martes, 12 de marzo de 2013

Trabajo, maravilloso poder del ser humano: SOFOCLES


 
En Antigona , Sofocles loa, en imágenes y en términos sin par, el genio, el arte y la industria de los hombres. En el pasaje siguiente, el lector vera que la Humanidad no ha esperado el advenimiento de Carlos Marx para ser consciente de su destino y del poder del trabajo.

Los motivos de asombro admirativo son innumerables, pero ningu­no mas grande que el hombre. A través del mar embravecido, por encima de las tumultuosas olas, el hombre avanza al soplo de las tempestades. Año tras año, la divinidad suprema, la Tierra inmortal, es fatigada por el hom­bre con su tiro de caballos, bajo el ir y venir de los arados. Apresa y se lleva a los pájaros de cabeza ligera, coge en las mallas de su red a la estirpe de las bestial feroces y a la raza de los animales marinos; el hombre tiene el espíritu fértil. Domina por sus propios medios a la bestia que corre por las mesetas de la montan a, e impone a las trines del caballo la estrechez del yugo, así como al poderoso toro de las monta­nas Ni el lenguaje, ni el soplo del espíritu, ni el genio de la ciudad han escapado a su presa; sabe también del amparo contra los rigores del hielo y de la lluvia, porque tiene respuesta para todo, y avanza, bien armado, hacia el porvenir. Solo a la Muerte no podrá vencer, pero ya ha hallado remedio para algunas enfermedades incurables.


Creador de los oficios, el hombre posee un maravilloso poder que lo conduce ora hacia el bien ora hacia el mal. Cuando es el buen obrero que entreteje las costumbres del país y las leyes de los dioses a las cuales ha prestado juramento, entonces es un verdadero jefe. Pero que arrojen fuera de las murallas al que se complace en el mal para servir a su desmesura. Que este negador evite mi hogar, que deje de hablarme de comunidad.

Antigona , Sofocles

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