jueves, 31 de enero de 2013

Fermín Salvochea: Semblanzas

Repartió sus bienes, vida y luchas entre los pobres.
Fermín Salvochea Álvarez, figura fundamental en el movimiento obrero andaluz, maestro de varias generaciones, nace en Cádiz el 1 de marzo de 1842. De su infancia se tienen pocos datos. A los 15 años, sus padres le envían a estudiar comercio e idiomas en Inglaterra, donde pasa cinco años, en Londres y Liverpool. Su estancia en este país le sirvió para formarse, contactando con los círculos intelectuales progresistas y humanistas, y rechazando las teorías de los economicistas clásicos: Adam Smith, Thomas R. Malthus o David Ricardo. Se enfrentó personalmente a Marx, a quien reprochó su vida burguesa
Regresa a Cádiz a la edad de 21 años, dotado de una cultura poco común a su edad, y como el mismo manifestó, siendo un convencido internacionalista. Poco a poco va elaborando sus teorías, hasta llevarlas a la práctica a partir de 1868 cuando participa activamente en el levantamiento de Cádiz durante la Revolución de septiembre, desde posturas democráticas y republicano-federales. En el mes de diciembre, defiende la Revolución desde las barricadas montadas por una fuerza de voluntarios de la libertad. Aplastado el movimiento insurreccional, Salvochea es detenido, y se declara el único responsable del levantamiento de la ciudad; es encarcelado en el castillo de Santa Catalina.
En las elecciones a Cortes de enero de 1869, los monárquicos consiguen la mayoría, pero ciudades importantes como Barcelona, Málaga, Sevilla, Valencia o Cádiz dieron el triunfo a los republicanos. Salvochea, que se encontraba en la cárcel, es elegido diputado a Cortes, pero el gobierno nacido de la Revolución de septiembre no reconoció la elección, aunque en febrero de 1869, se concedió una amnistía a los presos políticos, por medio de la cual pudo Salvochea recuperar la libertad.
En octubre de ese mismo año estalla la insurrección federal en Cataluña, Aragón y Andalucía por la república. Sofocada la revuelta por los monárquicos, Salvochea se refugia en Gibraltar, Londres y París.
A principios del año 1873, y gracias a una amnistía, regresa a España, para convertirse a los pocos días en alcalde de Cádiz, a los 31 años de edad, y una vez proclamada la I República en el país. Siendo alcalde de Cádiz, entre otras medidas, implantó la jornada laboral de 8 horas. En el mes de julio, encabeza la proclamación cantonal en Cádiz. Con la llegada de las tropas del General Pavía, y el final de la experiencia cantonalista, Fermín se entrega y se declara único responsable. La condena en consejo de guerra, de 13 años (1874-1885), la cumplirá entre La Gomera y Ceuta. En 1883, el ayuntamiento de Cádiz consiguió un indulto para Salvochea, pero al serle leído se negó a firmarlo y lo rompió, negándose a recobrar la libertad como favor y no como reparación de justicia. Finalmente pudo fugarse, pasando al exilio en Marruecos, Portugal y Argelia, hasta que, una vez muerto Alfonso XII, se concedió una amnistía general, que aprovechó para regresar a Cádiz.
En Cádiz, funda el periódico El Socialismo, que se publicó hasta 1891. Impulsa las manifestaciones del 1 de mayo, donde en 1890-91, y pese a la represión policial, se reúnen 6.000 personas. Salvochea es encarcelado de nuevo y su periódico, clausurado. Con el pretexto de los sucesos de "La Mano Negra" (1880-1883), son perseguidas las organizaciones de trabajadores, sumándose en la provincia de Cádiz 5.000 detenidos. En 1892 hubo varios levantamientos anarquistas en localidades como Jerez, Arcos, Lebrija o Ubrique, de los que se acusa entre otros, una vez más, a Fermín Salvochea. Condenados a muerte, se les conmuta ésta más tarde; la alternativa para Salvochea es una condena a 12 años de prisión. Es destinado a los presidios de Burgos y Valladolid. En 1899 obtiene la libertad, regresa de nuevo a Cádiz, y marcha a Madrid en 1900.
Propagandista, más en los actos que en las palabras, no dejó por eso de manejar la pluma.  Allí traduce algunos libros, y trabaja en diarios como El Liberal, El Heraldo o El País. Con motivo de la coronación de Alfonso XIII en 1902, es detenido junto con otros anarquistas, acusado de tener planeado lanzar unos explosivos cuando el rey llegase al Congreso. Posteriormente, se comprobó que era una jugada de la policía, y fueron puestos en libertad.
A principios de 1907, Salvochea regresó a Cádiz. Vivió pobremente, como era su costumbre, repartió entre los pobres todos sus bienes, capa incluida. Aunque el no entraba, acompañaba todos los días a su madre al rezo del rosario. Debido a una lesión de columna, fallece, en una cama prestada, el 27 de septiembre en Cádiz. La víspera del fallecimiento hablaba con su madre y algunos amigos; la vida, el más allá, la religión, el porvenir de la Humanidad, la anarquía… eran sus temas de conversación. Su madre mencionó a Jesús, encareciendo su bondad, su amor al prójimo y recordando la resurrección de Lázaro. Su muerte fue muy sentida por el pueblo de Cádiz, y a su entierro acudieron unas 50.000 personas. Fue venerado como santo por las legiones hambrientas de Andalucía. Salvochea no vivió desde niño más que para la piedad humana; los juegos de su infancia, los amores de su juventud, las alegrías de la edad adulta, no fueron más que un constante trabajo de redención; sus sufrimientos fueron muy grandes, tan grandes como su amor por la humanidad.
Que los compañeros den en todas partes ejemplo. Que sus hijos acepten, si es preciso, hasta la pasión y la muerte, antes que la servidumbre y la abyección. El error y el mal tienen que ser vencidos por la verdad y el bien. Los hombres tendiéndose los brazos por encima de templos y fronteras se disponen a establecer sobre el planeta el reinado de la verdad.



Fermín Salvochea



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