martes, 3 de junio de 2014

Monarqía, República y Movimiento Obrero en España

El modelo de  tercera república que muchos reclaman hoy se parece mucho a la segunda que ya tuvimos. Mismos símbolos y similares añoranzas de un régimen, que en contraposición del que vino después,  se presenta como una balsa de tolerancia y libertad. Los años, el contraste con la brutalidad franquista y la labor partidaria de muchos historiadores ha hecho que se difumine buena parte de lo que supuso la II República.
 
Si en algo fracasó esa Republica, es en que apenas tuvo "republicanos" que la defendieran. Media España era monárquica, y gran parte de la otra media, lo que quería no era ni la monarquía ni la república. L que quería era LA REVOLUCIÓN SOCIAL.
 
La fuerza social organizada más  importantes y numerosa que tenía España en la primera mitad de la década de los 30 del pasado siglo era la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). La afiliación a sus sindicatos cuadriplicaba la afiliación al siguiente sindicato más numeroso, la unión General de Trabajadores (UGT), en la que por otra parte también latía un  sector con alma autogestionario. Muy de lejos, la comparación numérica con otras fuerzas de la izquierda burguesa o comunista resulta irrisoriamente  apabullante por su descompensación.
 
La inmensa mayoría de desheredados, de obreros y de parias, aglutinados en torno a sus organizaciones libertarias no alzaron la bandera tricolor republicana, sino la bandera de la REVOLUCIÓN SOCIAL, siendo muy conscientes de que el debate entre monarquía o republica era una trampa para la clase obrera, para que la pirámide social siguiera sin invertirse, cambiando el collar, pero nunca el perro.
 
Y así la mayor fuerza obrera no colaboró con el régimen republicano... y así miles de obreros fueron perseguidos, torturados y asesinado por aquella "Republica de trabajadores", que algunos ponen de modelo
 
Ponemos en este blog un artículo para la reflexión de las candentes noticias de estos días del historiador FELIX RODRIGO MORA

http://esfuerzoyservicio.blogspot.com.es/


ANTE LA ABDICACIÓN DEL REY: NI MONARQUÍA NI REPÚBLICA BURGUESA, REVOLUCIÓN INTEGRAL
La abdicación del rey ha originado una ola de rumores, especulaciones y análisis, buena parte de ellos faltos de contención y rigor, cuando no abiertamente fantasiosos o disparatados, sobre el futuro político.
        
En realidad estamos ante un acontecimiento de escasa importancia, que organiza la sustitución de un miembro de la familia Borbón por otro en la jefatura del Estado. Eso puede hacerse manteniendo la Constitución actual, de 1978, o abriendo un proceso constituyente para elaborar otra, de naturaleza igualmente monárquica. Ésta es la alternativa más probable, y la deseada por la derecha.
        
La izquierda, menos el PSOE, reclama un referéndum para decidir entre monarquía y república, esto es, para ofrecer como nueva forma política del Estado la república burguesa, una actualización de la de 1931. Se busca instaurar la III república española con un referéndum y, luego, un proceso constituyente que promulgue una constitución republicana.
        
Ambas políticas, en esencia, son la misma. En efecto, en nada importante se diferencia una monarquía burguesa de una república burguesa, del mismo modo que en nada sustantivo difieren la derecha y la izquierda. Monarquía y república comparten el capitalismo, y sirven al ente estatal. Con ambas las estructuras de dominación se mantienen y refuerzan.
        
La II república española, en 1931-1936, reprimió muy duramente a las clases trabajadoras, ocasionando matanzas como las de Sevilla, Arnedo, Pasaia, Casas Viejas, Villa de don Fadrique, Asturias, Yeste (ésta con el Frente Popular) y cientos más. En Francia la III República reprimió con furor la Comuna de París, el gran alzamiento proletario y popular de 1871, con 25.000 muertos. Quienes crean ilusiones sobre que un régimen republicano será un cambio real, positivo, están engañando y manipulado al pueblo/pueblos.
        
Hay que rechazar cualquier solución parlamentarista y partitocrática, al ser todas ellas falsas democracias, en realidad formas de dictadura política, las de tipo republicano igual que las de naturaleza monárquica. Hay que repudiar las formulaciones sobre iniciar un proceso constituyente, que llevaría a la octava constitución española (siendo la primera la de 1812, tan funesta), lo que otorgaría continuidad al orden constituido.          
        
La propuesta es la idea, proyecto y programa de la revolución integral. Su esencia reside en una remoción total de las estructuras económicas, políticas, mediáticas, neo-patriarcales y educacionales, creando una sociedad libre, sin clase empresarial ni aparato estatal, autogobernada por asambleas y autogestionada, en la que exista libertad de conciencia, donde el sujeto sea libre para ser y autoconstruirse, con ética, valores, estética, erótica y metas, o fines, específicamente humanos.
        
Quienes arguyen que, dado que ahora no es posible realizar la revolución integral como “mal menor”, hay que respaldar el proyecto republicano burgués se equivocan. Aunque es cierto que hoy, ni de lejos, se da una situación revolucionaria, la manera de aproximarse a ella es precisamente realizando la crítica de las falsas soluciones, otorgando a la verdad concreta la primacía que ha de tener en política.
        
Y la verdad es que en Europa no son mejores ni peores los países con república (Francia, Italia, Grecia, Irlanda, Portugal, etc.) que los que tienen monarquía (Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, Noruega, etc.). En los dos bloques domina igualmente el capitalismo, ambos están en esa estructura imperialista que es la Unión Europea y en ambos se desarrollan mega-Estados, cada día más policiales y totalitarios, más entrometidos, liberticidas y negadores de la persona.

En consecuencia, ante la maniobra de recomposición y renovación de la monarquía borbónica la propuesta popular ha de ser la revolución integral, no la III república española.

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