miércoles, 2 de octubre de 2013

EL ROSTRO DE LOS INVISIBLES


 
El Museo Reina Sofía dedica una completa retrospectiva a Chris Killip, figura fundamental de la fotografía de posguerra
 
"Recogiendo carbón marino". Killip
Se ve a sí mismo como un historiador («en el momento en que haces una foto sitúas aquello que retratas en el pasado; ya no existe»), aunque es consciente de que la Historia casi nunca se escribe desde el punto de vista de aquellos que la padecieron. Y son esos precisamente los protagonistas del trabajo de Chris Killip (nacido en 1946 en la Isla de Man, un territorio autónomo, pero dependiente del Reino Unido, situado en medio del Mar de Irlanda). Es uno de los grandes fotógrafos de la posguerra, a quien el Museo Reina Sofía, en colaboración con el Museum Folkwang de Essen (Alemania), dedica una amplia retrospectiva, que puede visitarse hasta el 24 de febrero. Aunque abarca de 1968 a 2004, son sus instantáneas de los años 70 y 80 las que aguantan el peso de la muestra.

Gente corriente

A Killip le interesa la gente corriente, los obreros que ven cómo se desmorona ante sus ojos esa Inglaterra industrializada, que asisten atónitos a grandes cambios sociales y malviven en una situación muy precaria. Con excepción del escritor Martin Amis, que posa para él en un retrato con un look muy ochentero, sus modelos no son conocidos. Son marginados, excluidos sociales, invisibles para el común de los mortales. Killip, que siente una gran empatía con ellos, amén de una aguda capacidad de observación, les pone rostro: un viejo líder sindical, veterano de la guerra de Vietnam; un joven pescador, mineros en plena faena, el carnicero y el panadero del pueblo...

Esos son sus héroes anónimos. A muchos de ellos los conoció en algún pub del norte de Inglaterra (él mismo nació en uno y trabajó como camarero en el que regentaba su padre); allí le contaron, entre trago y trago, sus tremendas historias, que él narra con su cámara. También con sus palabras: en la conversación no tarda en salir su vena de profesor de Fotografía en la Universidad de Harvard. Killip se arrima a las personas que retrata, las conoce, entabla una relación con ellas. No es de los que dispara... y listo. Se implica. Y eso se aprecia en sus imágenes, todas en un riguroso blanco y negro.

Fotografía documental

En la estela de la mejor fotografía documental y social (Strand, Evans, Brandt, Sander, Frank o Cartier-Bresson), Chris Killip es testigo de un tiempo que se esfuma –se desmantelan minas de carbón, acerías, astilleros– en lugares recónditos como Skinningrove, un pequeño, rebelde, terco y aislado pueblo pesquero que le sedujo poderosamente por los valores de sus habitantes: se resistían a perder su identidad y convertirse en un destino turístico más. O Lynemouth, un pueblo cerca de Newcastle que contaba con una mina de carbón en la orilla del mar y que dio origen a su serie «Carbón marino». Precisamente, uno de sus trabajos más conocidos, y que está presente en la exposición, fue el que hizo sobre la huelga de mineros del carbón en 1984, que aplastó con férrea mano Margaret Thatcher.

Con estas imágenes –de una gran sensibilidad y con un lenguaje visual poco dramático–, Chris Killip rescata del olvido a todas esas gentes, les da una dignidad que les había sido arrebatada. Años después, ha regresado a aquellos lugares, pero ya no queda ni rastro de la Inglaterra industrializada:«Ya no se pesca en aquel pueblo pesquero, ha perdido toda su energía. No sabía que todo eso acabaría tan pronto, pero me alegro de haberlo documentado». En fotografía, dicen, ves o no ves. Pero Killip cree que también se aprende mucho trabajando día a día, tratando de conocer lo insondable de las personas, aquello que nunca llegas a conocer de ellas.

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