martes, 30 de julio de 2013

NACIONALISMO e INTERNACIONALISMO del movimiento obrero anterior a 1914

 
INTERNACIONALISMO OBRERO
Fuese cual fuere la naturaleza del nacionalismo que empezó a destacar en los cincuenta años que precedieron a 1914, parece que todas sus versiones tenían algo en común: el rechazo de los nuevos movimientos socialistas proletarios, no sólo porque eran proletarios, sino también por ser consciente y militantemente internacionalistas o, como mínimo, no nacionalistas. Nada parece más lógico, pues, que ver la atracción del nacionalismo y la del socialismo como mutuamente exclusivas, y el avance de una de ellas como equivalente al retroceso de la otra. Y el punto de vista aceptado entre los historiadores es, de hecho, que en este período el nacionalismo de masas triunfó frente a las ideologías rivales, en especial el socialismo de base clasista, como demostró el estallido de la guerra en 1914, que reveló la falta de contenido del internacionalismo socialista y como demostró también el aplastante triunfo del «principio de nacionalidad» en los acuerdos de paz que se firmaron después de 1918
ERIC  HOBSBAWM. Nación y nacionalismo desde 1870. Crítica. Barcelona. 1990.Pág. 97, 132.
 
NACIONALISMO Y CLASE OBRERA
Las clases trabajadoras, raramente eran propensas a apasionarse por la lengua
Las clases trabajadoras, como hemos visto, raramente eran propensas a apasionarse por la lengua como tal, aunque podía ser un símbolo para otros tipos de fricción entre grupos. Que la mayoría de los trabajadores de Gante y Amberes ni siquiera pudieran comunicarse sin traducción con sus camaradas de Lieja y Charleroi no impidió que ambos grupos formaran un solo movimiento obrero, en el cual la lengua causó tan pocos problemas, que una obra clásica sobre el socialismo en Bélgica en 1903 ni tan sólo hizo referencia a la cuestión flamenca: situación inconcebible hoy día
ERIC  HOBSBAWM. Nación y nacionalismo desde 1870. Crítica. Barcelona. 1990.Pág. 126.

 
ANARQUISMO Y CATALANISMO
El catalanismo seguía perteneciendo principalmente a las clases medias locales, a próceres  de provincias y a intelectuales, pues la clase trabajadora militante y predominantemente anarquista, tanto la catalana como la formada por inmigrantes, seguía mirando el nacionalismo con suspicacia por motivos clasistas. La literatura del movimiento anarquista se publicaba consciente y deliberadamente en castellano.
ERIC  HOBSBAWM. Nación y nacionalismo desde 1870. Crítica. Barcelona. 1990.Pág. 149.

No hay comentarios:

Publicar un comentario