jueves, 8 de marzo de 2012

LA MUJER EN EL MOVIMIENTO OBRERO

Maria del Mar Araus . Doctora en Historia


La mujeres y los niños, victimas de la explotación
del naciente industrialismo
El movimiento obrero distinguía muy bien y hablaba de ello es de mujer obrera y mujer burguesa, y de la que haré alguna alusión en alguna ocasión. En este período de la historia no dio origen a movimientos de mujeres de grandes dimensiones. Y esto puede deberse a varios factores:
Las organizaciones obreras incorporan a sus plataformas, frente a la burguesía, reivindicaciones específicamente de la mujer. Incluso en algunas se crearon secciones femeninas. La mujer sufre una explotación, sobre todo, por ser obrera, por lo que no va a ser contra los hombres de su clase contra los que luchen.

Las organizaciones obreras se presentan como portadoras de una ideología que reconoce la explotación de la clase obrera por la burguesía. Tanto una como otras ideologías contemplan desde caminos, medios y fines diferentes la abolición de la explotación de todo tipo, entre ellas la opresión de la mujer. En consecuencia, las diferentes organizaciones deben manifestarse sobre el papel de la mujer en la lucha general de la clase obrera.

El hecho de que las organizaciones obreras luchaban por un sistema justo de igualdad entre todos los hombres significó un ataque a un sistema injusto que supone la promoción tanto del hombre como de la mujer. Desde unas coordenadas vamos a ver como vieron las diferentes corrientes del movimiento obrero la cuestión de la mujer.

CORRIENTE ANARQUISTA

La cuestión de la liberación de la mujer nunca se convirtió en cuestión primordial entre los anarquistas aunque en comparación con las demás tendencias de la izquierda española dedicaron mucha atención a la cuestión. El fin de la lucha era la emancipación de la humanidad, y por tanto la mujer sólo tenía que formar parte de la lucha del movimiento libertario para conseguir su emancipación. Pero esto no era tan sencillo. Había una contradicción entre la teoría y la práctica. Un texto de 1936 nos lo corrobora: No comprendemos cómo un obrero, que es explotado tan inocuamente, se convierte en su hogar en un tirano y en jefe de unos principios autoritarios que están en contradicción con la libertad de su pensamiento... ¿Con qué conducta y con qué personalidad moral protestan estos camaradas? ¿No es su hogar un pequeñito Estado violento y autoritario? ¿No es el patrón que explota a su mujer y le arrebata sus libertades? ¿ No es el carcelero que convierte su hogar en una fortaleza?.

El anarquismo reconoce la explotación de la mujer por el sistema capitalista. La mujer era "la esclava del esclavo" explotada por el sistema social y también por el hombre, incluso por el obrero. Los salarios que recibían las mujeres eran inferiores en un 60 ó 70 % a lo que percibe el hombre. Bien caro le hacen pagar los hombres el apoyo que de ellos necesitan; la reducen a esclavitud perpetua; algunos padres las explotan; algunos maridos las golpean, en el taller se nos explota más que al hombre; en el hogar doméstico hemos de vivir sometidas al capricho del tiranuelo del marido, el cual por el solo hecho de pertenecer al sexo fuerte, se cree con el derecho de convertirse en reyezuelo de la familia.

La subordinación de la mujer se consolida en otro nivel, en el nivel cultural e ideológico. Para Teresa Claramunt era necesario la liberación y la superación integral de la persona, tanto del hombre como de la mujer. Ella como mujer y desde su experiencia de la explotación femenina aporta un elemento nuevo sobre la emancipación de la mujer. Ella no espera que el hombre por su propia iniciativa deje de asumir la posición de superiodidad que le caracteriza y asuma la no explotación de la mujer, sino que afirma que la emancipación de la mujer tiene que ser llevada a cabo por ella misma. Esta afirmación parte de principio autogestionario de que la emancipación de los oprimidos ha de ser de ellos mismos.

Al igual que el obrero, la mujer debía educarse, cultivarse para salir de su estado de opresión. Y esto tampoco era fácil. Pues cuando ellas salían en busca de una formación cultural a los ateneos o centros obreros culturales, en muchos casos los mismos obreros anarcosindicalistas pensaban que las mujeres acudían a estos lugares por motivos ajenos a su educación y más bien buscando relaciones con los hombres.

En un artículo que se escribe en Solidaridad Obrera, explica como el desarrollo intelectual de la mujer se ha determinado por la necesidad de la defensa frente a la opresión en todos sus ámbitos, y los hombres cuando perciben la inteligencia de la mujer la llaman astucia, zorrería y algunas barbaridades más. Es muy probable que fueran ignorantes porque no sabían saberes de los libros, pero tenían cultura en el sentido de "saber vivir", es decir, de saberse defender y atacar en las mil y una incidencias que el vivir diario plantea, y cuya solución no podía buscarse en los libros. ¡Cuántas mujeres conocemos así!, ¡Verdad!.

El problema cultural fundamental era la falta de identidad de la mujer como punto clave de dicha subordinación. Era necesario partir de un reconocimiento: El atropello de la dignidad, la abdicación de nuestro individuo en otro, el convencimiento de nuestra pequeñez y la completa convicción de nuestra inferioridad.

Federica Montseny se propone situar el problema de la mujer dentro de la perspectiva de la transformación social de la sociedad que había esclavizado no sólo a la mujer sino también al hombre. Por tanto se declara rotundamente en oposición al feminismo: Feminismo Jamás, Humanismo siempre. Propagar un masculinismo es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría. Para Montseny la cuestión de la mujer no puede ser tratado desde el feminismo porque tiene dos defectos: la falta de ideal y la falta de ética. No pone en cuestión los valores ni la estructura social vigente, ni presenta las reivindicaciones de tipo político y social. Se limita por el contrario a pedir la igualdad con el hombre, pero una igualdad equivalente a la que disfruta el hombre, es decir, una igualdad en el dominio y en los privilegios. Acusa al feminismo de tener un horizonte moral estrecho. Ella considera que la cuestión de la mujer debe ser tratado desde un punto de vista racional, sereno, humano, equilibrado, en donde no hay que reivindicar cuestiones de sexo, o de clase, sino de solidaridad universal.

Crear una sociedad así hace necesario el planteamiento de la promoción personal y colectiva, es necesario la creación de una nueva persona humana. Una nueva mentalidad, una vida moral nueva. La mujer al igual que el hombre tiene que edificar una nueva persona: con su amor a lo bueno y a lo bello, el sentimiento de su dignidad, su uso y disfrute de una libertad inalienable.
El prototipo de mujer que Montseny se caracteriza por su dignidad y orgullo de sexo, su plena confianza en sí misma y la conciencia de que de ella dependía los destinos y el porvenir de los hombres y mujeres. Es asumir el derecho y el deber de vivir su vida y ser aquello que ella quiere y no lo que quiera el hombre. Una de las aportaciones que más sorprende de Federica Montseny es la que asignaba a la convivencia común entre el hombre y la mujer. Para ella el problema no está tanto en el problema social de desigualdad entre el hombre y la mujer como que es un problema de AMOR. Amor abierto a todos los hombres, no de puertas hacia dentro entre los dos y su descendencia. Es este amor la fuerza que mueve a los hombres, que puede hacer de sus vidas una vida feliz o desgraciada, y para ello es necesario un IDEAL común, y de esta manera se produce una comunión de almas, en donde no se admiten vencedores ni vencidos, pues es este amor al Ideal lo que implica la más absoluta libertad e independencia tanto por parte del hombre como de la mujer. Esto sólo puede ser posible desde una vida de promoción y no desde la mediocridad.

En resumen podemos decir y concluir la visión de la Montseny respecto al problema de la mujer: Los dos sexos están oprimidos y no solamente las mujeres. Por tanto hay sólo una liberación por la cual tienen que luchar tanto las mujeres como los hombres. Es por esto que no tenemos una organización para mujeres. Las mujeres son miembros de los mismos sindicatos que los hombres. Ellas discuten y votan con los mismos derechos. También hay que decir que el pensamiento de Federica no fue siempre coherente y demuestra contradicciones importantes. Pues muchas veces muestra su falta de fe en la capacidad de la mayoría de las mujeres para enfrentarse con sus problemas y solucionarlos, e incluso demuestra escepticismo sobre el mismo uso que hace de su libertad.

Otros anarquistas como Sebastián Faure o Teresa Claramunt o Galo Díez parten de que las mujeres tienen que tener movimientos propios y agruparse entre ellas, pues parten de un axioma social "la emancipación de la mujer ha de ser obra de ella misma". Son ellas las que tienen que llevar a cabo su liberación. Durante el primer tercio del siglo XX dan mayor aceptación a este principio.

No podemos hablar de la cuestión de la mujer sin hablar del tema de la familia. Una de las características negativas de la familia será precisamente la de constituir un órgano de reproducción de la ideología burguesa. La explotación y la opresión características del régimen social se reproduce en la familia. El núcleo familiar tiende a presentar una visión egoísta del mundo al interesarse únicamente por los miembros de sus familia, deshaciendo así la tendencia innata de la persona hacia la realización del bien común. Los ácratas destacan la función antirrevolucionaria de la familia al inculcar una aceptación de los valores burgueses en sus miembros. En este sentido hay declaraciones durísimas contra la familia: La familia ha sido tenaz obstáculo, una barrera dispuesta siempre contra todo lo que signifique renovación, dignidad, cultura. Incluso dentro de los anarquistas habrá sectores que aboguen contra la eliminación de la familia, otros la transformación de la institución familiar.

Hay que tener en cuenta que la mujer en el movimiento obrero (no sólo en el movimiento obrero) tiene un plus, es decir contempla la vida desde una espiritualidad y una transcendencia que el mismo sufrimiento sentido por la opresión le ha dado. De esta manera la mujer, en el movimiento obrero, en la familia obrera jugó un papel importantísimo. Tenía un deber revolucionario y era el de no permitir al hombre y a sus hijos aflojar en sus cometidos hacia la revolución social. En el momento en que el hombre se incorpora a la lucha, la mujer obrera lo hace doblemente pues además asume la responsabilidad del hogar, y en los momentos de encarcelamiento, de hambre, de huelga asume el mantenimiento moral y material del hogar, a la vez que asume la tarea de infundir esperanza al Ideal y coraje y permanencia al militante preso.

Por otro lado otra tarea fundamental de la mujer en la lucha social fue su papel de socialización de los niños y su condicionamiento ideológico. La madre era quien inculcaba a los hijos un sentido de valor revolucionario ajeno a la moral burguesa. La mujer madre tenía que dedicarse con entrega a la causa del Ideal y preparar a sus hijos para hacer lo mismo. Tenía que hacer de sus hijos verdaderos hombres libres, inteligentes, y adnegados que no retrocedan ante ningún obstáculo combatiendo sin desmayo todo lo que signifique opresión, autoridad y explotación. Pero este deber de la mujer de dar a la sociedad hijos dignos no podía desligarse del deber del hombre.

La cultura se va a considerar uno de los valores fundamentales e imprescindibles para su formación. La liberación de la clase obrera no fue posible si no se hubiera creado una cultura propiamente obrera frente a la cultura burguesa. Destacar en este sentido que en Abril de 1936 nace la revista Mujeres Libres, como órgano de expresión de un pequeño grupo de mujeres con el fin de educar y crear una conciencia a la mujer. Este órgano de expresión se creó al margen de cualquier medio y organismo libertario. Se celebraron, incluso conferencias nacionales, con asistencia de delegaciones de diferentes provincias.

Desde el principio Mujeres Libres se identificó con la lucha de la clase obrera para conseguir la liberación en todos los sectores de la sociedad, ( de hecho el programa político se identifica con el de los medios anarquistas) pero pensó que el desarrollo de la persona revolucionaria había quedado en parte frenada por la actitud machista de muchos miliatntes revolucionarios. En este sentido consideran que la mujer tiene una doble lucha. Por un lado el deber de luchar por una sociedad más justa eliminando todo tipo de explotación del hombre por el hombre y todo tipo de autoritarismo y por otro lado luchar por la liberación como persona humana. Por tanto lucha por la libertad exterior y lucha por la libertad interior y establecer su propia identidad.

Mujeres Libres desató una serie de hostilidades entre los demás órganos anraquistas, porque consideraban que no era necesario un órgano específicamente de mujeres, pero lo que no cabe duda es que constituyó una fuerza. Trató problemas tan importantes como el de la familia, la prostitución, la producción y el trabajo y sobre todo concedió mucha importancia a la cultura como medio de promoción en este caso de la mujer. Consideraban que la cultura era de máxima importancia para la promoción personal y colectiva. Se trataba de fomentar una educación cultural integral, que permitiera el encuentro de la mujer con su propia identidad. La labor cultural de Mujeres Libres se desarrolló, sobre todo, a través de los institutos , del Casal de la Dona Treballadora de Barcelona y de las agrupaciones locales de la clase obrera. Por ejemplo su programa abarcaba:

- Clases elementales: Leer, escribir, aritmética, geografía, gramática
- Clases complementarias de la enseñanza elemental: Historia universal, inglés, francés, ruso, mecanografía, taquigrafía
- Clases complementarias profesionales: Enfermería, puericultura, peritaje, comercio, corte y confección, avicultura... y sus correspondientes prácticas.
.- Formación social: Cursos de sindicalismo, sociología, economía, conferencias semanales de amplia cultura. Otras actividades eran charlas, conferencias, en sindicatos, en el campo, talleres, fábricas, la radio.

CORRIENTE MARXISTA

La ideología marxista también trató la cuestión de las mujeres. Ellos consideraban que no eran necesario organizaciones específicamente femeninas. La mujer tenía los mismos deberes y derechos que los hombres en el partido u organizaciones. Para ellos el determinsimo económico es claro: "la preponderancia del hombre es por su preponderancia económica". Además, en particular se debe también a la existencia de la propiedad privada. Ellos en su programa de partidos incluyen la siguiente nota: No puede haber ninguna liberación de la humanidad sin la independencia social y equiparación de los dos sexos".

En esta corriente me gustaría resaltar a Rosa Luxemburgo, "Rosa La Roja", que así la llamaban sus detractores. Rosa Luxemburgo NACE EN Zamoc (Polonia) en el seno de una familia culta acomodada perteneciente a la clase media, de la que formaban parte otros cuatro hermanos. Pronto se trasladan a Varsovia, en donde Rosa aquejada de un dolor en la piernay tras un diagnóstico equivocado, recibe una cura contraindicada y como resultado le queda una pequeña deformación en la cadera y una ligera cojera. Es una estudiante muy aventajada y será de las pocas jóvenes hebreas que serán aceptadas en el Liceo de Varsovia. Allí entraría en contacto con círculos de estudiantes de influencia marxista que operaban en la clandestinidad y donde Rosa comienza a colaborar activamente. Con 19 años tiene que abandonar clandestinamente Varsovia y se instala en Zürich con una familia de socialdemócratas alemanas también exiliados. Con 20 años se inscribe en la universidad de filosofía para estudiar matemáticas y ciencias sociales y con 22 años pasa a la facultad de Ciencias Políticas. Desde ese momento y ya hasta su muerte comienza su compromiso con la clase obrera, a través de poner al servicio de ésta todo su pensamiento. Durante toda su vida va a colaborar activa y clandestinamente con muchos órganos de expresión, asumiendo incluso la dirección de algunos. Su labor como escritora fue muy fecunda.

A los 25 años había conseguido ser escuchada y respetada por los máximos representates del movimiento socialista internacional, aunque esto no quiere decir que en ocasiones no manifestara haberse sentido vapuleada, no sólo por ser mujer y joven, sino por haberse atrevido a tutear y criticar política y públicamente a los viejos líderes de la socialdemocracia alemana, representando el ala de izquierda y criticando la práctica parlamentaria cada vez más conservadora del partido alemán.

Llega a enfrentarse al autoritarismo de Lenin, pues está convencida que los asuntos del proletariado deben decidirlo ellos mismos. Afianza unas bases muy sólidas de su pensamiento. Lo que más resaltaría yo de éste es que fue una gran defensora de la "fraternidad internacional" de la clase obrera, frente al nacionalismo de los partidos de izquierdas que ese momento estaba emergiendo. El tema de la huelga se convertirá también en una cuestión esencial que la obligará poco a poco a adoptar posturas cada vez más radicales y críticas. Considera la huelga como el arma privilegiada contra la guerra. Sus discursos pacifistas y públicos contra la guerra, el militarismo y a favor de la fraternidad internacional se suceden. A pesar de los alegatos contra la guerra y contra el patriotismo desenfrenado, el grupo parlamentario socialdemócrata vota los créditos de guerra. En 1916, junto con otros militantes funda la Liga Espartaquista, que actúa prácticamente en la ilegalidad.

Rosa será encarcelada en muchas ocasiones y en uno de sus arrestos junto a Karl Liebknecht, disparan sobre ellos, perdiendo la vida con 47 años. En 1925, la III Internacional condena a Rosa Luxemburgo, provocando el más absoluto silencio sobre la vida, pensamiento y obra de Rosa.

Fue una mujer lúcida y luchadora y aunque Rosa no se sintiera oprimida en el plano personal, en sus relaciones con los hombres que la conocieron y amaron, sufrió, en cambio, una discriminación política indudable, como judía, como polaca y como mujer, discriminación de la que fue consciente. Si bien hay que empezar por admitir que Rosa Luxemburgo no fue nunca una feminista en el sentido moderno del término y constatar que siempre se negó a militar activamente en el seno de organizaciones femeninas, pero no quiere decir que el tema de la mujer militante le fuera indiferente. A través de sus cartas podemos ver cómo trata el tema.

Para ella la contradicción fundamental es la de capital y trabajo, no la del hombre y la mujer. Sus exigencias políticas están profundamente arraigadas no en el antagonismo entre el hombre y la mujer, sino en el abismo social que separa a la clase de los explotados de la clase de los explotadores, es decir, en el antagonismo entre el capital y el trabajo. Su misma concepción de la revolución es lo que es capaz de acabar con todas las opresiones existentes (de clase, nacionales y sexuales); y que la mujer tiene una gran capacidad revolucionaria en cuanto que es mujer proletaria, estableciendo un anatagonismo entre la mujer burguesa y la mujer obrera. Considera que el partido, o la organización obrera es el único vehículo capaz de canalizar la el cambio de todos los sectores sociales oprimidos, incluidas las mujeres.

Considera que en todos aquellos distritos en que existe una fuerte organización obrera se debe a las mujeres pues son ellas las que se encargan de distribuir la propaganda, ese arma tan importante para el movimiento obrero. Considera la importancia de luchar por el voto femenino y que conseguirlo debe ser responsabilidad común de clase, de las mujeres y de los hombres del proletariado. Consideraba que el Estado actual negaba el voto a las mujeres obreras y sólo a ellas porque le temía y consideraban que podía ser una amenaza para las instituciones tradicionales. Sin embargo, si se tratara del voto de las damas burguesas, el Estado Capitalista lo considerará como un apoyo para la reacción. La mayoría de estas mujeres burguesas, se alienarían como dóciles corderitos en las filas de la reacción conservadora y clerical si tuvieran derecho al voto. Las mujeres de la burguesía no son más que co-consumidoras de la plusvalía que sus hombres extraen del proletariado. Y los consumidores son a menudo mucho más crueles que los agentes directos de la dominación y la explotación de clase a la hora de defender su derecho a una vida parasitaria.

Para ella, sólo la mujer militante, proletaria era capaz de acceder a la categoría de ser humano, pues sólo la lucha, la creación de una nueva cultura, el formar parte de la historia de la humanidad, nos convierte en eseres humanos.

Para la mujer burguesa su casa es su mundo. Para la proletaria su casa es el mundo entero, el mundo con todo su dolor y su alegría, con su fría crueldad y su ruda grandeza. La proletaria es esa mujer que emigra con los trabajadores de los túneles desde Italia hasta Suiza, que acampa en barracas y seca pañales entonando canciones junto a rocas que, con la dinamita, vuelan violentamente por los aires. Como obrera del campo, como trabajadora estacional, descansa durante la primavera sobre su modesto montón de ropa en medio del ruido, en medio de trenes y estaciones con un pañuelo en la cabeza y a la espera paciente de que algún tren le lleve de un lado para otro. Con cada ola de miseria que la crisis europea arroja hacia América, esa mujer emigra, instalada en el entrepuente de los barcos, junto con miles de proletarios hambrientos de todo el mundo para que, cuando el reflujo de la ola produzca a su vez crisis en América, se vea obligada a regresar a la miseria de la patria europea, a nuevas esperanzas y desilusiones, a una nueva búsqueda de pan y trabajo.

Sí quisiera resaltar como abordan el tema del Amor Libre. Otro tema también muy tratado al hablar de la mujer. Lenin en correspondencia con una militante dice lo siguiente: prácticamente es una reivindicación burguesa y no proletaria. Considera que es una interpretación burguesa la concepción del amor libre como liberación de la seriedad en el amor oo en la procreación. El amor libre no es tomar y dejar amantes todos los días, pues eso es prostitución libre con todas sus repugnantes y lógicas consecuencias. En este sentido aconseja contraponer el matrimonio pequeño burgués, que es en muchos casos un contrato sin amor a lo que debiera ser el matrimonio proletario con amor, y un amor de libertad y de lucha. Detrás de este tema estaba el de la sexualidad. Lenin critica la excesiva discusión de los problemas sexuales en los círculos de discusión y lectura y argumenta lo siguiente: Me parece que esta exhuberancia de teorías sexuales, que en su mayor parte no son más que hipótesis, y no pocas veces hipótesis arbitrarias, brota de una necesidad personal, de la necesidad de justificar ante la moral burguesa, implorando tolerancia, las aberraciones de la propia vida sexual anómala e hipertrofiada. A mí me repugna por igual ese respeto hipócrita a la moral burguesa y esa constante insistencia en la cuestión sexual. Por mucho que se las dé de rebelde o revolucionaria, esta actitud es, en el fondo, perfectamente burguesa. Es en realidad una tendencia favorita de los intelectuales y de los sectores afines a ellos.

CORRIENTE SOCIALISTA

Para el caso de España, el PSOE, cuando comienza a tratar específicamente el tema de la mujer lo hace desde la línea reformista y socialdemócrata que los partidos socialistas europeos habían entrado a partir de los años 70 del siglo XIX, consolidándose con la II Internacional. El programa mínimo siguiendo una línea claramente electoralista fue precisamente el tema de la concesión al voto de la mujer lo que mayor interés suscitó entre los miembros del partido y dedicaron un número considerable de artículos al tema en los órganos de prensa socialista. Además de ésto procuró establecer un programa de reformas laborales en cuanto al trabajo de la mujer, prohibiendo todo trabajo poco higiénico, reivindicando un salario igual a todos los trabajadores de uno u otro sexo. Abogaban por una protección especial de la obrera embarazada con su período de descanso pagado.

Las elecciones a Cortes de 1933 ( en ese mismo año las mujeres participaron en acciones contra la subida del pan y de las subsistencias, en distintas localidades de la provincia de Vizcaya, como Granada, Madrid, Almería, Málaga, Valencia, Bilbao y Murcia. Estas acciones consistían en asaltar vagones de trenes, camionetas, tranvías de carga para apoderarse de los comestibles que transportaban, así como a tiendas de comestibles, panaderías y almacenes para hacerse con los productos) constituyeron las primeras donde la mujer pudo hacer uso de su derecho al voto en unas elecciones legislativas. En su campaña electoral del PSOE puso mucho interés en conseguir el voto de la mujer y de este modo perfiló su táctica electoral. En ella destacó los siguientes puntos de actuación:

Nombramiento de mujeres como candidatas a las elecciones siempre y cuando reunieran las condiciones necesarias. Impulsar la propaganda entre las mujeres. Incluir a una mujer entre los oradores de los mítines electorales aunque tuviera que leer su discurso.

La base de la propaganda socialista se centraba a dos factores: la mejora de las condiciones legales de la mujer y la protección de la familia frente a la destrucción. Los slóganes políticos a las mujeres eran sintomáticos: ¡Mujer! Tu voto debe ser socialista. Por solidaridad con tu marido, por el futuro de tus hijos. Se insta a las madres a votar socialista para que los hijos no puedan acusar a las madres de haber impedido las mejora de su condición de vida.

En la campaña electoral de 1936, las elecciones llevaron a la victoria al Frente Popular y cinco escaños fueron ganados por mujeres: Margarita Nelken por Badajoz, Julia Álvarez por Madrid, Matilde de la Torre por Oviedo, Dolores Ibarruri Comunista) por Oviedo y Victoria Kent por Jaén (de Izquierda Republicana).

A partir del triunfo del Frente Popular se esboza un posible programa de cara a las mujeres: Resucitar las leyes en torno a la paternidad y capacidad jurídica de la mujer que habían quedado en el terreno de proyectos en las Cortes Constituyentes. Humanización de la vida de la mujer trabajadora. Limitación de la Jornada de trabajo de la ama de casa . Acabar con el aislamiento de la mujer dedicada al trabajo doméstico. Concesión de salarios suficientes a las mujeres trabajadoras. Preocupación, por parte del Estado y de las organizaciones obreras, por los hijos de los trabajadores.

CORRIENTE CRISTIANA

La anarquista Teresa Claramunt publicó un artículo en el que venía a decir que lo primero que tenía que hacer la mujer era liberarse de las cadenas de la religión. Creo en cierta manera que no tuvo muy en cuenta la realidad, porque la mujer obrera mantenía una gran espiritualidad, tenía un gran sentido de Dios, que es lo que le llevaba a mantener la lucha de una manera permanente.

La mujer cristiana obrera tenía una gran conciencia de lo universal, de lo social, del mundo obrero y de la lucha, con los valores que esto conlleva de sacrificio, humildad (que no quiere decir ser humillado, sino que es considerado como una virtud de las más importantes, pues la humildad es la primera etapa para aceptar la transformación de nuestra persona y sobre todo convertir el pensamiento hacia un pensamiento solidario. Hoy día muy pocos queremos transformar la mentalidad) y pobreza identificándolo con la fraternidad-igualdad, y la Justicia. La fuerza de la mujer obrera es que tiene una gran capacidad para el sacrificio, sacrificio silencioso hecho con toda sencillez, la que se dá gratuitamente sin miras egoístas. Quien no ha visto a una mujer obrera que después de estar harta de trabajar, pasar noches enteras junto a la cama de una vecina enferma o quitarse de comer para dárselo a los hijos de su vecina. Era muy frecuente que muchas mujeres se pusieran a limpiar escaleras o trabajar como criadas para dar ese dinero a la asociación obrera. La libertad de la mujer supone la total promoción de la mujer como persona y su aportación a todos los sectores de la sociedad, es una condición de la libertad humana, que lleva a la solidaridad universal, con todas las mujeres e incluso con toda la humanidad. La característica fundamental de la mujer obrera cristiana fue la pobreza, en ningún caso identificada ésta con la miseria. Aportan a la historia la solidaridad porque entendían que la Justicia, la nueva sociedad sólo podía ser implantada desde el compartir lo necesario para vivir. Tenían un gran sentido de la vida porque su vida transcendía a un gran sentido de Dios. La militante obrera lleva en su carne y su corazón toda las inquietudes de la clase obrera. Es la mujer que ha sido capaz de preocuparse de los otros prenscindiendo de ella y de sus propios problemas. La que trabaja sin esperar el éxito, la que se dá gratuitamente, negarse porque todo lo que somos, valemos y podemos es en los demás.

A través del testimonio oral y escrito que nos legan consideran que la lucha social en el campo obrero debía poner en relación con todos los ambientes y obliga a todas las personas: tanto hombres como mujeres. En este sentido habría de tomar conciencia de los deberes en el trabajo, el barrio, la familia; obrar teniendo en cuenta que no somos individuos aislados y nos obliga, nos fuerza a preocuparnos sobre el bien común, a vivir la comunidad de bienes de toda clase: materiales, intelectuales, morales y espirituales. La militante obrera por fidelidad debe intervenir activamente en la promoción del bien común por afectar éste a todas las personas que forman la familia humana. Es deber nuestro el trabajo activo en la resolución de todos los problemas que se plantean en el mundo del trabajo y nuestra presentación en todas las instituciones que surgen dentro y alrededor de él. Se tenía mucha conciencia de exigir el que se considerase la dignidad de la persona, respondiendo a los deberes que tiene el obrero y no a los derechos. Este responder a los deberes nos lleva a la acción y el compromiso de por vida. Este compromiso lo adquiere la mujer aunque no trabaje fuera de la casa.

La promoción de la mujer requiere: una toma de conciencia de los valores personales, que le confieren su propia identidad; una responsabilidad colectiva con respecto a la importancia de su papel político y social, mediante una progresiva formación y la adquicisión de un mayor sentido de la asociación como fuerza de cambio. Consideran la cultura como el mayor instrumento para su liberación. Las mujeres trabajadoras sufren esclavitudes porque encuentran graves dificultades para dominar, dirigir su propia existencia. Sienten la necesidad de dominar la propia vida, ser dueña de sí misma, del mundo exterior, del porvenir

CONCLUSIONES

Cuando existe un sistema en el que lo social, económico, político y cultural es injusto, en donde las estructuras y las instituciones van contra la persona, el cambio no puede plantearse desde lo parcial, sino desde lo global y desde la raiz, yendo a las causas que generan la opresión. Tanto el hombre como la mujer tienen el deber de luchar por el cambio de sociedad y plantearse la dignidad como personas y no como sexos.

La clave de la liberación del hombre y de la mujer está en el PROTAGONISMO, en la PROMOCIÓN, es el derecho de organizar y dirigir sus propios asuntos, promoviendo el bien común. De esta manera su vida se convierte en una marcha hacia la libertad

La mujer ha pasado a la historia del movimiento obrero como la madre de la Solidaridad, sin su capacidad de resistencia y de lucha no habría habido movimiento obrero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario