domingo, 16 de septiembre de 2012

TRABAJO. Importancia crucial del trabajo


Trabajar no es solamente producir obras:
es dar valor al tiempo».
Eugene Delacroix
(Diario, 19 agosto 1858)
El trabajo responde a tres necesidades fundamentales de nuestra naturaleza: La necesidad de subsistir (función económica), de crear (función psicológica) y de de colaborar (función social)
José, el carpintero
Nada más apasionante que la historia del trabajo La sola evocación de los grandes periodos del desarrollo humano: edades de la piedra tallada, de la piedra pulida, del bronce, del hierro, de los telares mecánicos, pone de manifiesto el propio destino del hombre y toda la historia de la civilización, con sus vicisitudes, sus pruebas y sus victorias. Es significativo el hecho de que las etapas principales de la historia de la Humanidad lleven los nombres de los instrumentos que utilizaron los hombres para cazar, defenderse y trabajar. El perfeccionamiento de las armas y de las herramientas ha sido siempre el punto de partida de nuevos ciclos en el desarrollo de las civilizaciones: cada descubrimiento ha provocado derrumbamientos de Imperios, guerras, revoluciones, al mismo tiempo que crisis morales y sociales que nos son recordadas por los antiguos mitos.

También es preciso recordar el eco que tales doctrinas tuvieron en la vida de los hombres: la historia de las relaciones humanas en el trabajo. La esclavitud, la servidumbre y la organización corporativa, en otros tiempos, y la constitución del proletariado obrero, el florecimiento del sindicalismo y la liberación progresiva de los trabajadores, son realidades históricas de primer piano. Hay invención, descubrimiento, crecimiento económico y progreso social cuando el trabajo, tanto el manual como el intelectual, es tratado con todos los honores; y no este lejana la ruina, en cambio, cuando el trabajador es despreciado. En la historia del mundo occidental, esta última eventualidad se ha presentado en dos ocasiones: ante todo, en el apogeo de la era antigua, cuando la generalización de la esclavitud, favorecida por una orgullosa filosofía, entrafio el envilecimiento del trabajo manual; mas tarde, a principios del pasado siglo, cuando el desarrollo inicial del maquinismo arruino el artesanado, envilecio al obrero y desacredito al intelectual. La primera de estas grandes crisis del trabajo fue fatal para la civilization antigua; la segunda sigue siendo una amenaza a nuestra cultura y nuestra libertad.

Sin embargo, el afán y la urgencia con que se busca actualmente a los profesores, los científicos, los ingenieros y los sabios, tan despreciados y cada vez mas mal pagados en los tiempos de embriaguez de la alta producción industrial, nos muestran que la crisis actual del trabajo podrá ser superada. Durante demasiado tiempo impero la creencia de que la prosperidad de ciertos pueblos se debía a las riquezas naturales de que podían disponer: corrientes de agua, tierras fértiles, minas y fuentes de energia. En realidad, estos bienes de la naturaleza -distribuidos menos desigualmente de lo que se ha dicho- solo cobraron valor gracias al esfuerzo y al ingenio de quienes supieron explotarlos. Siempre existe una correspondencia entre el nivel de vida y el celo en el trabajo de una población.

En cuanto a la «dignidad del trabajo», atribuir el merito de haberla revelado a los hombres a Saint-Simon, Fourier, Proudhon y Marx es hacer tabula rasa de la aportación de las religiones biblicas a la civilizacion occidental. La comparacion que el Decalogo establece entre el trabajo humano y la actividad del Creador demuestra que en Israel, desde hace milenios, se reconocía al trabajo un valor eminente. 

Pierre Jaccard. Historia Social del Trabajo. La crisis del trabajo en la antigüedad. VsV. Madrid. 2010. P3 y 4

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