viernes, 12 de julio de 2013

CONVENIO COLECTIVO Y REFORMA LABORAL conquistas de ayer, cuestionadas hoy.


Por Rodrigo Lastra


Más de 1.300 convenios colectivos dejan de estar vigentes por la reforma laboral.
El lunes, 8 de julio, terminó en muchos sectores el plazo fijado por la reforma laboral para acordar un nuevo convenio. Según la reforma laboral, estos trabajadores pasan a regirse por un convenio de ámbito superior (provincial, autonómico o estatal) o, en su defecto, por el Estatuto de los Trabajadores (que fija las condiciones mínimas). Ninguna empresa ha declarado todavía su intención de que esto suceda, por lo que podrían estar utilizando la incertidumbre actual como una forma de presión para que los sindicatos acepten las condiciones laborales que les ofrecen, según han venido anunciando organizaciones sindicales.Las empresas podrían interpretar esta situación como una posibilidad para mermar las condiciones laborales de sus empleados, pasando a considerar válido el convenio de ámbito superior, probablemente peor para los trabajadores.

Esto es consecuencia de la reforma laboral aprobada en España en 2012, que entre sus objetivos figuraba dinamitar cuestiones troncales de las relaciones laborales como el derecho, (reconocido en la Constitución) a negociar colectivamente. Conquistas fundamentales logradas hace más de 100 años y que costaron mucho sudor y mucho sufrimiento a los pobres y desheredados.

Negociación individual o negociación colectiva
El lema de la primera huelga general celebrada en España en 1855 fue «asociación o muerte», exigiendo la libertad de asociación, ante la prohibición que para el asociacionismo proletario había impuesto el Capitán General de Cataluña. En naciente movimiento obrero español tuvo el derecho de asociación como una de sus primeras reivindicaciones. El deseo de liberalismo siempre fue el de negociar las condiciones laborales personalmente con cada trabajador, amparándose en un falso concepto de libertad. Extraño concepto de libertad en el que el más fuerte quiere competir con el más débil en ¿igualdad de condiciones?. Libertad de la zorra libre en el gallinero libre, diría Rosa Luxemburgo. Frente a esto, los desheredados fueron rápidamente conscientes que el estar asociados era una cuestión de vida o muerte: ¡¡Asociación o muerte!! gritaban las pancartas de aquella primera huelga general. Asociación para poder constituir jurados, comisiones que negociaran colectivamente con los industriales. Asociación para sostenerse en las mil y una penurias a las que se veían sometidos a diario (enfermedades, paro, viudedades...). Asociación para elevarse material, moral y espiritualmente mediante el desarrollo cultural por encima del fango en forma de analfabetismo, miseria, violencia y evasión a las que el nuevo sistema económico y político les había condenado a vivir. Era tan vital la reivindicación del derecho de asociación, que fue la primera gran demanda del naciente movimiento obrero, anterior incluso a las demandas por la reducción de la jornada laboral, o las demandas por las mejoras de las condiciones de trabajo. Poder asociarse, poder negociar como fuerza colectiva del trabajo era lo primero, Luego vendrían el resto de luchas.

De esas luchas nació la negociación colectiva como forma de pactar de igual a igual con el empresariado las condiciones laborales, hasta hacerse un derecho constitucional. Así lo recoge la Constitución española de 1978 en su artículo 37.1. Hoy en día también se quiere cuestionar esto, y la reciente reforma laboral aprobada en España, en la medida que da prioridad a los convenios de empresa frente a los convenios de sector, se carga de facto la fuerza de la negociación colectiva. Dicha negociación, con todas las limitaciones que le queramos poner, surgió entre otras cosas para que los trabajadores más débiles, que en la medida que se adscribían a un sector que negociaba colectivamente, se beneficiaben al menos de las mínimas condiciones pactadas en dichos convenios. Cuántos trabajadores en nuestro país cobran más que el salario mínimo simplemente por que existen convenios colectivos. Desmantelar el convenio colectivo supondrá la generalización del salario mínimo y el empeoramiento de las condiciones de trabajo. De nuevo aquel viejo sueño del liberalismo: Negociar la empresa con cada trabajador individualmente: Libertad del zorra libre en el gallinero libre.

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