lunes, 5 de noviembre de 2012

LA SOLIDARIDAD VUELVE A LOS BARRIOS

AYER, principio siglo XX: La vida de los barrios proletarios

Los barrios proletariOS de la España de principio de siglo XX eran auténticos suburbios, abandonados, sin ningún tipo de intervención estatal o municipal. Y sin embargo, pese a la pobreza y al abandono de las autoridades, la ciudad proletaria tenía un orden propio, una organización social muy elaborada, moldeada por densas redes sociales y formas recíprocas de solidaridad. Algún autor lo ha llamado acertadamente la mutualidad de los oprimidos . Esta reciprocidad colectiva formaba la estructura principal de los barris, compensando las desventajas materiales de la vida diaria al dar a los obreros un cierto grado de estabilidad y seguridad. El apoyo mutuo también funcionaba a la inversa, como instrumento de coerción contra los que desafiaban las normas comunes, al negarles las ventajas de la reciprocidad. Se vivía un ambiente donde lo normal era el apoyo mutuo, y donde el insolidario era rechazado.

HOY: principio siglo XXI Los ciudadanos crean redes para paliar los efectos de la crisis.

La llamada a la cooperación ha llegado al corazón de los barrios donde los vecinos, a título individual o buscando fructíferas uniones, encuentran la manera de ayudar a los que se hunden en la pobreza sobrevenida. Familias que se organizan para que haya suficientes libros escolares, tiendas solidarias con productos donados, personas que preguntan qué pueden hacer por aquel al que ven sufrir en su calle, el que oye en la oficina que los vecinos han votado por unanimidad perdonar los impagos del que no puede abonar la comunidad; los que organizan comidas en sus casas para repartir entre muchos. Proliferan las páginas web en las que se ofrecen cosas a cambio de nada, como telodoy.net o telodoygratis.com.

Las familias se organizan. tiene que organizarse. Las Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos se han convertido en pequeñas familias que se apoyan. Curiosamente, la gente aplica una buena dosis de delicadeza para alejar de los menesterosos el estigma de la pobreza y la exclusión. Los vecinos han salido al rescate de aquellos para los que el contrato social —yo trabajo y genero riqueza, tú me proteges cuando eso falle— ha resultado un fraude.

Entrevecinos se llama, precisamente, un proyecto que este año se ha iniciado en Zaragoza, a rebufo de experiencias similares en otras regiones que surgieron en la Confederación Estatal de Asociaciones de Vecinos. Es casi un juego que cuenta, como el Monopoly, con dinero de mentirijillas. Hasta la tienda solidaria, en la calle de San Vicente de Paúl, 26, llegan aquellos que han decidido participar en un programa de búsqueda activa de empleo, porque de eso, finalmente, se trata. Allí cambian sus billetes, que no son euros, sino vecinos, por productos de higiene, comida, ropa; todo donado y gratuito. Las reglas del juego, explica el coordinador del proyecto, José Carlos Monteagudo, son “que se impliquen en un proceso de empleabilidad, pero para que esta gente pueda dedicarse a buscar trabajo tienen que tener garantizadas las necesidades más básicas de alimentación e higiene, ellos y sus familias”. El asunto es rescatarlos antes de que el paro, pertinaz, los coloque en el despeñadero.

En cada barrio de cada ciudad, los vecinos saben que la caridad no siempre es bien recibida. Y que no hay mejor forma de espantar el estigma de la exclusión que teniendo derechos de ciudadanía. “Cada vez que un trabajador social se ve en la necesidad de derivar a una persona hacia organizaciones caritativas supone un fracaso de los gobernantes y responsables de la política social.

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