martes, 18 de diciembre de 2012

18 de diciembre: día internacional de la migraciones





historia de las migraciones:
de miembros de una tribu… a ciudadanos del mundo
Rodrigo Lastra
1. EL HOMBRE ESTÁ HECHO PARA LA LIBERTAD
¿Cuántos de los que leéis estas líneas vivís en el mismo pueblo o ciudad en la que nacieron vuestros padres? ¿Y en la que nacieron vuestros abuelos? La movilidad geográfica es una de las características definitorias de la raza humana. Ninguna otra especie ha llegado tan lejos en la colonización de tantos y tan diversos ambientes. Los movimientos migratorios, por muy diversos motivos son una constante histórica que se repite en todas las épocas y civilizaciones. ¿Eso quiere decir que el hombre está hecho para migrar, para moverse y que está condenado a no tener raíces, o por el contrario lo propio del hombre es echar raigambre y las migraciones son siempre consecuencia no deseadas causadas por males mayores?
El hombre no está hecho para migrar ni  para no migrar, EL HOMBRE ESTÁ HECHO PARA LA LIBERTAD, y es precisamente la búsqueda de esa libertad (llámese mejores condiciones de vida o simplemente condiciones dignas de vida, llámese huida de persecuciones políticas o religiosas) o la ausencia de la misma libertad (llámese esclavitud, movimientos migratorios alentados por grandes intereses económicos…) la que ha generado a lo largo de los siglos los grandes movimientos humanos a lo largo y ancho del planeta.
2. LA HISTORIA LAS MIGRACIONES… ES TAMBIÉN HISTORIA  QUÉ HACEN LOS POBRES
Hoy los nuevos desarrollos científicos en el campo de la genética están también revolucionando el estudio de la historia. Todos nosotros cargamos en nuestros genes de cada una de nuestras células con muescas imborrables de nuestros ancestros, cuyo estudio, aplicado al conocimiento histórico, está aportando valiosísima información sobre donde hemos vivido y de donde provenimos. Está permitiendo entre otras cosas conocer mejor los grandes movimientos de ser humano a lo largo y ancho del planeta. No deja de producir cierto vértigo pensar que en apenas unos centenares de generaciones todos nacemos de los  mismos grupos reducidos de humanos. Estos avances científicos aplicados al conocimiento histórico y pre-histórico, confirman que el dinamismo creador asociado a los movimientos migratorio ha sido determinante en la configuración de nuestra historia, es determinante para entender lo que hoy somos, y será determinante para entender lo que seremos.
Un ejemplo histórico reciente y paradigmático de ese dinamismo creador que imprime la fuerza de la inmigración, mayoritariamente a través de la población más pobre, son los EEUU. El país más rico, el más poderoso de los últimos 150 años, lo es en gran parte por la inmigración. Una nación de inmigrantes. Es así como se define a sí mismo Estados Unidos. Nueva York, la capital del mundo, es un museo viviente de la inmigración. Viviendo allí descubrí al menos 5 monumentos a los inmigrantes (judíos, italianos, eslavos, africanos, irlandeses…). Uno de los lugares que más impresiona de Nueva York es el museo de Ellis Island, a la sombra de la estatua de la Libertad. De 1892 a 1954, el edificio funciona­ba como centro de selección a la llegada de barcos europeos cargados de familias en busca de una vida mejor. Ahí fue donde 12 millones de personas pisaron por primera vez sue­lo estadounidense. Fue ahí donde se forjó la potencia que es hoy EEUU. Se estima que el 40% de los estadounidenses tiene, por lo menos, un ascendiente que pasó por Ellis Island.
En 2007 Estados Unidos celebró por todo lo alto el 400 aniversario de la llegada de los primeros colonos, venidos a dar valor al territorio otorgado por el rey de Inglaterra a la Compañía de Virginia. En 1620 los pere­grinos del Mayflower desembarcaron en Nueva Inglaterra, abriendo el camino a la llegada de miles de persona que huían de las persecuciones religiosas del rey anglicano Jacobo I de Inglaterra. En la colonización de América siempre ha existido una dicotomía entre los inmigrantes económicos y los que llegaron para dis­frutar de una libertad política sin precedentes que se consolidó con la Constitución de 1787. Por uno u otros motivos, América representó una especia de tierra nueva y cielos nuevos, en la que todo parecía posible, en la que no se llegaba tarde, frente a la enfrentada cansada Europa. Así,  en la costa atlántica todavía perviven esas ciudades que fundaron con nombres que representaban esos anhelos: Freeland, New Hope, New Armony, Philadelphia… Todo era nuevo; New Hampshire, New England, New Jersey, New York, New… Pero no pasaron ni 20 años de la llegada de los primeros colonos, para que también desembarcaran los primeros esclavos. Cuando se hizo el primer censo tras la independencia en 1776, en Estados Unidos había sólo 4 millones de habitantes y 700 000 eran esclavos. Y luego vendría el exterminio de los pueblos nativos con la expansión hacia el Pacífico, y las restricciones de todo tipo, y las persecuciones, y el ignominioso racismo… Poco duraron las tierras nuevas y los cielos nuevos.
Pero así es como, con todo ese crisol de idas y venidas, de tolerancia y persecución, de amor y odio, se forjó la nación más dinámica de los dos últimos siglos.
Y así, a poco que miremos a lo que nos rodea, descubriremos ese dinamismo creador en la historia. ¿Qué sería por ejemplo de nuestra arquitectura sin los movimientos migratorios? ¿El románico, el gótico… y así sucesivamente los diversos estilos constructivos que se van solapando y  perfeccionando, fueron idea de un mecenas, de un potentado…? ¿o fueron posibles en toda Europa por el ir y venir de millones de pequeños artesanos, peregrinos, migrantes todos, que iban y venían aportando, quitando, añadiendo y todo junto creando una riquísima cultura? ¿Y que decir de nuestra lengua, patrimonio común y que con su riquísima variedad no permite una expresión y comunicación interpersonal maravillosa? ¿Es fruto a lo largo de los siglos de paneles de expertos que van acordando los usos correctos y expresiones adecuadas, o es fruto de la confluencia acrisolada de miles de millones de realidades cotidianas que nacen de la interacción y la influencia mutua de decenas de pueblos, culturas y civilizaciones a los largo de los siglos fruto de los movimientos, también migratorios, de millones de personas? Pensemos en el castellano. Hay palabras de los pueblos celtiberos, indoeuropeos, fenicio, latinas, griegas, musulmanas.. y más recientemente francesas, anglosajonas. ¿y las matemáticas, y el conocimiento científico-técnico? Los romanos con todo su ingenio constructivo y su desarrollo de la ingeniería, desconocían el cero, así como los números negativos, conceptos ambos, sin los cuales es imposible el desarrollos del cálculo y el algebra. ¿Se hubiera llegado a la luna sin que los pueblos arabigo-semitas hubieran aportado al desarrollo científico de base greco-latina conceptos como el cero o los números arábigos, todo ello como fusión colectiva y diluida fruto del encuentro mantenido a los largo de años por miles de personas que fueron de aquí para allá? Pensemos en cualquier otro elemento del conocimiento científico-técnico. ¿Y nuestra gastronomía? ¿Y el arte, la literatura, la música…? ¿y los movimientos sociales, y el devenir y desarrollos de las ideologías y los movimiento revolucionarios…? Impensables sin esa historia de la migraciones, que no deja de ser la misma historia de la humanidad
La historia la han escrito los que ganan, pero la han hecho los que pierden. También en la historia de las migraciones. La abrumadora mayoría de todos los hombre y mujeres que a lo largo de los siglos han abandonado su lugar de origen para establecerse en otras tierras, voluntaria o forzosamente, no han sido precisamente los potentados, ricos y poderosos. Y sin embargo, conocemos los menores detalles de la vida de un rey, de un presidente o de un parlamento; nos han conservado todos los discursos, buenos y malos, pronunciados en esos mentideros, Las visitas de los poderosos, el buen o mal humor de los politicastros, sus intrigas y hasta su vida doméstica. Todo eso se ha guardado con sumo cuidado para la posteridad. Pero nos cuesta las mayores fatigas del mundo imaginar la vida y al lucha de los esclavos, inmigrantes casi siempre, que levantaron toda la grandeza de la antigüedad, nos cuesta horrores reconstruir la vida de una ciudad de la Edad Media, conocer el mecanismo de ese inmenso movimiento de personas y el comercio de cambio que se realizaba entre las ciudades libres y que globalizó el mundo, Muchas veces ni siquiera advertimos la prodigiosa tarea que lleva a cabo diariamente la agrupación espontánea de los hombres, y que constituye la obra capital de la humanidad.
Pensemos solamente en que si Alba Eddison si no hubiera  encontrado unos vidrieros  capaces de crear la ampolla adecuada capaza de albergar el fino metal incandescente que originó la luz eléctrica. Vidrio, cuyo desarrollo y técnica por otra parte, llego a occidente proveniente de las culturas orientales. Podrían haber transcurrido innumerables décadas sin que se hubieran descubierto las leyes que permitieron revolucionar la industria moderna. Y asi, pensemos, se podría relatar cada partícula conocida.
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3. Breve recorrido por la historia de las migraciones
- De la selva a la sabana, de las grandes glaciaciones a los primeros imperios
El Homo sapiens, se dispersó desde su cuna africana hace unos 100.000 años hacia todos los continentes en busca de nuevos territorios que explotar, movido inicialmente, por el crecimiento demo­gráfico del grupo de origen, o por una disminu­ción de los recursos alimentarios. Las distancias que se recorrieron en estos desplazamientos no fueron necesariamen­te largas. Un desplazamiento medio de trescien­tos metros al año es suficiente para explicar la existencia de antecesores nuestros por toda las Tierra durante la prehistoria, ocupando desde las selvas tropicales, los  desiertos y la Europa de las glaciaciones. Hace 15.000 años ya estaba todo el planeta ocupado por hombres y mujeres iguales a nosotros, siendo el continente americano el último en colonizarse.
Con el neolítico la migración y la sedentarización se dieron paralelas. Con inmensos espacios sin ocupar, los movimientos de población se debieron más a motivaciones agrarias que a una voluntad de conquista. Así sucedió con los celtas (galatas en griego) en la Europa occidental, venidos del este entre los si­glos XII y II a. C. y que poblaron de manera más sedentaria y organizada el suelo europeo.
En el nacimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad se narran migraciones antes de la formación del pueblo al cual se pertenece. Así, la historia de los aztecas se inicia con la emigración de Aztlán hacia Tenochtitlán, ciudad que fundan. La Hélade griega se forma dispersándose por todo el Mediterráneo. La propia fundación de Roma aglutinando a pastores venidos de otros lugares. Las invasiones centroeuropeas para fundar los reinos francos, visigodos, ostrogodos, suevos… La expansión del Islam desde la península arábiga... y así hasta la última gran potencia como hemos visto en los EEUU. Las cualidades de un  pueblo y hasta su marco teológico proceden de la experiencia del evento migratorio. Todas las grandes civilizaciones hay una historia de inmigración en sus orígenes. Unas veces real, otras mítica. Y los movimientos de personas se dan en el mundo antiguo, de forma voluntaria u obligada, a lomos de comerciantes, soldados y esclavos, siendo este por ejemplo el origen de muchas de las ciudades de la Antigüedad.
- Migraciones políticas
Pero con la consolidación de los Estados mo­dernos, el poder político comprendió todo el beneficio que podía extraer de la introducción en su territorio de poblaciones extranjeras para lograr diferentes objetivos que sobrepasasen la simple valorización económica de un territorio. El poder, cada vez mejor organizado, comenzó a usar la movilización masiva de poblaciones con motivación política. Los Estados imperialistas siempre han considerado el envío de nacionales fuera del país como uno de los me­dios para afirmar sus intenciones expansionistas y consolidar sus conquistas, continentales y ultramarinas, desplazando y exterminando incluso a las poblaciones nativas. Tal fue el caso de las potencias europeas embarcadas en las aventuras colonia­les: envío de colonos rusos por los zares a Asia central y a Siberia, o de franceses a Canadá a través de la Compañía de Nueva Francia fun­dada por el cardenal Richelieu, o los ingleses a Australia. Algo parecido paso con la primera emigración de españoles a la América Hispana. En los siglos XVI y XVII la inmigración de españoles a las nuevas tierras estuvo muy regulada por el consejo de Indias, pues el nuevo continente era concebido como un bien que había que preservar, no sólo económicamente sino también moralmente y por ello se impedía el viaje a extranjeros, judíos, moriscos, gitanos, acusados de herejía…
Ese encuentro de cinco siglos, muchas veces doloroso, interesado, caótico, otras veces noble y desinteresado, alumbrará uno de los hecho históricos más novedosos y prácticamente sin paragón a esa escala en la Hª de la humanidad: El mestizaje, siendo Iberoamérica el continente más mestizo, y por otra parte con más población indígena. Los españoles y portugueses no dudaban en casarse con las indias, en las que veían seres humanos iguales a ellos. En el Oeste norteamericano hubo genocidio de indios y por eso en EEUU hoy no hay mestizaje. En Australia los ingleses se llevaban las prostitutas para no mezclarse con la población nativa. El mestizaje, con sus luces y sus sombras, es una de esas primicias de la fraternidad universal que la migración ha propiciado
La búsqueda de mano de obra esclava para las plantaciones de las posesiones coloniales en América fue el fundamento eco­nómico de la "trata de negros". Los comercian­tes y los armadores de Lisboa, Burdeos, Nantes y Liverpool llevaron a cabo esta deportación masiva, beneficiándose al máximo de tal in­fame tráfico entre África, América y Europa. Estas migraciones a la fuerza, llamadas desplazaron a más de once millones de personas. La travesía del Atlántico a bordo de estos navíos negreros, en condiciones espantosas, pertenece a la barbarie. Las consecuencias hu­manas de estas deportaciones fueron conside­rables, tanto en África occidental y central, en las costas y en el interior, como en las regiones costeras intertropicales de América. Hoy sigue muy vigente este tipo de inmigración de mano de obra esclava.
A lo largo de la historia, conflictos de toda índole han provocado otros tipos de migra­ciones forzosas: éxodos, expulsiones masivas, exilios. Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos de España, en 1492, los judíos sefar­díes se fueron hacia Italia, el Imperio Otomano, Túnez y Marruecos. Las luchas que siguieron al seísmo religioso provocado por la Refor­ma entrañaron nuevas migraciones forzosas. En Francia, la matanza de San Bartolomé, en 1572, y la revocación del edicto de Nantes, en 1685, provocaron la salida de más de tres­cientos mil hugonotes hacia Holanda y Alemania; este éxodo continuó hasta Estados Unidos y Sudáfrica. Miles de centroeupoeos, irlandeses y británicos (ya hemos visto el Mayflower) huyeron de las persecuciones de luteranos y anglicanos. Este tipo de migraciones como consecuencia de guerras llegó a su culmen en el siglo XX. En total, más de cien millo­nes de personas fueron obligadas a abandonar sus países debido a las dos guerras mundiales que afectaron a su historia.
Las ideologías totalitarias deportaron o expulsaron entre 50 y 60 millones de personas. La descoloni­zación y a las guerras territoriales provocadas desplazaron, a más de 100 millones de personas. . Con el final de la dominación inglesa sobre el subcontinente indio, la separa­ción de la India de Pakistán provocó la salida precipitada de diecisiete millones de personas de su región de origen; más tarde, la secesión de Pakistán oriental, germen de Bangladés, de­terminó, a su vez, el éxodo de entre seis y ocho millones de personas, de los que una parte se refugió en la India.
- Judeo-cristianismo: Un pueblo errante, habitantes en tierra extraña
La migración es un hecho común y constante en la historia del pueblo judío escrita en la Biblia. Está presente desde el momento mismo de la formación del pueblo hebreo como tal, hasta la comunidad de cristianos que se consideran como peregrinos en esta tierra; pasando por migraciones voluntarias o violentas forzadas por imperios o por el hambre. Adán y Eva han de abandonar el edén para ganarse el pan. Dios le dice a Abraham "Sal de tu tierra". Jacob alude el célebre texto que resume la historia de Israel y que comienza: "Mi padre era un arameo errante" (Dt 26,5). Desde su origen, Israel –el otro nombre de Jacob (Gn 32-29)- es un apátrida: su nomadismo expresa adecuadamente su vocación . Con José y su familia más tarde se conecta la inmigración a Egipto con la historia de la liberación del pueblo, el éxodo. Así pues, emigrantes de Ur de los caldeos, pasan a ser inmigrantes en Canaán, después en Egipto y después de nuevo en Canaán. La conciencia de ser nómada es tan fundamental para Israel que se acordará siempre de que es un emigrante con residencia en un país que no es el suyo. Lo recuerda el salmista: "Yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres" (Sal 39,13). Y el cronista pone en labios de David una confesión semejante: "Sí, somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres" (1 Cr 29,15).
El punto de partida del éxodo es la opresión, la explotación en el trabajo. La historia sagrada hebrea narra sus clamores y la forma como Dios les escucha y les ayuda a liberarse, por medio de una lucha liderada por Moisés. Cuando el pueblo de Israel está instalado y se olvida de sus orígenes tiene la experiencia de un desarraigo radical. Deportado a Babilonia, echado del país del que se creía propietario, aprende Israel de nuevo lo que es: un extranjero sin tierra.
Toda esa experiencia   hará que el pueblo de Israel trate con especial delicadeza y predilección al inmigrante, y lo que constituye la principal novedad de Israel respecto a los pueblos de su entorno cultural es la presencia del inmigrante en los textos legales, lo cual supone la elaboración y promulgación de leyes encaminadas a proteger a los inmigrantes, reconociéndoles progresivamente todos sus derechos en la sociedad israelita. "No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano" (Dt 24,27). Y un poco antes ha precisado: "No explotarás al jornalero, pobre y necesitado, sea hermano tuyo o emigrante" (24, 14-15).
Y es precisamente la memoria del sufrimiento la que  fundamenta de los derechos del inmigrante "Cuando un emigrante se establezca entre vosotros, no lo oprimiréis. Será para vosotros como el nativo: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto" (Lv 19, 33-34). "Al emigrante no le oprimirás ni le explotarás, porque emigrantes fuisteis también vosotros en Egipto" (Ex 22,20) En la ley del descanso sabático se menciona explícitamente al emigrante (Ex 23,12),  El extranjero se beneficia asimismo de las medidas destinadas a ayudar a los desprotegidos: espigar en un campo segado, rebuscar en olivares y viñas (Dt 24, 1922). La versión levítica precisa que con esto se da muestra de generosidad (Lv 19,9-10; 23,22). "Aplicaréis la misma ley al emigrante y al nativo, pues yo soy el Señor, vuestro Dios" (Lv 24, 22). "Os llamaré a juicio, seré testigo contra (...) los que defraudan al obrero de su jornal, oprimen a viudas y huérfanos y atropellan al emigrante sin tenerme respeto" (Malaq 1 3,5).
Es Ezequiel el que va más lejos en la expresión de ese ideal. El llega a afirmar que, después del exilio, cuando Israel sea restaurado, los emigrantes serán ciudadanos de pleno derecho y participarán en el reparto de la tierra (Ez 47,22). ¿Se realizará el sueño de Ezequiel?
El cristiano también es un emigrante así. Jesús con su familia, tuvo la experiencia de inmigrante, pues desde niño experimentó el desplazamiento (Mt. 2,13.23). El mismo Jesús pide a sus discípulos que vayan a recorrer los caminos, sin nada, siendo su patria sus sandalias. La carta a los hebreos lo subraya: Forastero en todas partes, va siempre en busca de una patria mejor (Hb 11,14-16). "Aquí no tenemos ciudad permanente, andamos en busca de la futura" (Hb 13,14). Para nuestra condición de extranjeros, lo esencial no es estar aquí o allí, sino buscar y construir el Reino allí donde uno se encuentra. Pablo, en un texto con importante vocación internacionalista,  indica cómo ese sentirse extranjero conduce a una nueva ciudadanía: "Por tanto, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino ciudadanos y familia de Dios" (Ef 2,19).
La experiencia de diáspora y de emigración es la realidad social dominante en las primeras comunidades cristianas de Asia Menor. Cómo manifiesta la Carta primera de Pedro, la condición jurídica y social de emigrantes sin patria ni hogar propicia a los cristianos la oportunidad extraordinaria de dar testimonio de la esperanza puesta en Dios (1 Pe 1,3.11.21; 3,15), de mostrar ante los no creyentes comportamientos convincentes de respeto, de disponibilidad y de bondad, capaces de provocar extrañeza y admiración en medio de la sociedad hostil en la que viven. Así pues, la realidad social de los emigrantes de la diáspora y el talante espiritual correspondiente a la fe en Cristo hacen de la condición emigrante una forma de vida cristiana y, al mismo tiempo, un testimonio que muestre y adelante horizonte de la fraternidad universal 
-      El movimiento obrero
Con el surgimiento del Movimiento Obrero en la Europa decimonónica, va surgir un nuevo tipo de inmigración fruto de la persecución a la militancia obrera más comprometida. Miles de militantes obreros emigraron a Norteamérica (centro y noreuropeos) y a Iberoamérica (fundamentalmente españoles). Esta emigración de tipo potico, aunque fue minoritaria en términos cuantitativos, en términos cualitativos tuvo una gran repercusión en cuanto que estos emigrantes ejercieron una importante influencia en los movimientos sociales americanos. Así por ejemplo, la constitución del primero de mayo como día internacional del trabaja se la debemos a inmigrantes alemanes y británicos en los EEUU. La relación entre el movimiento obrero español y el iberoamericano fue una realidad histórica de transcendencia. Cada represión de militantes obreros en España suponía en el mejor de los casos la emigración a otros países. A Iberoamérica llegará un número considerable de refugiados, sobre todo libertarios. La emigración de estos militantes obreros no se efectúa de acuerdo a los patrones usuales que se dieran en los movimientos migratorios de la época. Son personas que antes de salir de España habían adquirido un compromiso político con la sociedad y el movimiento obrero y era muy difícil que accedieran a la emigración por vías regulares. Por eso lo hacían con mucha frecuencia a través de la clandestinidad. Estos obreros eran perseguidos y reprimidos por causas de sus ideas y actuaciones asociativas internacionalistas y cuando emigran no viajan solos, llevan consigo sus ideas, cultura, esperanzas, a las que difícilmente van a renunciar y menos aún si pertenecen a la clase obrera. Difundirán su Ideal por toda América
El anarcosindicalismo se va a convertir en la corriente más importante del naciente movimiento obrero iberoamericano. Distintos países iberoamericanos, como Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil. Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela, Colombia... conformar su movimiento obrero por la participación activa de inmigrantes españoles, portadores muchas veces de experiencias laborales que organizan e intentaban reproducir o adecuar a la realidad de esos países. Las Sociedades Mutualistas. de Socorro Mutuo, entidades artesanales y sociedades de oficio, corresponden a la etapa incipiente de organización del proletariado iberoamericano, cuando aún no poseían una definida conciencia de clase. Muchas de ellas surgen bajo la iniciativa de emigrantes españoles, y será el primer paso para que el movimiento obrero comience a organizarse en las llamadas Sociedades de Resistencia.
3. Internacionalismo: de miembros de una tribu… a ciudadanos del muNDO
El movimiento obrero europeo había descubierto el Internacionalismo, que pronto querrán ampliarlo por toda América, Asia, África y Oceanía, Desde los inicios del movimiento obrero sus organizaciones tratan de establecer vínculos con estos continente. De ahí que la influencia, ayuda y solidaridad será una constante.
La esfera de amor de los hombre y mujeres se amplía así del yo, el cónyuge, la familia o tribu, el pueblo, la patria, la raza, a la Humanidad entera. Este proceso diferencial y universalizador de las sensaciones afectivas no procede siempre por orden cronológico pero sí constantemente relativo a un orden civilizador, del cual es causa y efecto.
En la tribu y en el pueblo se desarrolla el respeto solidario por la comunidad inmediata. El amor a la patria amplió el radio de la simpatía humana, extendiendo los derechos a vastas circunscripciones geográficas. El efecto moral más importante es el haber constituido la primera síntesis de los amores particulares. La familia pasó a ser una célula de la comunidad. La simpatía fundada en la similitud física, idiosincrásica y geográfica de la raza, ensanchó considerablemente el área de los afectos y de los derechos. Las civilizaciones precolombinas, indias, egipcias, grecorromanas, etc., crearon el milagro de las primeras fusiones y cristalizaciones de razas que motivaron las estupendas síntesis físicas, intelectuales y espirituales que sirven de fondo al progreso humano. La modernidad abrió las puertas a un mundo que cada vez camina con mayor velocidad hacia un proceso creciente de globalidad, y que acabará de tirar por tierra antiguos conceptos de banderas y fronteras. El amor se amplía ya a toda la Humanidad, y los viejos anhelos de ciudadanía del mundo y fraternidad universal, sinónimos antaño de soñadores, son ya una realidad cada vez más accesible.
He aquí otra de las primicias, fruto en gran medida de las migraciones, y que una vez más fueron los pobres los que lo pusieron en la mesa de la Historia: El internacionalismo.


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