miércoles, 18 de junio de 2014

Otras historias de los mundiales: Sócrates, un futbolista que llevó la autogesión y la democracia al fútbol

Por Rodrigo Lastra



El cromo de Sócrates,
que yo coleccionaba de niño
El primer mundial del que tengo recuerdo claro es el de México 86. Allí por primer vez oí hablar de Sócrates, uno de los mejores jugadores de la selección carioca, y que a la sazón fue quien marcó el gol que daría a Brasil la victoria frente a España en su debut mundialista en la ciudad de Jalisco. Recuerdo nitidamente su imagen en los cromos que con mis 8 años coleccionaba, pues me llamaba mucho la atención. En primer lugar que un jugador brasileño tuviera nombre de filósofo griego, y en segundo lugar su barba y su melena que contenía con unas cintas de pelo en las que ponía diferentes mensajes.

Inicialmente me cayó fatal, pues fue el causante de la derrota de nuestra selección con un 1-0 más que discutido. Pero años más tarde me enteré de por qué su nombre de filósofo, de por que sus cintas de pelo con mensaje y de por que su puño en alto.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, nació el 19 de febrero de 1954 en Belém, estado de Pará, Brasil. El destino le llevó allí desde muy lejos, pues sus padres eran cristianos maronitas, de la ciudad de Kafr Bir’im, hoy llamada Baram, en Israel, muy cerca de la frontera con Líbano. Su familia, de nombre Ghattas, huyó de allí en 1948, cuando toda la población cristiana del lugar fue evacuada por las tropas israelíes. Una nueva vida les esperaba en Brasil.

Su padre era un apasionado de la cultura griega, lector de sus filósofos y dramaturgos. De ahí su nombre, Sócrates, y el de dos de sus hermanos que se llaman Sófocles y Sóstenes. Su hermano pequeño fue también un gran futbolista, Rai (Sao Paulo, PSG), y  además  también es doctor en Filosofía. Cosa rara, combianaron el estudio y la formación recibida y exigida en casa, con los dones naturales que tempranamente ya manifestaban para tocar el balón. A Sócrates, en el mundo del fútbol le llamaban el Doctor, ni más ni menos por que estudió medicina y aunque de manera aislada llegó a ejercer la profesión médica.

Antes de entrar en la facultad de Medicina, Sócrates jugaba con las categorías inferiores del Botafogo. Su padre le tenía prohibido jugar al fútbol y él lo hacía a escondidas. Un día, el padre de Sócrates fue a ver al equipo jugar, y descubrió que para su pesar, su hijo estaba entre los 11 futbolistas, lo cual le valió a Sócrates una bronca. A pesar de todo, y sin dejar sus estudios, debutó como profesional en el Botafogo en 1974. En 1978 llegó al Corinthians de Sao Paulo, donde permaneció hasta 1984. Años que dejarían una huella imborrable.

Abrió las puertas del fútbol al arte y a la política, a la filosofía y a la sociedad, dejando una huella que aún hoy es reconocida por los chicos. Como jugador del Corinthians, junto con otros compañeros protagonizó el movimiento Democracia Corintiana. Se trata de un modelo de autogestión del club, en el que los jugadores y los técnicos tomaban las decisiones de manera consensuada y democrática. Todo ello, por cierto, en plena dictadura militar en Brasil. Todo se discutía y se votaba en el vestuario: desde los horarios de los entrenamientos a las opciones del club.

En 1982, el Corinthians estrenaba presidente: Waldemar Pires, que puso al mando de las decisiones deportivas a Adilson Monteiro Alves, un tipo de mentalidad abierta que abogaba por darle poder a los jugadores. Así, idearon un sistema de funcionamiento en el que todos los empleados del club, desde el mejor jugador al último utillero, tenían un voto que valía igual en las asambleas en las que se tomaba cada decisión del club. Sócrates era la cabeza pensante en el vestuario. Juntos decidían las contrataciones, los salarios, los hábitos del equipo y hasta las horas del entrenamiento. El experimento funcionó: el equipo fue campeón de la liga  en 1982 y 1983. Además, el apoyo del publicista Washington Olivetto hizo que el equipo se posicionara políticamente de una manera muy original: en algunos partidos, llevaban impreso en la camiseta un mensaje político, a favor de la instauración de la democracia en un país que vivía bajo el yugo de una dictadura militar desde 1964. El lema de la Democracia Corinthiana era “ganar o perder, pero siempre con democracia”.

Por esos años, también militó en el clandestino partido de los trabajadores. El partido donde también militaba Lula da Silva, que décadas después llegaría a presidir el gobierno brasileño. Éste le ofreció la cartera ministerial de deportes a Sócrates, a lo que el "doctor" respondió que «No estoy hecho para andar en las instituciones, sigo siendo un rebelde». En palabras de su amigo el escritor Juca Kfouri, Socrates fue «un libertario, el más original de los futbolistas brasileños».

Tras presionar por una elecciones libres, en 1984 tuvo que irse del país, recabando en la Fiorentina de la liga italiana. Preguntado por sus primeras impresiones en Italia, comentaba que se encontraba muy contento de ir al país donde podría leer a Gramsci en su lengua materna.

Años más tarde regresó a Brasil para jugar en el Flamengo de Rio de Janeiro. Entre 1988 y 1989 jugó en el Santos y finalizó su carrera en equipos de segunda fila del Reino Unido. Con la selección brasileña jugó 63 partidos y metió 25 goles. Llegó a disputar dos mundiales, el inolvidable del 82 y el del 86, en México. Futbolísticamente Sócrates era un medio centro ideal por su versatilidad. Sabía ‘leer’ al rival, y tenía capacidad de responder según las características del mismo, cambiar el ritmo, amagar, sorprender al adversario, para crear la perfecta asociación que necesitaban y agradecían los delanteros. Sus partidos preferidos eran los más complicados y era capaz de marcar goles inverosímiles. Su defecto quizás era el de correr poco, aunque la certeza de sus pases mitigaba esta falta. En su palmarés consta haber sido nombrado como mejor jugador sudamericano el año 1983. Lo que le atraía del fútbol era la alegría del juego. Medía 1,92 m de altura , sin embargo calzaba un 37 de pie, quizás sus pases milimétricos y su juego de tacón tengan algo que ver con eso. Tenía un aspecto desaliñado, barba de varios días... lo que le hizo muy popular. Su aspecto bohemio quedó en el recuerdo de los aficionados junto con una excelente generación de futbolistas brasileños que maravillaron en el mundial de España (Zico, Sócrates, Falcao, Eder, Junior…). 

... Y por supuesto sus cintas en el pelo, que siempre llevaban mensajes como “comida para Etiopía”, "Hambre No" “No al apartheid”, "Democracia" "Paz" "Reagan asesino", "Justicia para los pobres"... Veía en esas oportunidades mediáticas que le daba el jugar con la selección, como decía él, la posibilidad de dar voz al pueblo que de otra manera apenas se le escuchaba.

Su vida no fue un camino de rosas. El mismo que defendía en aquella democracia Corintiana grandes ideales, defendía también el que los jugadores pudieran fumar y beber alcohol. Y este, y no otro, sería el enemigo que le derrotó. Tempranamente acabó siendo presa del alcoholismo y como consecuencia de ello, en el año 2011 falleció de de un fallo hepático con apenas 57 años

Hoy, en Brasil, su nombre no ha caído en el olvido y como expresa uno de los jóvenes que han salido a la calle para denunciar las situaciones de injusticia que vive el país,  «en su nombre nos manifestamos el verano pasado contra despilfarros e injusticias con ocasión de la Copa Confederaciones»... y en su nombre se siguen manifestando hoy la juventud brasileña, que aunque por una parte no deje de gustarles el fútbol, no tragan que se hayan construido estadios para que se jueguen 4 partidos y luego no se vayan a volver a usar. Harían falta hoy más jugadores con el doctor Sócrates.


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