jueves, 12 de septiembre de 2013

Simone Weil: a los 70 años de su muerte

Por Rodrigo Lastra

Buscadora de la verdad entre los obreros 

Simone Adolphine Weil nace en París el 3 de febrero de 1909 en una familia acomodada de origen hebreo. De joven, Simone se interesaba mucho por la política, compraba todos los días el periódico del que le estando interesad desde muy joven por todo lo relacionado con la cuestión social. En los años de la I Guerra Mundial manifiesta ya Simone una acentuada sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno y las duras e injustas condiciones de vida de otras personas, y se obliga a pequeños sacrificios para compartir esa suerte. En 1925 comenzó el bachillerato superior y los estudio de filosofía,  en los que Simone embarcó su vida. Por aquellos años Colaboraba dando clases en una escuela a trabajadores y empieza a conocer el mundo sindical.

Esa sensibilidad por buscar la verdad en los que sufren, la llevarán a reflexionar en torno a Dios; Simone manifestaba una gran simpatía por el cristianismo y especialmente por el catolicismo. Se plantó los dogmas del catolicismo con seriedad y sensibilidad. Reprochó a sus profesores el no partir del sufrimiento como fuente de conocimiento de Dios.

En el verano de 1927, con 18 años, se fue a trabajar a una granja donde experimentó las fatigas de la vida del campesino. Esta experiencia (y otras en la mina) la repetirá a lo largo de su vida. Mantuvo una actividad muy intensa en política, preocupándose de los parados, los emigrantes, los obreros. Siempre preocupada por rescatar la dignidad de estas personas, una dignidad rota por el asistencialismo y la opresión en la que vivían.

Su formación intelectual era importante pero no menos el trabajo con sus manos. Con respecto a los intelectuales, Simone creía que eran unos privilegiados por haber podido acceder a estos conocimientos y por lo tanto debían devolverlos al pueblo, no dirigiéndolo sino poniéndose a su servicio. Se opuso, pues, a los privilegios de los intelectuales; ella misma renunció a desempeñar un papel importante en la vida. Su deseo era únicamente ponerse al servicio de las organizaciones obreras.

En 1928 fue enviada como profesora a Le Puy. Desde allí, además de impartir clases de filosofía en el liceo femenino, continuo su participación en actividades sindicales, incluida la organización de cursos para trabajadores. En el verano de 1934 tomó la decisión de pedir un año de excedencia para entrar a trabajar en una fábrica. Esperaba que, sumergida en la miseria de los obreros, vería con más claridad estas cuestiones. Experimentó el trabajo en cadena en la fábrica, pero la echaron y se encontró de nuevo en paro; esta vez tardó más en encontrar un nuevo contrato. No ganaba nada y pronto empezaron los problemas económicos. Tras esta experiencia aumentó su visión crítica de sindicatos y partidos, considerando huecas tanto la palabra revolución como reformismo. Ya no confiaba en los revolucionarios profesionales.

En 1936 acude a España, durante la Guerra Civil, donde entra como corresponsal de guerra y se une a los anarquistas. Un accidente le obliga a abandonar el frente. La manipulación de la minoría comunista sobre los obreros defraudó sus esperanzas. A pesar de eso, su actividad sindical era intensa. Simone decidió disponer para sus propias necesidades sólo de la fracción de su salario equivalente al sueldo que pudiera corresponder a un maestro al principio del ejercicio de su profesión. Esto le auguraba una vida no precisamente confortable; pensando que los parados no podían calentarse, decidió no calentar su habitación. Sólo encendía el fuego en su habitación cuando venían amigos a verla. Para Simone el acceso de los trabajadores al conocimiento y a la cultura era la condición decisiva, entre las necesarias, para una verdadera revolución.

En 1938, Simone pasó la Semana Santa con su madre en la abadía de Solesmes. Quería escuchar canto gregoriano y asistir a la liturgia católica. Las jaquecas que le acompañaron toda la vida, eran en estos momentos más intensas que nunca. En el transcurso de estos oficios, el pensamiento de la pasión de Cristo entró en mí de una vez y para siempre (...) Cristo mismo descendió y me tomó. Comenzó una lectura intensa de los griegos, de los textos de la Biblia y de los místicos... Experiencias que ya le marcará hasta el final de sus días.

 De 1940 a 1943 fue la etapa de su vida de mayor productividad intelectual a pesar de las circunstancias adversas y cambiantes que el período de guerra trae para ella y su familia. Abandonó París junto a sus padres. Después de la partida, estuvo en Casablanca en un campo de refugiados. Finalmente Nueva York, donde durante cuatro meses su único propósito fue volver a Inglaterra para unirse a la Francia libre y quizá... pasar a su país. Trabajó hasta el agotamiento en tareas de información vinculadas a la resistencia. Mantuvo el hábito de dormir en el suelo, su alimentación se redujo a parte de los cupones de racionamiento... El sufrimiento físico, personal y moral, además de la tuberculosis, la vencieron.
El 24 de agosto de 1943 murió. Simone llevó la búsqueda de la verdad a su vida cotidiana, buscó la verdad partiendo de los que más sufren, que en aquella Europa que le tocó vivir fueron los obreros y campesinos. Esto le llevó a un camino de "abajamiento", de estar con los últimos haciéndose una última que también la llevarían a encontrarse con el Pobre de Nazaret. 

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