miércoles, 6 de agosto de 2014

Pedro Kropotkin contra la eugenesia

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Kropotkin asistió en 1912 en Londres a un congreso sobre eugenesia. El control de la población y la selección de los "mejores individuos" estaba muy en boga por aquellos años como florecimiento de las teorías neomalthiusianas. Aunque teorías de origen burgués, se estaban infiltrando en el movimiento obrero de la mano de intelectuales que poco tenían que que ver con el trabajo manual y poco tenían que ver con la pobreza.  Kropotkin se opuso furibundamente a estas modas. reproducimos el extracto de una carta a un amigo y su intervención de apenas 7 minutos en el citado congreso:


Muy estimado Jean:
(…).
Regresé ayer de Londres, del Congreso de los « eugenistas ». Se habló de la «Esterilización » de los « indeseables », era el colmo, y, entre los ingleses; un odio sordo a los pobres. Si « vejez pudiera », los habrían capado a todos. Tomé la palabra. Hay que decir que algunos, como Loria, el economista italiano, hablaron muy bien contra esta  corriente; pero éramos unos cuantos dentro de la masa de los « esterilizadores »
(…)
Buenos abrazos Pedro

Intervención de Pedro Kropotkin en el congreso sobre eugenesia celebrado en Londres en 1912

Permítanme hacer algunos comentarios: uno sobre las ponencias presentadas por el profesor Loria y el profesor Kellogg, y otro de carácter más general sobre los efectos y las limitaciones de la eugenesia.
En primer lugar debo expresar mi gratitud al profesor Loria y el profesor Kellogg por haber ampliado la discusión sobre la gran cuestión que todos tenemos en el corazón, la prevención del deterioro y la mejora de la raza humana mediante el mantenimiento de la pureza del conjunto común heredado de la humanidad. Tras admitir la posibilidad de una selección artificial en la raza humana, el profesor Loria pregunta: "¿Con qué criterio vamos a hacer la selección?" Tocamos aquí el punto más importante de la eugenesia y de este Congreso. Vine esta mañana con la intención de expresar mi profundo pesar ante el estrecho punto de vista con que se enfoca la eugenesia hasta ahora, con la excepción de nuestras discusiones de todo este vasto dominio en que la eugenesia entra en contacto con la higiene social. Esta excepción ya produjo una impresión desfavorable en una serie pensadores en este país, y me temo que esta impresión se pueda extender a toda la ciencia. Felizmente los dos documentos que acabo de mencionar ampliaron el campo de nuestras discusiones.
Antes de que la ciencia esté capacitada para asesorarnos en cuanto a las medidas que tomar para la mejora de la raza humana, ella debe abarcar primero con sus investigaciones un campo muy amplio. En lugar de esto, se nos pidió que discutiéramos no de los fundamentos de una ciencia que se tienen que elaborar aún, sino de una serie de medidas concretas, algunas de las cuales son de carácter legislativo. Ya se sacaron conclusiones de una ciencia antes de que sus propios elementos se hubieran establecido.
De este modo se nos pidió que sancionáramos, después de un examen muy rápido, los certificados de matrimonio, el maltusianismo, la notificación de determinadas enfermedades contagiosas, y especialmente la esterilización de los individuos que pueden ser considerados como indeseables.
No pierdo de vista las palabras de nuestro presidente, que indicó la necesidad de concentrar nuestra atención en los aspectos hereditarios de esta parte de la higiene social,  pero reafirmo que por consideraciones que soslayan sistemáticamente la influencia del entorno en la validez de lo que se transmite por herencia, el Congreso transmite una idea  completamente falsa a la vez de la genética y la eugenesia. Para utilizar la palabra de moda, corre el riesgo de la "esterilización" de sus propias discusiones. De hecho, semejante separación entre el entorno y la herencia resulta imposible, como acabamos de verlo en la ponencia del profesor Kellogg, que nos ha demostrado cómo es baladí aplicar medidas eugenésicas, cuando algunos agentes activos inmensamente poderosos, como la guerra y la pobreza, obran de consuno para contrarrestar tales medidas.
Otro punto de importancia es el siguiente. La ciencia, es decir, la suma total de la opinión científica, no considera que todo lo que debemos que hacer es alabar esa parte de la naturaleza humana que induce al hombre a tomar el partido de los débiles, y luego actuar en la dirección opuesta. Charles Darwin sabía que los pájaros que suelen traer pescado desde una gran distancia para alimentar a uno de sus compañeros ciegos eran también una parte de la Naturaleza, y, como él nos lo dijo en Descent of Man, semejantes hechos de apoyo mutuo eran el principal elemento de la preservación de la raza, tales hechos de benevolencia nutren el instinto sociable, y sin este instinto ni una sola raza podría sobrevivir en la lucha por la vida contra las fuerzas hostiles de la naturaleza.
Mi tiempo de palabra es corto, por eso sólo voy a tomar una cuestión entre las que vimos: ¿tuvimos alguna discusión seria sobre el informe de la Asociación de criadores norteamericanos, que abogan por la esterilización? ¿Hicimos un análisis serio de las declaraciones vagas de este Informe sobre los efectos fisiológicos y mentales de la esterilización de los débiles mentales y los presos? ¿Se planteó algún tipo de objeciones cuando la esterilización se representó como un poderoso medio disuasorio contra ciertos delitos sexuales? A mi parecer, el profesor McDonnell tenía toda la razón cuando hizo la observación de que era prematuro hablar de esas medidas en el momento en que los mismos criminólogos están llegando a la conclusión de que el criminal es "un producto manufacturado", un producto de la propia sociedad. Él se quedó con los pies en la tierra firme de la ciencia moderna. Presenté en mi libro sobre las cárceles algunos hechos sorprendentes, sacados de mi propia observación atenta de la vida en la cárcel desde dentro,  y yo podría aducir hechos aún más asombrosos para mostrar cómo las aberraciones sexuales, descritas por Krafft Ebing, son a menudo los resultados del universo carcelario, y cómo los gérmenes de ese tipo de criminalidad, de estar presentes en el preso, se vieron siempre agravados con la prisión.
Pero crear o agravar esta suerte de perversión en nuestras cárceles, luego castigarla por medidas predicadas en este Congreso, es sin duda uno de los mayores crímenes. Así se mata cualquier fe en la Justicia, se destruye todo sentimiento de obligación mutua entre la sociedad y el individuo. Se ataca la solidaridad inscrita en la raza, la mejor arma de la raza humana en su lucha por la vida. Antes de conceder a la sociedad el derecho de la esterilización de las personas afectadas por la enfermedad, la debilidad mental, el fracaso en la vida, la epilepsia (de pasada señalo que el escritor ruso que tanto admiran ustedes en este momento, Dostoievski, era un epiléptico), ¿acaso no es nuestro deber sagrado estudiar cuidadosamente las raíces sociales y las causas de estas enfermedades?
Cuando los niños duermen hasta la edad de doce y quince años en la misma habitación que sus padres, exhiben los efectos de los primeros despertares sexuales con todas sus consecuencias. No se puede luchar contra efectos tan ampliamente extendidos por la esterilización. En este mismo momento 100.000 niños necesitan alimentos a consecuencia de un conflicto social. ¿No es el deber de la eugenesia estudiar los efectos de una privación prolongada de alimentos sobre esa generación que fue sometida a semejante calamidad?
Destruyan las villas miseria, construyan viviendas sanas, dicten la abolición de esa promiscuidad entre niños y personas en plena madurez, y no teman, como suele ser el caso, "hacer socialismo", recuerden que para pavimentar las calles, para llevar un suministro de agua para una ciudad, ya eso es lo que se llama "hacer socialismo", y habrán mejorado el plasma germinativo de la próxima generación mucho más de lo que podrían haberlo hecho por una serie de de esterilización. Y ahora, planteadas estas cuestiones, ¿no les parece que el problema de saber quiénes son los ineptos debe necesariamente pasar a ser el primero? ¿Quiénes son, en efecto? ¿Los trabajadores o los ociosos? ¿Las mujeres del pueblo, que amamantan a sus hijos ellas mismas, o las damas que son inaptas para la maternidad porque no pueden seguir todos los deberes de una madre? ¿Quiénes producen degenerados en las villas miseria, o quiénes producen degenerados en palacios?


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