lunes, 1 de octubre de 2012

Muere Eric Hobsbawm, pensador clave de la historia social del siglo XX

Eric Hobsbawn

Ha muerto un gran historiador. Podemos o no estar de acuerdo con su ideas y su manera de interpretar la historia, muy marcada por la influencia marxista, pero conocer sus  libros es imprescindible para dialogar sobre nuestra historia reciente, y especialmente la historia de los movimientos sociales en general y el movimiento obrero en particular. A pesar de marcada ideología, plasmada en sus obras, es loable su gran intento de acercarse ala historia de los pobres y hacerlo con honradez y sin sectarismos ideológicos o religiosos. Descanse en paz. Reproducimos una reseña de la prensa digital.
Rodrigo Lastra



El historiador marxista Eric Hobsbawm, quizás el intelectual británico más admirado y respetado en el mundo desde hace varias generaciones, ha fallecido en la madrugada del lunes en el Royal Free Hospital de Hampstead, apenas a unos cientos de metros de su casa, a los 95 años de edad. A pesar de que nunca renegó de su ideología comunista, su intelecto, su capacidad para analizar hasta el más mínimo detalle y al mismo tiempo su facilidad para sintetizar la historia le granjearon la admiración lo mismo desde la izquierda que desde la derecha política, especialmente en los últimos años de su vida.
Autor de una veintena de libros, se especializó en la historia de los siglos XIX y XX. La tetralogía “La era de…” ha sido considerada su obra cumbre. Una serie que arrancó en 1962 con la publicación de “La era de la Revolución: Europa 1789-1848” y que continuó en 1975 con “La era del Capital: 1848-1875”, en 1987 con “La era del Imperio: 1875-1914” y cerró en 1994 con “La era de los extremos: el corto siglo XX, 1914-1991”
Aunque nacido en 1917 en Alejandría (Egipto), en el seno de una familia judía de origen polaco, su padre era británico de segunda generación pero él se crió en Europa central. “Cada historiador tiene su nido, desde el que observa el mundo”, escribió una vez. “El mío está construido, entre otros materiales, de una niñez en la Viena de los años 20, los años del ascenso de Hitler en Berlín, que definieron mis ideas políticas y mi interés por la historia, y de Inglaterra, y especialmente el Cambridge de los años 30, que confirmaron los dos primeros”.
El joven Eric vivía en Viena cuando su padre murió de forma repentina en 1929 de un infarto y su madre dos años después debido a la tuberculosis. Él y su hermana Nancy se mudaron a Berlín, donde vivía su tío Sidney. De allí, la familia se fue a Londres en 1933 cuando la empresa de Sidney le trasladó a Inglaterra.
Empezaron entonces esos años de Cambridge, en los que Hobsbawm coincidió con historiadores como Christopher Hill, Rodney Hilton, John Saville y se afilió al Partido Comunista, una militancia en la que compaginó la fidelidad ­–nunca abandonó el partido: fue el partido el que le abandonó a él al disolverse en 1989– con el espíritu crítico, lo que le granjeó el respeto de quienes admiraban su trabajo pero discrepaban de su ideología.
Al estallar la II Guerra Mundial se ofreció a trabajar para la inteligencia pero la oferta fue declinada precisamente por su militancia política. Acabó ayudando a la construcción de las defensas costeras en East Anglia. Una experiencia que permitió al sólido intelectual entrar en contacto real con la clase obrera. “Esa experiencia en tiempos de guerra me convirtió para siempre a la clase obrera británica. No eran muy inteligentes, excepto los escoceses y los galeses, pero eran muy, muy buena gente”, escribió años después.
Quizás esa fidelidad frustró sus aspiraciones de entonces de acabar enseñando en Cambridge y acabó dando lecciones en el Birkbeck College de Londres.
En los años 80 se convirtió en una especia de gurú del Partido Laborista y en especial del que fue su líder desde 1983, Neil Kinnock, que le describiría como “mi marxista favorito” en agradecimiento a la influencia que Hobsbawm acabó teniendo en la reforma del partido y su acercamiento a territorios que luego desembocarían en el Nuevo Laborismo de Tony Blair.
En los últimos años ha seguido teniendo una gran influencia. Nunca ha dejado de trabajar (deja escrito un último libro que aparecerá el año que viene) y de participar en tertulias intelectuales y mediáticas.
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