miércoles, 9 de enero de 2013

VIVIENDA Y MOVIMIENTO OBRERO: Planteamiento históricos de los pobres al problema de la vivienda

Raquel Martínez y Rodrigo Lastra
 
Derecho a la propiedad de los desposeidos… no derecho de los propietarios
Una de las grandezas de la conciencia histórica es que no existe problema humano que no haya sido planteado con anterioridad. No hay problema al que nuestros antecesores no le hayan dado respuesta, unas veces acertada y otras equivocadamente. Lo mismo sucede con la vivienda y el urbanismo. Así, en la lucha de los pobres asociados, que fue el movimiento obrero, hubo fortísimos debates sobre si todos debían ser propietarios o no. Una gran corriente dentro del socialismo defendía la propiedad privada familiar como respuesta. Tenemos, por ejemplo, como entre los principios de la principal cooperativa de viviendas socialistas, la cooperativa de casas baratas “Pablo Iglesias”, defendían lo siguiente:
1. Propiedad privada-familiar de la vivienda como único medio de afrontar: la ausencia de salubridad, la especulación provocada por la escasez y el capitalismo opresor del casero. Los obreros lo  razonaban porque:
a) La propiedad es natural. La vivienda es expresión propia de las familias, (nunca se proyectaron viviendas para solteros) b) El valor es el  “valor de uso”. No se puede tener más de una vivienda. c) Genera riqueza, pues el pago durante hasta 30 años evitaba perder la riqueza familiar. d) Capacidad educativa de la propiedad. e) Esta “familiarización”, frente a “estatalización” no afectaba al suelo que sería de la cooperativa.
 
2. Acceso a la propiedad mediante el cooperativismo. Este es el sistema socialista; formula económica del futuro excepto para los servicios públicos. Al Estado se le pedía: a) Medidas de ayuda. Primas a la construcción, facilidades de crédito. b) Medidas de intervención. Expropiaciones, control de tarifas de arquitectos, notarios, registradores. Quería que el Estado redujese su intervención.
 
La “Pablo Iglesias”, juntamente con las minas asturianas de S. Vicente, propiedad del Sindicato Minero Asturiano, con la cooperativa de maquinas de coser “alfa” de Eibar, con la Cooperativa Socialista Madrileña y con la Gráfica Socialista, formó un selecto grupo que podríamos calificar como el “máximo orgullo en autogestión económica organizada del socialismo español[4]. Para está concepción, el alquiler no era más que el reflejo en el plano de la vivienda de lucha de clases entre poseedores y desposeidos, entre los que arriendan porque tienen dos o más viviendas y los inquilinos forzados por no disponer de ella. El socialista católico Víctor Calland, discípulo de Fourier escribió un folleto titulado “Supresión de los alquileres mediante la elevación de los arrendatarios al derecho de propiedad” (1857) en el que ve en la extensión de la propiedad la panacea frente a todos los problemas, concepto que asumió la Cooperativa Socialista de Casas Baratas.
 
Proudhon, el padre del anarquismo escribió que la abolición de la vivienda de alquiler es así una de las aspiraciones más fecundas y más elevadas de cuantas han surgido del seno de la idea revolucionaria y debe transformarse en la reivindicación primerísima de la democracia social (…) Afirmamos sin la menor duda que no hay escarnio más terrible para toda la cultura de nuestro famoso siglo que el hecho de que, en las grandes ciudades, el noventa por ciento de la población y aún más no disponen de un lugar que puedan llamar suyo. El verdadero centro de la existencia familiar y moral, la casa y el hogar, es arrastrado a la vorágine social... En este aspecto nos encontramos muy por debajo de los salvajes. El troglodita tiene su caverna, el australiano su cabaña de adobe, el indio su propio hogar; el proletario moderno está prácticamente en el aire. (…) La vivienda de alquiler será rescatada... El antiguo propietario de la casa recibirá su valor hasta el último céntimo. En vez de representar el alquiler como ha ocurrido hasta ahora, el tributo pagado por el arrendatario al derecho eterno del capital, una vez proclamado el rescate de las viviendas de alquiler, la suma exactamente fijada y pagada por el arrendatario constituirá la anualidad por la vivienda que ha pasado a ser propiedad suya... La sociedad... se transformará así en un conjunto de propietarios de viviendas, libres e independientes.
 
Frente a toda está corriente, se oponía muy ferozmente aquella que pretendía usar la miseria de la vivienda obrera como un arma más para agudizar las contradicciones del capitalismo. Forma parte de esa corriente del materialismo histórico, y que pretendía romper con todas las tradiciones y raíces morales previas, para construir el paraíso en la tierra, la dictadura del proletariado. El teórico más destacado fue Federico Engels, que recopilo en su libro Contribución al problema de la vivienda unos furibundos ataques contra Proudhon y todos aquellos que defendían la propiedad para los obreros. Esas reivindicaciones las consideraba pequeño burguesas y que solo servían para distraer y debilitar el movimiento obrero, aburguesándolo. Consideraba las desposesión prácticamente absoluta a la que el naciente capitalismo industrial había sometido a los obreros, como una ocasión irrenunciable para no someterse a nada y caminar hacia la destrucción del sistema capitalista. ¿La solución para el marxismo cuál era?: EL ESTATALISMO: la solución de la vivienda sólo puede lograrse, naturalmente, expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados en la suya. Y tan pronto como el proletariado conquiste el poder político, esta medida, impuesta por los intereses del bien público, será de tan fácil ejecución como lo son hoy las otras expropiaciones y las requisas de viviendas que lleva a cabo el Estado actual. (…) La transferencia de la renta del suelo al Estado equivale a la abolición de la propiedad individual del suelo. El restablecimiento de la propiedad individual de cada uno sobre su vivienda sería una regresión[5].
Desgraciadamente ya hemos visto el triste espectáculo de países enteros viviendo en cuarteles bajo las dictaduras del proletariado como resultado de transferir el problema de la vivienda al Estado. Si el alquiler capitalista es injusto, la solución cuartelaria comunista aliena el protagonismo del ser humano. Creemos que defender el derecho de propiedad para todas las personas, defender que todos los hombre, mujeres, familias de la tierra puedan tener su vivienda en propiedad de uso, sus instrumentos de producción en propiedad de uso, en un mundo donde mas del 80% de las personas del planeta no poseen nada, defender la propiedad para todos en un mundo de desposeídos, es verdaderamente revolucionario.

Es posible hoy dar otras respuestas… Respuestas que han dado los empobrecidos y que se pueden dar hoy…
La Cultura obrera y el urbanismo: Familia, apoyo mutuo, Casas del Pueblo
 
Con el industrialismo y la nueva concepción del trabajo que ello trae consigo, se produce un cambio brusco en el urbanismo de las ciudades industriales, donde van a predominar las inmensas factorías y donde van a proliferar los suburbios, esas colmenas llamadas casas, donde el instrumento hombre se conserva durante la noche para volverlo a utilizar de nuevo al día siguiente en la factoría[6]. Se concibe la vivienda como un simple instrumento más en la producción. las clases poderosas huyen de las zonas que invaden la industria y van a fijarse en una periferia cada vez más lejana, en medio de un ambiente campestre, donde el cielo está limpio y el humo de las fábricas se convierte en poético fondo de nubes
Pese a la miseria, estos suburbios proletarios sí tenían un orden propio, una organización social compleja, moldeada por densas redes sociales y formas recíprocas de solidaridad, lo que han descrito como la mutualidad de los oprimidos. Esta reciprocidad solidaria formaba la estructura principal de los barrios, compensando las injusticias mate­riales de la vida diaria al dar a los obreros un cierto grado de estabilidad y seguridad y potenciando relaciones integradoras. El apoyo mutuo también podía funcionar a la inversa, como instrumento de coerción contra los que desafiaban las normas comunes, al negarles las ventajas de la reciprocidad. Los ateneos, las casas del Pueblo que por millares florecieron en los barrios obreros de España, eran la segunda casa para muchos obreros; centros que en muchos aspectos suplía las dramáticas carencias del hogar obrero. La casa del Pueblo no sólo para albergar y reunir a los trabajadores y sus sociedades de resistencia, sino para combatir la ignorancia y la incultura que existía entre ellos. Estaba totalmente prohibido en aquellas Casas el juego de azar y la venta de bebidas alcohólicas. Se realizaban multitud de actos culturales. Para muchos obreros era una segunda casa, por la que se hacían sacrificios económicos extraordinarios[7].
 
Viviendas por prestación personal
Un viejo militante obrero  recordaba muy a menudo cómo se había construido su casa, al igual que muchos otros trabajadores allá por los años 40 y 50 en plena dictadura franquista bajo el auspicio de la  ley de viviendas por prestación personal que permitía comprar una vivienda por 100 ptas al mes de cuota de amortización. Con está ley, se suplía la aportación económica por la prestación personal de trabajo de los propios usuarios, por un sistema de autoconstrucción (que actualmente incluso se contempla en algunos Planes de Viviendas de Comunidades Autónomas como Canarias y Galicia) e incluso se hace referencia en el Plan Nacional de vivienda. Y así se dieron casos en la Cooperativa del Pozo del Tío Raimundo de Vallecas en Madrid, Cooperativa Obrera del Prat en Llobregat (Barcelona) Cooperativas de "Viviendas para todos" en la Aljarra (Murcia), Cooperativas de Mira en Cuenca, de San Vicente en el Molar, etc. Tan solo la Cooperativa Jesús Divino Obrero edificio más de 7.000 viviendas en Madrid. Esta ley permitió tener un techo digno a millares de familias. La ley fue anulada por el PSOE de Felipe González para que los constructores se hicieran multimillonarios. Con una ley similar una izquierda real acabaría con el problema de la vivienda en poco tiempo. Mientras en la primera mitad de los 80 las Viviendas de Protección Oficial representaban alrededor del 60% del total construido, actualmente no llegan al 10%.
En Suecia las cooperativas de autoconstrucción han experimentado un gran desarrollo; han construido alrededor del 20 % de viviendas nuevas, han creado notables realizaciones y han conseguido grandes progresos en urbanismo, sobre todo en los aspectos humanos y sociales. Recomendado éste sistema en la Declaración de Estambul sobre asentamientos humanos (1996) en España ha sido prácticamente olvidada debido al crecimiento de las trabas burocráticas y al tremendo encarecimiento del suelo
Políticas municipales a favor de la vivienda y el protagonismo
Ha habido alcaldes paro los que el trabajo y la vivienda fueron obsesiones, que hasta literalmente les quitaba el sueño. Luchar por que todos pudieran ganarse el alimento justamente y luchar por el derecho a  un techo fue la forma que tuvieron estos alcaldes de amar políticamente a sus conciudadanos.
Camilo Sánchez, alcalde de Santa Lucia, dio respuesta al problema de la vivienda facilitando la autoconstrucción y proporcionando a los que querían construirse la vivienda proyectos tipo, para que los arquitectos y promotores no se enriqueciesen casi exclusivamente por firmar; y se construyeron viviendas por menos de  2 millones de pesetas en los años 90. También se puso en frente al Tribunal Constitucional.
García Quintana, alcalde de Valladolid inició y sentó las bases de un plan de urbanismo, primer paso para sacar a los barrios de la miseria (parques, jardines, recanalización del río Esgueva, mejora del saneamiento). Como alcalde su primer objetivo fue la educación. En cinco años se duplicaron las escuelas de Valladolid. Colaboró en el desarrollo de la Casa del Pueblo en Valladolid, como lugar de formación política del socialismo vallisoletano. Destacó por su lucha contra la corrupción combatiendo  los monopolios locales sobre el suministro a las casas de electricidad y agua.
Giorgio La Pira, alcalde de Florencia afirmaba que mientras me dejen ser alcalde combatiré los abusos de los poderosos y lucharé por la vivienda y el trabajo para todos. El techo es algo sagrado, el pan es algo sagrado ¡no se toca impunemente la una ni la otra! ¡Eso no es marxismo, es evangelio! Cuando los pobres estén persuadidos de ser finalmente defendidos en estos dos puntos (pan y techo) la vida de la Iglesia reflorecerá en las almas, en las casas, en las ciudades, en el campo y en todo el país. Lanzó desde el Ayuntamiento, la “Oficina de Alojamiento” para hacer frente a los cerca de 3.000 casos urgentes de sin techo. Una solución de emergencia fue aquélla de la confiscación de los chales deshabitados, en base a una ley de 1865 que ampliaba las competencias del alcalde hasta la confiscación de los alojamientos, en caso de calamidad pública. Fue así como los agentes judiciales del ayuntamiento requisaron, con el decreto del alcalde en mano, más de una villa aristocrática, cerrada tras el veraneo patronal. Cuando se enteraba de que existían familias sin techo en Florencia y al mismo tiempo tenía conocimiento de que se disponía de viviendas desocupadas, las albergaba provisionalmente en ellas. Cuando después el prefecto le exigía la autorización de los propietarios, o le preguntaba por el expediente administrativo al respecto, la respuesta era: En la ciudad de Dios no existen obstáculos burocráticos.
Cooperativas  de vivienda
De esto hay muchísima experiencia en el movimiento obrero y en la actualidad, y van desde las que pretenden ser alternativa real al régimen capitalista y responder a las necesidades del hombre, hasta las que buscan en el cooperativismo una manera de eficiencia económica.
Entre las primeras cooperativas de viviendas destacan ciudades obreras como Mulhouse, en Francia, que se fundó como sociedad con un capital de 300.000 francos. El objeto de la sociedad es construir casas propias para una familia y venderlas a los trabajadores, pagándiolas en plazos, po­niéndolos en posesión en cuanto pagan el primero. Según nos revela el socialista Fernando Garrido en su libro Historia de las clases trabajadoras: el trabajador convertido en propietario gana en dignidad, en sobriedad y buenas costumbres, porque el estímulo entra en su ánimo, y pasa en su hogar y en su jardín el tiempo que antes perdía en la taberna y en otros sitios peores. El éxito feliz de tentativas análogas a las ciudades obreras de Mulhouse, tanto en Francia como en Inglaterra y otros países, sin necesidad de subvenciones del Estado, prueba que ésta no es absolutamente necesaria y que la idea puede tener y tiene vida propia sin más recursos que los de la acción individual, acumulada y combinada por la asociación. En Lille, ciudad Industrial de Francia, por ejemplo, han imitado con el mejor éxito, sin recurrir a la protección del Estado[8].
En España el primer intento fue en 1855. Se había creado la sociedad de obreros cordobeses “La Caridad” que fracasó; en 1921 a instancias del Obispo se creó “La Solariega de Córdoba” que en 1923 había edificado  91 viviendas; esto estimuló a la cooperativa Pablo Iglesias, de la que ya hemos hablado. En los años 30 se fundó la “Cooperativa Obrera de Casas Baratas de Castellón”. Se fundó para los afiliados de la UGT. Con apenas 200 cooperativistas se construyeron una cincuentena de casas de unos 100 metros. La Cooperativa de Casas Baratas “Pablo Iglesias” se creó en la cuenca minera cordobesa de Peñarroya-Pueblo Nuevo del Terrible a finales de 1926, y fue, como hemos visto el buque insignia de las realizaciones socialistas en el tema de vivienda, perdurando hasta el final de la guerra civil, en la que pasará a formar parte del recién creado Instituto Nacional de Vivienda.
 Patronatos y Fundaciones son experiencias en las que personas e instituciones se unen para ofrecer una salida. Aquí hay experiencias de la Iglesia, generalmente encabezadas por el propio obispo, como el caso de las barriadas promovidas por el obispo de Córdoba, el de Segovia. En Zaragoza el Padre Venancio (franciscano y primer consiliario de la HOAC en esa ciudad) impulsó en el barrio de Torrero viviendas baratas para las familias obreras. El mismo papa Pablo VI fue personalmente promotor de unas iniciativas para proveer de casa a familias que habitaban en los suburbios de Roma.
 Experiencias autogestionarias se siguen dando en la actualidad, desde la autoconstrucción de la vivienda, hasta el generar un barrio completo y gestionarlo en común. Actualmente esto se da en países empobrecidos. Experiencias como las de la Federación Unificadora de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) de Uruguay donde han construido viviendas para 15.000 familias, agrupados en 400 cooperativas son ejemplo de esto. Famoso es el caso de “Villa El Salvador” cerca de Lima, Perú. Una ciudad entera construida y gestionada de manera autogestionaria por los desposeídos, que consiguieron convertir un arenal en un lugar de esperanza.
      Junto a esto sigue siendo fundamental la denuncia política de la injusticia social que supone el que millones de personas carezcan de vivienda. Llevar estos temas al debate político es crear el terreno propicio, es fertilizar la tierra para que las respuestas florezcan. Es posible y es necesario dar respuesta al problema de la vivienda a la medida del hombre, con muy diversas soluciones propias de cada tiempo y lugar y de la creatividad humana, pero partiendo de principios básicos irrenunciables: partir de la necesidad de ocupación, no de la necesidad de negocio: partir del hombre (es decir del fin) no del dinero (es decir del medio).



 
[4] ARIAS GONZÁLEZ L., Socialismo y vivienda obrera en España (1926-39). Salamanca (2003) Universidad de Salamanca. 217
 
[5] Federico Engels. Contribución al problema de la vivienda
[6] Fernando Chueca Goitia. Breve Historia del Urbanismo. Alianza Editorial.1995
[7] V. M. ARBELOA, Las casas del pueblo. Madrid (1977) Mañana editorial.
[8] Fernando Garrido. Historia de las clases Trabajadoras. IV. El obrero asociado. Zero. Madrid.1973. 84 y ss.

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