sábado, 12 de enero de 2013

Los miserables y "las revoluciones francesas"

La libertad guiando al pueblo
La libertad guiando al pueblo, de Eugene Delacroix
Los miserables, cuya magnífica película basada en el musical se ha estrenado estos días de Navidad, es una de aquellas obras inmortales, patrimonio de toda la humanidad. Los hechos transcurren en el contexto de una Francia agitada y revolucionaria. Estamos en la  primera mitad de del siglo XIX, pasada ya la revoución francesa y en ciernes la revolución obrera de 1848. La historia de los miserables acaba en una revuelta menor sucedida en 1832, pero que contextualiza muy bien todo un siglo convulso y sería preludio de las nueva revoluciones que se sucedieron a lo largo de todo el siglo XIX. Especialmente la revolución de 1848, que marcó un hito en la historia del movimiento obrero:


Primero por que supone  la primera revolución con un marcado contenido y protagonismo obrero. No asi la Revolución de 1789, donde los pobres fueron la tropa de asalto para instarurar en el poder político a una nueva clase social, la burguesía, mientras que para ellos las cosas siguieron igual o peor.  ¿Qué había sido de la Libertad, la iguladad y la fraternidad? En palabras de Heleno Saña, tras la revolución francesa los pobres se dieron cuenta que “LIBERTAD” jurídica era un derecho abstracto cuando los medios de producción estaban en manos de una minoría de capitalistas y que la “IGUALDAD“ y la “FRATERNIDAD" jacobina perdía todo sentido en un mundo regido por el dinero y el poder”.
Y segundo, por que supone la última revolución de la época del movimeinto obrero que podríamos llamar "pre-ideológica". En la segunda mitad del siglo XIX van a irrumpir con mucha fuerza las ideologías en el mundo obrero, lo cual a la postre tendría consecuencias desastrosas. La siguiente gran revolución francesa fue la comuna de Paris, acaecida en 1871 y que gobernó la capital de Francia por más de dos meses, instaurando un proyecto político popular autogestionario, donde ya aparece un claro componente ideológico, más cercano al mutualismo-anarquismo proudhoniano que al comunismo marxista.

Este ambiente revolucionario francés decimonónico tuvo gran infuencia en todos los movimientos revolucionarios europeos. Hasta bien entrado el siglo XX, la marsellesa era himno que se repetía en todos los conatos revolucionarios que se producían, especialmente en España, donde canciones proletarias que luego se harían himnos (hijo del pueblo, la internacional, a las barricadas…) no fueron populares entre los obreros hasta pasada la primera decada del siglo pasado.

Rodrigo Lastra

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