jueves, 28 de marzo de 2013

ANARQUISMO Y CONTROL DE LA NATALIDAD


El rechazo inicial a las propuestas sobre control de natalidad entre los anarquistas obedece, fundamentalmente, a la influencia de Kropotkin y su creencia en el carácter ilimitado de los recursos naturales.

Montseny, aunque no intentó boicotear la legalización del aborto, siem­pre se manifestó contraria a su práctica y defensora -como su padre, Federico Urales (Joan Montseny) -de una moral sexual más bien "tradicional")

Mateo Rello. Solidaridad Obrera. Monográfico Centenario. 2007.


Una de las preocupaciones de los opositores libertarios (y marxistas) del neomalthusianimso, que calificarían la doctrina como reformista, era que, lógicamente, traería al mundo menos proletarios, lo cual haría que la revolución social , que necesitaba la acción de las masas, tendría menos posibilidades de éxito. Tanto algunos socialsitas franceses, como los marxistas Clara Zatkin y Rosa Luxemburg, se oponían al uso de los métodos anticonceptivos y neomalthusianos por esta razón.. Lo mismo hizo también uno de los fundadoders de la prestigiosa revista anarquista española La revista Blanca, Federico Urales. De esta manera, tanto nacional como internacionalmente, a pesar de las diferencias entre el marxismo y el anarquismo, se erigieron corrientes bastante potentes que marcaban sus diferencias con el control de la natalidad del neomalthusianismo.

Richard Cleminson. Anarquismo y sexualidad. Universidad de Cadiz. Cadiz. 2008.

(Sobre Rosa Luxemburgo y su oposición a los medios anticonceptivos,se puede consultar Felicia Gordon, The integral Feminist: Madeleine Pelletier, 1874-1939, policy, Cambridge, 1990, 112.


El Dr. Felix Martí dedicó gran parte de su trabajo a predicar el amor libre en prensa anarquista, pero en plena guerra civil se dirigía a los milicianos de esta forma: “¡Trabajadores! Os habla un hombre que dedicó todos sus años de lucha, que se jugó su nombre, su profesión y su libertad por implantar la cultura sexual y una libertad amorosa. Nunca como en esta ocasión adquirió prestancia de salvamento la castidad. Fijaos bien, trabajadores, no la castidad hipócrita y antibiologica que predicaban los fariseos del fascismo, sino esa otra noble y fecunda castidad. La castidad del miliciano que convierte su energía sexual en impulso de lucha: en labor por el Ideal, que sublima sus instintos sexuales y los tronca en ardor combativo o en afán creador” 

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