domingo, 26 de febrero de 2012

ORIGENES DEL COOPERATIVISMO


Las cooperativas nacieron bajo la influencia del socialismo asociacionista de inspiración cristiana. En 1831, el socialista cristiano Buchez había expuesto en el Journal des sciences morales at politiques cómo concebía el funcionamiento de una cooperativa de producción. Bajo la inspiración de Buchez, en 1834 cuatro obreros fundan, en París la primera cooperativa de producción bajo el nombre de Assosiation chrétienne des Bijoutiers en doré. La primera cooperativa de consumo que ha tenido éxito, sale a la luz en Rochdale, arrabal de Manchester en 1844, cuando 28 obreros tejedores fundan la Sociedad de Pioneros Igualitarios de Rochdale.

He aquí las cuatro célebres reglas de Rochdale establecidas para defender la autenticidad cooperativa:
Pioneros de Rochdale, orígenes del cooperativismo obrero
1) puerta abierta, es decir, toda persona que lo desee es libre de unirse a la cooperativa; 2) poder democrático, es decir, un hombre equivale a un voto; 3) repartición de los beneficios entre los miembros a prorrata de sus operaciones; 4) limitación de la tasa de interés. En fin, en 1864 en Heddendorf (Renania), el burgarnaestre Raíffeisen crea la primera cooperativa de crédito para libe¬rar a los campesinos de la usura.

En las Confesiones de un revolucionario (1.849), Proudhon había ya hablado de la participación de todos los asociados en la dirección de la empresa y en los beneficios. En La capacidad política de las clases obreras (1.865) , Proudhon hace de la mutualidad y la reciprocidad la base de la nueva va democracia. En cuanto al Estado, él no rechaza su injerencia, pero únicamente para velar por la educación económica y social de la clase obrera.

El favorable juicio que Proudhon concede a las cooperativas obreras impregna parcialmente el texto presentado a propósito de la cooperación al Congreso de la I Internacional en Ginebra en 1.866. Sin embargo conviene recordar que los autores de este texto consideran que la cooperación por sí misma es capaza de provocar una transformación social en profundidad y que ésta debe ir acompañada de una toma del poder político.

He aquí el juicio de la I Internacional sobre el movimiento cooperativo:

a) Nosotros reconocemos el movimiento cooperativo como una de las fuerzas transformadoras de la sociedad presente, basada en el antagonismo de clases. Su gran mérito está en mostrar prácticamente que el sistema actual de subordinación del trabajo al capi tal, despótico y depauperante, puede ser sustituido por el sistema republicano de la asociación de productores libres e iguales.

b) Pero el movimiento cooperativo limitado a las formas microscópicas de desarrollo, que pueden producir por sus combina¬ciones esclavos asalariados individuales, es impotente para trans¬formar el mismo la sociedad capitalista. Para convertir la produc¬ción social en un vasto y armonioso sistema de trabajo cooperativo no serán jamás realizados cambios de las condiciones generales de la sociedad sin el empleo' de las fuerzas organizadas de ésta.

Entonces el poder gubernamental, arrancado de manos de los capitalistas y terratenientes, debe ser manejado por las clases obreras mismas.

c) Recomendamos a los obreros alentar la cooperativa de producción antes que la de consumo. Esta toca solamente la superficie del sistema económico actual, aquélla ataca su base.

d) Recomendamos a todas las sociedades cooperativas consagrar una parte de sus fondos a la propaganda de sus principios, tomar la iniciativa de crear nuevas sociedades cooperativas de pro¬ducción y hacer propaganda tanto por la palabra como por la prensa

e) Con el fin de impedir que las sociedades cooperativas degeneren en sociedades ordinarias burguesas, todo obrero empleado debe recibir el mismo salario, asocia¬do o no. Como compromiso, puramente temporal, nosotros consenti¬mos en admitir un beneficio mínimo a los socios.

HENRI ARVON. La autogestión. Voz de los sin voz. Madrid. Pág. 54

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