miércoles, 22 de agosto de 2012

La intrahistoria silenciada

Miguel de Unamuno
Las olas de la historia, con su rumor y su espuma que reverbera al sol, ruedan sobre un mar continuo, hondo, inmensamente más hondo que la capa que ondula sobre un mar silencioso y a cuyo fondo nunca llega el sol. Todo lo que cuentan a diario los periódicos, la historia toda del 'presente momento histórico', no es sino la superficie del mar, una super¬ficie que se hiela y cristaliza en los libros y registros y, una vez cristalizada así, constituye una capa dura no mayor con respecto a la vida intrahistórica que esta pobre corteza en que vivimos con relación al inmenso foco ardiente que lleva dentro. Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que todas las horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que como la de las madréporas suboceánicas echa las bases sobre que se alzan los islotes de la historia. Sobre el silencio augusto se apoya y vive el sonido; sobre la inmensa huma¬nidad silenciosa se levantan los que meten bulla en la historia. Esa vida intrahistórica, silen¬ciosa y continua, es la substancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentira que se suele ir a buscar al pasado enterrado en libros y papeles, y monumentos y piedras.

MIGUEL DE UNAMUNO. En torno al casticismo. Espasa Calpe, Madrid, 1991. P 49-50.

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