jueves, 21 de febrero de 2013

COLECTIVIDADES ESPAÑOLAS: Experiencia de autogestión obrera


Muchos son los autores que han tocado el tema de nuestras colectivizaciones y comunas en nuestra guerra civil. Pero aún sigue fal­tando el libro que lo trate con verdadero rigor científico y con la expansión y profundidad necesarias como para que se pueda esta­blecer una conciencia comían sobre este he­cho,. Nosotros nos atenemos a decir que ha sido una de las grandes aportaciones a la demos­tración práctica de las posibilidades obre­ras. Para cualquier trabajador español, debe ser la respuesta contundente, la que no le deje duda alguna, de que la autogestión es po­sible.



Hay millones de libros sobre nuestra gue­rra, unos más y otros menos rigurosos; en muchos de ellos se habla de las colectividades, forma concreta de autogestión, pero no se ha tratado el tema con el rigor científico necesario. Muchos aspectos parciales de la guerra han merecido la atención de los autores. Poesía, novela, biografías, historia de las batallas, de los distintos partidos y organizaciones, etc., ya han sido escritas, ¿porqué" no el de la autogestión obrera? No nos cabe duda de que no ha sido por falta de importancia. Más bien creemos que la causa ha sido y es, los intereses que la autogestión destruye, que pasan por las granes oligarquías económicas y continúan por las políticas, tanto de derecha como de izquierda. Son esos, los que tienen que perder, los que han impedido e impiden que se haga.

Frente a esos intereses innobles nos si­tuamos. Esperamos que estas páginas de Gómez Casas sirvan de acusación a ellos y a una intelectualidad que tampoco tiene en cuenta las creaciones del pueblo y se refugian en todos los autoritarismos dirigistas que le permi­ten seguir defendiendo sus posiciones privi­legiadas. Si, esperamos que las páginas que van a continuación sean de acusación para ellos y de esperanza para los que no tienen otro camino de liberación que el de la auto­gestión. De estas últimas esperamos que unan su esfuerzo al nuestro para que la autogestión sea un hecho en nuestra realidad.

Julián Gomez del Castillo. Introdcción al libro de J. GOMEZ CASAS. Autogestión en España. 1976

En Aragón abundaba el campesino pobre y el peón agrícola. Para el primero, hacer fructificar" la mísera parcela suponía en muchos casos un gran sacrificio. Por otra parte, toda la re­gión estaba trabajada por la propaganda 1ibertaria. De manera que la colectivización m extendió con facilidad, sin que esto quiera decir que no hubiera en algunos casos violencia contra personas, lo que sería insólito en una revolución. El Consejo de Aragón fue en este caso una primera entidad coordinadora de la estructura colectivista. Este organis­mo quedó reconocido en diciembre de 1936 por el gobierno Caballero, ampliándose en repre­sentaciones del Frente Popular.

El Congreso colectivista de Caspe, febre­ro de 1937, creó una federación de colectividades, encargada de planificar y coordinarla actividad agrícola a escala regional. Asis­tieron más de cuatrocientas cincuenta colec­tividades, con cerca de medio millón de co­lectivistas.

>^- La organización interna de las colectivi­dades no difiere mucho en Aragón de los módulos de Levante, Centro y el resto de España. La mayoría de los especialistas apenas disiente sobre los hechos fundamentales. En Aragón la colectividad solía confundirse con el municipio. Guerin aporta una versión arquetípica: "Para la administración económica, la asamblea general de campesinos elegía en cada villa un comité de gestión. Exceptuando el secretario, todos los miembros continuaban trabajaban manualmente. Obligatoriedad en el trabajo para los hombre entre los dieciocho y se sesenta años. Los grupos de trabajo estaban integrados por diez hombres, con un delegado. A cada grupo se adjudicaba una zona de cultivo o una función, y para ello se tenía en cuen­ta la naturaleza del trabajo y la edad de los miembros del grupo. En cuanto a la administración local, la comuna convocaba a los ha­bitantes en asamblea general de distrito pa­ra rendir cuentas de la gestión realizada. Véase que se trata de la comuna prevista por los anarquistas en el comunismo libertario. Se inscriben en ella las funciones económicas y las de administración pública."

En la distribución de los productos se pusieron en práctica diversos sistemas, aunque lo más frecuente era que la remuneración por trabajo tuviera en cuenta las necesidades de los miembros de la familia. Cada cabeza de familia recibía diariamente, a título de jornal, un bono por determinado número de pese­tas, que podían cambiarse por bienes de con­sumo en los almacenes comunales. El saldo consumido quedaba adscrito, en pesetas, aura cuenta de reserva individual. A cuenta de es te salario se podía percibir dinero para gas tos menudos en calidad limitada. El aloja­miento, la electricidad, los cuidados médi­cos, los productos farmacéuticos, la asistencia a los ancianos, etc.: eran gratuitos, lo mismo que la escuela, obligatoria para los niños menores de 14 años, a quienes el trabajo manual estaba vedado. (...)

J. GOMEZ CASAS. Autogestión en España. 1976. 35

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