lunes, 1 de octubre de 2012

REVOLUCIÓN, SEXUALIDAD Y MORALIDAD: Hobsbawn


No hay ninguna conexión intrínseca entre permisividad sexual y organización social, sí hay en cam­bio una afinidad persis­tente entre revolución y puritanismo. No conozco ningún movimiento o régimen revolucionario, sólido y organi­zado, que no haya desarrollado acentuadas tendencias pu­ritanas. Incluyendo los marxistas, cuyos fundadores elabo­raron una doctrina nada puritana (que en el caso de Engels era activamente antipuritana). Incluyendo casos como el de Cuba, cuya tradición nativa es lo contrario del purita­nismo. Incluyendo la mayoría de los oficialmente anarquistas-libertarios. Quien crea que la moralidad de los vie­jos militantes anarquistas era libre y fácil no sabe de qué está hablando. El amor libre (en el cual creían apasionada­mente) significaba no beber alcohol, no tomar drogas y practicar la monogamia sin estar casados.
 
Entre los jóvenes rebeldes, aquellos que están más cerca del espíritu y de las aspiraciones de la revolución social a la antigua usanza tienden a ser también los más hostiles al consumo de drogas, la exhibición indiscriminada de lo se­xual u otros estilos y símbolos de disidencia personal: los maoístas, los trotskistas y los comunistas. Las razones invo­cadas suelen ser que "los trabajadores" no entienden ni simpatizan con estas clases de comportamientos. Sea o no así, lo que no puede negarse es que consumen tiempo y energía y es difícilmente compatible con la organización y la eficacia.

 
E. HOBSBAWN. Revolucionarios Crítica. Barcelona. 2003.307

No hay comentarios:

Publicar un comentario