reunió en un local de Chicago una convención de doscientos socialistas, anarquistas y sindicalistas radicales de toda la geografía de los Estados Unidos. Estaban fundando el IWW. En esa fundación destacaron Big Bill Haywood (un líder de la Federación de Mineros del Oeste), Eugene V. Debs (líder del Partido Socialista) y Madre Mary Jones (mujer de 75 años y organizadora de Mineros Unidos de América). A todos los conoció Helen Keller.
 
Éstos eran contrarios a la discriminación (raza, sexo, habilidades), contrarios a concertar con el empresario, eran militantes y valientes. Y muy importante: el IWW nunca tuvo más de diez mil afiliados a la vez (poquísimo para la extensión del país), pero su energía, su persistencia, lo que inspiraban, su habilidad para movilizar a miles de personas en un lugar y un momento determinado, les hizo tener una influencia que iba mucho más allá. Viajaban por todas partes, pese a estar explotados y muchos en el paro, organizaban, escribían, hablaban, cantaban, y difundían su mensaje
y espíritu.El poder les atacó con todas las armas de que era capaz: los periódicos, los tribunales, la policía, el ejército y la violencia callejera. Las autoridades locales aprobaban leyes para silenciarles. El IWW desafió estas leyes: En Missoula (Montana), área minera y maderera, cientos de ellos llegaron en furgones, después de que a algunos se les hubiera impedido hablar en la calle. Fueron arrestados uno tras otro, hasta que abarrotaron las cárceles y juzgados, y, finalmente, obligaron a la ciudad a revocar su ordenanza anti-discursos.
 
Es sólo un ejemplo. Otros los presenta Keller en sus numerosos artículos en el New York Call, ese extraordinario periódico socialista, base de muchas investigaciones sobre el movimiento obrero estadounidense. Quien quiera saber de la matanza de Ludlow, la huelga de la lana de Lawrence o las huelgas de brazos caídos de los años 30 tendrá en sus escritos y en el IWW una buena fuente.La vida de Helen Keller ya no volvió a ser la misma, de tal manera que la búsqueda de la justicia y equidad fue lo que movió su compromiso en su denuncia de los Rockefeller en las tres primeras
décadas del siglo XX; su oposición a la Primera Guerra Mundial, respetando el acuerdo establecido en la Internacional Socialista y en el IWW; su lucha por la igualdad de mujeres y hombres, negros y blancos, estadounidenses y extranjeros; la denuncia de la especulación financiera que dará lugar al crack del 29; la denuncia del imperialismo que se escondía detrás de la Segunda Guerra Mundial; etc.
 
En definitiva, Helen Keller fue una mujer abierta al mundo, a los problemas del mundo, que fueron ocupando cada vez más espacio en su vida, de ahí que podemos afirmar que a Keller la define mucho más la lucha por la justicia que el papel que le otorgan los libros y cuentos, donde se destaca sólo su promoción personal, con la ayuda de sus asistentes (en especial de Anna Sullivan).Este libro es una buena noticia porque rompe con el modelo de heroína que, de la nada, y gracias a su valía personal y alguna ayuda, sale adelante y se convierte en un líder y modelo de conducta a seguir. Es el cliché que podemos ver en las biografías escolares y para adultos con Rosa Parks, Ruby Bridges, César Chavez, M.L. King, E.D. Nixon, Dorothy Day y con tantos y tantos estadounidenses que vivieron la vida asociada militante, pero son reinterpretados por el poder a través de sus lentes interesadas. En esta obra, por el contrario, queda evidenciada la grandeza de la solidaridad encarnada de quienes en verdad hacen la historia.
¡Ánimo pues!
 
Jorge Bandín Pérez y Magdalena Pérez de  Vallejo
Profesores de Historia y Economía
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario