viernes, 15 de enero de 2016

500 años de utopía

Este años 2016 se cumplen 500 años de la publicación el libro Utopía de Santo Tomás Moro. Precursor del socialismo primigenio (llamado precisamente utópico) y de otras utopías  con las que tanto soñó el movimiento obrero. Veamos algún elemento del autor y de la obra:



La palabra utopía a día de hoy es usada en español, inglés y multitud de otros idiomas para referenciar lugares, sociedades o ideales considerados como inalcanzables. Buscando la etimología de la palabra, tenemos que irnos al griego antiguo, donde utopía significa literalmente no lugar. Entonces, ¿de donde sale la acepción moderna? Eso se lo tenemos que agradecer en exclusiva a una persona y un libro.

I: Thomas More
Thomas More, también conocido por los castellano hablantes como Tomás Moro, nació el 7 de febrero de 1478 en Londres. Desde joven estuvo muy ligado a la iglesia católica, y si bien nunca optó por ordenarse como sacerdote o ingresar como monje en algún monasterio, sí pasó largas temporadas dentro de los monasterios y conventos como laico. Gracias a ello recibió una formación envidiable para la época.
Su educación le permitió ser un humanista, filósofo, político, teólogo, pensador y escritor admirable, y todas esas facetas se juntaron al escribir De optimo rei publicae statu deque nova insula Utopia (Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), un libro en el que habló sobre la Inglaterra de su época, y la comparó con la sociedad que vivía en una isla ficticia a la que dio el nombre de Utopía.
Si bien el nombre de la isla ha trascendido hasta nuestros días como sinónimo de algo perfecto, ideal e inalcanzable, Thomas More nunca lo expresó directamente en su libro. La descripción que hace More de Utopía en la segunda parte del libro es exhaustiva, y aún a día de hoy sigue llamando la atención por los conceptos tan innovadores que tuvo para la época en la que se escribió.

II: Utopía
El origen de la isla de Utopía, a diferencia de todas las islas conocidas en la época, era artificial. El rey Utopo ordenó cavar una fosa con la que dio forma de media luna a la isla. Entonces, dividió la isla en 54 ciudades-estado, nombrando capital a Amaurota. Pero la grandeza del libro no está en la isla en sí, sino en los conceptos innovadores de su sociedad.

En la isla de Utopía no existía el concepto de propiedad privada. Todos los bienes de la comunidad se guardan en almacenes, y la gente va pidiéndolo a medida que los necesita. Además, todo el mundo tiene derecho a una casa, que es igual para todos los habitantes de la isla.

 

Todos los habitantes de la isla, independientemente de su sexo, han trabajar como agricultores en el campo. El resto del tiempo lo dedicarán al trabajo para el que hayan elegido ser formados. Todos los habitantes visten el mismo tipo de ropa, sin ningún tipo de atributo que pueda marcar la más mínima diferencia entre unos y otros.

Cada habitante de la isla podía elegir cuando poner fin a su vida, pudiendo ser ayudado para ello por cualquier otro habitante. El divorcio está permitido, pero no así las relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales, las que son penalizadas con el celibato forzado por el resto de la vida. Los hospitales son gratuitos para todos los habitantes.

 

Cualquier habitante de la isla puede elegir su propia religión, y a qué dios adorar. La única norma relativa a las creencias es respetar las creencias del resto. Incluso el ateísmo está permitido, aunque la sociedad desconfía de él, ya que al no creer en nada después de la muerte, el miedo al castigo eterno no puede pararlos de romper las normas de la comunidad. Incluso todos los habitantes de Utopía comparten los mismos rezos válidos para todos los dioses.

 

El líder era elegido por los habitantes de la isla, aunque sólo pueden votar los hombres mayores de edad. Entre cada 30 familias, eligen a un sifrogrante. Todos los habitantes de una ciudad eligen a cuatro candidatos. De entre estos cuatro candidatos, los 200 sifrograntes de la ciudad eligen al príncipe, que se convertirá de forma vitalicia en el máximo mandatario de la ciudad. El príncipe sólo puede perder su cargo en caso de que se demuestre que es un tirano.
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