lunes, 21 de abril de 2014

LA HISTORIA DE LOS DÉBILES


"La historia es la memoria de los estados", escribió Henry Kissinger en su primer libro, A World Restored, en el que se dedicó a contar la historia de la Europa del siglo diecinueve desde el punto de vista dE los líderes de Austria e Inglaterra, ignorando a los millones que sufrieron las políticas de sus estadistas. Desde su punto de vista, la "paz" que tenía Europa antes de la Revolución Francesa quedó "restaurada" por la diplomacia de unos pocos líderes nacionales. Pero para los obreros industriales de Inglaterra, para los campesinos de Francia, para la gente de color en Asia y África, para las mujeres y los niños de todo el mundo -salvo los de clase acomodada- era un mundo de conquistas, violencia, hambre, explotación -un mundo no restaurado, sino desintegrado.

Mi punto de vista, al contar la historia de los Estados Unidos, es diferente: no debemos aceptar la memoria de los estados como cosa propia. Las naciones no son comunidades y nunca lo fueron. La historia de cualquier país, si se presenta como si fuera la de una familia, disimula terribles conflictos de intereses (algo explosivo, casi siempre reprimido) entre conquistadores y conquistados, amos y esclavos, capitalistas y trabajadores, dominadores y dominados por razones de raza y sexo. Y en un mundo de conflictos, en un mundo de víctimas y verdugos, la tarea de la gente pensante debe ser - como sugirió Albert Camus- no situarse en el bando de los verdugos.


Howard Zinn. La otra historia de los Estados Unidos. 2005

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