viernes, 22 de agosto de 2014

La Autogestión de lo cotidiano

Por Rodrigo Lastra

A pesar de la avalancha de informaciones catastróficas diarias, las relaciones humanas y la sociedad, sigue funcionando mayoritariamente con elementos autogestionarios, en donde las personas, gracias al común acuerdo libre, gestionan la inmensidad de los asuntos cotidianos. La Autogestión pisa tierra todos los días, a cada momento.  Las relaciones humanas, la sociedad, sigue funcionando mayoritariamente con elementos de autogesión, sin que medien otras instancias superiores,  en donde el elemento central de la relaciones es la confianza, es decir el protagonismo de la persona, y donde no interviene la burocracia, ni el Estado, ni el papeleo.

Las miles de formas en que las madres y padres se organizan cotidianamente con otras madres y padres para llevar, coger, traer... ayudarse unos a otros en la faenas de la educación. Trabajadores que se organizan para ir juntos al trabajo bajo el más simple y eficaz de los principios, llamado buena voluntad. Los miles de gestos de buena voluntad entre trabajadores, vecinos y conciudadanos. El llamado “love money”, por los anglosajones, y que hace referencia ni más ni menos que a las millones de transacciones económicas entre amigos y familiares sin que medie una firma, ni un recibí. Ese dinero que prestamos o nos presta un hermano, la tía sin hijos… a interés cero y plano no-fijo, llamado dinero del amorm ya hay páises como Francia que ha propuesto que también pueda desgravar.

Los gestos de confianza en las pequeñas transacciones de las compras de un barrio, basadas en la confianza mutua... Diariamente se hacen millones de tratos sin que intervengan más que el comprador y el vendedor, o el cliente o usuario y el trabajador. Hablad con un hombre que conozca el comercio, y os dirá que los cambios operados todos los días en los mercados serían de absoluta imposibilidad si no tuvieran por base la con­fianza mutua. La costumbre de cumplir su palabra, el deseo de no perder el crédito, bastan ampliamente para sostener esos negocios. El creciente e imparable ascenso de la economía colaborativa (usuarios que se ponen en común para compartir cosas, simplemente para que salga más barato)…Si esto pasa cuando el enriquecimiento es el principal objetivo, ¿podemos dudar de la fuerza que esto tiene cuando el móvil es la gratuidad?

Podemos mirarlo al revés. Todos sabemos cómo las relaciones humanas se vuelven insufribles cuando la confianza se rompe. La burocracia es el reino de la desconfianza. La autogestión, el protagonismo personal y colectivo (irreconciliable con la burocracia) es el reino de la confianza. Pensemosa cada uno en nuestro trabajo, en nuestro día a día. Yo, como médico, os imaginasi que cada paciente que vea, le tuviera que demostrar mis conocimientos en la materia, enseñarle mis títulos, que les verificará….? ¿Os imaginasi si en cada coche que os montais, tuvierais que verificar si el condutor tiene carnet, si lo tiene en regla y tuvierasi que firmar un dociemtno por si acaso os pasara algo…? La convivencia sería insufrible. El sol sale cada mañan (metafóricamente hablando) porque a pesar de todo la los gestos de confianza, colaboración…. Autogestión son mucho más abundantes

En un libro muy querido por la militancia obrera (la conquista del pan de Kropotkin), el autor afirmaba: La sociedad está llena de instituciones fundadas en el principio de “Tomad lo que necesitéis”. Los museos, las bibliotecas libres, las escuelas gratuitas, las comidas comunes para los niños, los parques y los jardines abiertos para todos, las calles empedradas y alumbradas, libres para todo el mundo; el agua enviada a domicilio y con tendencia general a no tener en cuenta la cantidad consumida. Esas son necesidades personales, y no hay razón alguna para hacer pagar a uno doble que a otro sólo porque sea dos veces más intensa su necesidad.

Cuando acudís a una biblioteca pública -por ejemplo, las de Londres o Berlin-, el bibliotecario no os pregunta qué servicio habéis dado a la sociedad para daros el libro o los cien libros que le pidáis, y si es necesario, os ayuda a buscarlos en el catálogo. Mediante un derecho de entrada único, la sociedad científica abre sus museos, jardines, bibliotecas, laboratorios, a cada uno de sus miembros, ya sea un Darwin o un simple aficionado.

Los marinos de un barco de salvamento no preguntan sus títulos a los marineros de un buque náufrago; lanzan su embarcación, arriesgan su vida entre las olas furibundas, y algunas veces mueren por salvar a unos hombres a quienes no conocen siquiera. ¿Y para qué necesitan conocerlos? “Les hacen falta nuestros servicios, son seres humanos: eso basta, su derecho queda asentado. ¡Salvémoslos!” Que mañana una de nuestras grandes ciudades, tan egoístas en tiempos corrientes, sea visitada por una calamidad cualquiera - por ejemplo, un sitio- y esa misma ciudad decidirá que las primeras necesidades que se han de satisfacer son las de los niños y los viejos, sin informarse de los servicios que hayan prestado o presten a la sociedad;

Es absurdo nombrar algunos hombres y decirles: “Hacednos leyes acerca de todas las manifestaciones de nuestra vida, aunque cada uno de vosotros las ignore” . Cuando grupos diseminados por el mundo quieren llegar hoy a organizarse para un fin cualquiera, no nombran un parlamento internacional de diputados para todo y a quienes se les diga: “Votadnos leyes; las obedeceremos”. Cuando no se pueden entender directamente o por correo, establecen convenciones, congresos, reuniones, envían delegados que conozcan la cuestión especial que va a tratarse, y les dicen: “Procurad poneros de acuerdo acerca de tal asunto, y volved luego no con una ley en el bolsillo, sino con una proposición de acuerdo,”. Las sociedades científicas, dan el ejemplo de soluciones halladas por el libre acuerdo, en vez de por la ley"

A pesar del individualismo que en ocasiones parece asfixiarnos, hay siempre en el conjunto de nuestra vida una parte muy vasta donde no se obra más que por libre acuerdo común, y que es mucho más fácil de lo que se cree. La Solidaridad, que ha movido y mueve la historia, es la historia de millones, de miles de millones de gestos solidarios cotidianos, la historia de la vida entregada en la familia, en el trabajo, en la amistad, de multitud innumerable de gente sencilla. Millones de mujeres y hombres pobres que con su sacrificio permanente a fondo perdido, su trabajo silencioso, su anonimato, han sido el eje vertebrador de nuestra sociedad. 

Es sencillo, y poniendo un ejemplo facilón: Noticia es que una madre abandone a su hijo recién nacido en un contenedor y nos llevarnos las manos a la cabeza y poco menos que renegamos de nuestra especie. Pero noticia no es que ese mismo día cualquiera, millones de madres han despertado a sus hijos, les han dado el mejor desayuno que tengan, les han vestido y amorosamente les han acompañado al colegio

Recordando las palabras e un gran militante:
"Ante la mirada iluminada por la fe se descubre un grandioso panorama: el de tantos y tantos fieles laicos —a menudo inadvertidos o incluso incomprendidos; desconocidos por los grandes de la tierra, pero mirados con amor por el Padre—, hombres y mujeres que, precisamente en la vida y actividades de cada jornada, son los obreros incansables que trabajan en la viña del Señor; son los humildes y grandes artífices —por la potencia de la gracia de Dios, ciertamente— del crecimiento del Reino de Dios en la historia."  Juna Pablo II. Christi Fideles Laici

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