viernes, 17 de febrero de 2012

¿LUCHA POR LA EXISTENCIA O COOPERACIÓN POR LA EXISTENCIA?

Rodrigo Lastra

En 1859, hace ahora 153 años, se publicó El origen de las especies, en la que Charles Darwin lanzó una teoría científica para explicar el origen y el desarrollo de los seres vivos, basado en una serie de cambios graduales y accidentales que llamamos EVOLUCIÓN. Evolución que va desde formas primeramente más simples a formas cada vez de mayor complejidad. Acto seguido, lo que Darwin planteó con mucha lógica es cuál era el motor de esta serie de graduales cambios; y a través de la observación de la naturaleza y el comportamiento animal llegó a la conclusión de que el motor de esa evolución es LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA, POR LA EXISTENCIA, y elaboró la ley de selección natural. Visitando las aulas de los Colleges de Cambridge, donde estudió e impartió docencia el científico británico, se puede ver sintetizado su teoría en aquella inquietante afirmación: To eat or to be eaten. Comer o ser comido.

Darwin y Kropotkin
Esto, que en principio fue una teoría científica, que debía ser sometida a la crítica y a la discusión de la ciencia, con muchos indicios y mucha lógica pero como toda teoría que hace referencia al pasado con dificultades para su demostración, se difundió y se asimiló con inusitada rapidez. Además supuso (y supone) un ejemplo paradigmático de cómo una buena teoría científica, salta al plano político y se usa como basamento constructivo para muchas teorías ideológicas, filosóficas incluso económicas. Lo que era en principio una teoría para explicar el comportamiento de las especies animales se va aplicar automáticamente, apenas sin establecer ningún tipo de filtro, a la naturaleza humana. Es decir, trasladar la lucha por la existencia y la selección natural al ámbito histórico, otorgándole la categoría de motor de la propia existencia humana. Y es así como nació, especialmente por los discípulos de Darwin (Huxley principalmente) el darwinismo social, cuyos feroces hijos serán el capitalismo manchesteriano y el ignominioso racismo.

• El Capitalismo encontró en estas teorías la justificación perfecta para continuar y acrecentar la explotación del hombre por el hombre. Encontraron el soporte científico para la teoría de la libre competencia, en la cual la lucha de todos contra todos representa el único camino a la prosperidad. El dejar hacer, el no intervenir, dejar que las cosas fluyan, el laissez faire…. En el que todos compiten en “igualdad de condiciones”, pero en que se impone el más fuerte. Ese es su ideal de libertad. Esa libertad del liberalismo, es la libertad, como recordaba Rosa Luxemburgo, de la zorra libre en el gallinero libre.

• El nazismo encontró en la selección natural un filón, e hizo del grito vae victis, (Ay de los vencidos), un principio político que justificaba el exterminio de todo inferior en raza o condición.

• Por otra parte Marx consideraba que el evolucionismo darviniano formaba parte de la revolución social, en la que los nuevos fuertes (la dictadura del proletariado) impondría su ley a los nuevos débiles. Además le aportó las herramientas necesarias para no tener ya que recurrir a la teología ni a la transcendencia para explicar el mundo. Es así como se incorporó con entusiasmo el darwinismo al cuerpo doctrinal marxista.

Hoy, más 150 años después también se hace política y economía con el darwinismo ¿Cuánto hay hoy en día de comer o ser comido? ¿Cuánto hay de darwinismo social en echar la culpa de hambre a los propios hambrientos, porque son muchos, son corruptos, son analfabetos o viven en países con terribles sequías o no menos terribles desastres ecológicos, obviando las verdaderas causas de la miseria, la esclavitud y la opresión? ¿Qué pasa hoy si se pone en duda el darwinismo como motor de la existencia humana?

Pero por aquella misma época, unos años más tarde vio la luz un libro científico que se enfrentó, muy lúcidamente, a todo ese cuerpo teórico-práctico. Un libro que fue muy querido, amplísimamente difundido y leído por los pobres de aquella Europa, que constituía el poderoso movimiento obrero. ¿Cuánto hemos oído hablar hoy en los MCS de ese libro? El príncipe anarquista Piort Kropotkin, profundamente irritado por la publicación de un manifiesto darvinista titulado la lucha por la vida, un programa, en que vio expuestas las ideas sociales contra las que siempre había luchado, reaccionó contra él y se propuso refutarlos en una larga serie de artículos, que luego se recopilarán en un magnífico libro titulado: EL APOYO MUTUO, UN FACTOR DE LA EVOLUCIÓN.

No es un libro que escribe sólo, sino con la ayuda de muchos científicos que le aportan sus trabajos. En él, por capítulos, va haciendo un examen minucioso de las conductas de diferentes especies. Desde los escarabajos sepultureros al hombre, pasando por los cangrejos de las molucas, las libélulas, el halcón grifo, los roedores, los cánidos, las morsas, los jabalíes, los primates… No es un libro para negar la teoría de la evolución de Darwin. No niega que la lucha por la existencia y la selección natural existan y jueguen un papel muy destacado, pero el autor no permite que se les otorgue el privilegio de ser considerados el motor de la existencia animal y menos es motor de la existencia humana. Concluye que en todos los niveles de la escala zoológica existe vida social y cooperativa, y que a medida que se asciende en dicha escala, las sociedades animales se hacen más concientes de su motor comunitario. Frente a la lucha por la existencia, es la COLABORACIÓN POR LA EXISTENCIA el motor principal del ser humano, y aquel que hace avanzar la Historia en un sentido de progreso, hacía valores y metas cada vez más altos.

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Quién hace avanzar la historia es cooperación por la existencia. Después de hacer todo ese recorrido antropológico e histórico, el último capítulo del libro el Apoyo mutuo, a modo de síntesis, se titula: ESPÍRITU DE SACRIFICIO. Cuando le quisieron rebatir a Kropotkin, argumentándole que sus argumentos eran ingenuos pues se había escrito la historia como una sucesión de guerras, conquistas, tiranías y revoluciones, él les contesto que UNOS ESCRIBEN LA HISTORIA, Y OTROS LA HACEN. ¿Entre, guerra, conquista, revolución, quien construía la historia del día a día? ¿Cuantos libros ocuparía si se escribiera la historia del día a día, de cada hogar? Indudablemente, a poco que nos paremos a pensar, la historia la han escrito los que ganan, pero la han hecho los que pierden. Y esto es así desde el plano sociológico, institucional, al plano personal.

En el plano sociológico, pasa por reconocer que los pobres, los oprimidos, los que no se benefician de la situación SON EL MAYOR PODER DE LA HISTORIA y por tanto son la mayor fuerza de cambio. Se nos destaca siempre como se organiza el fuerte para establecer su primacía, pero muy pocas veces se piensa como se organiza el débil para defenderse. En el libro se destacan multitud de ejemplos demostrados científicamente. Un pato es mucho más débil que un halcón, pero una bandada de patos organizados y despegando en común de una charca ponen en peligro a cualquier rapaz. Un león es mucho más fuerte que el pacífico ñu, pero diez mil ñus huyendo en la misma dirección hacen temblar la tierra. En esas defensas comunitarias, es el que se aísla, el que se “despista” y se aleja del grupo, el que se hace víctima fácil de los depredaores. Y continua Kropotkin con el hombre: la ayuda mutua en las sociedades primitivas, bosquimanos, pagues, la comuna aldeana, los montañeros caucasianos, la justicia comunal, la ayuda mutua en la ciudad medieval, el municipalismo, las guildas, los gremios, las cofradías, las innumerables sociedades para la acción común entra la población más pobre de las ciudades… hasta llegar a las realizaciones del movimiento obrero. Todo ello jalonado por multitud de ejemplos solidarios del día a día, sencillos, minúsculos pero que son los que hacen respirable la vida y que por su propia naturaleza evidente y natural nos pasan casi siempre desapercibidos.

Kropotkin hace una síntesis superadora, pues considera, con acierto que lo societario, lo comunitario, lo solidario es innato al hombre. Para Kropotkin, como para Aristóteles, la sociedad es connatural al hombre. No es el pesimismo de Hobbes (el hombre es un lobo para el hombre) y la sociedad nace de unos que pongan orden (absolutismo) Ni el optimismo de Rousseau que dice que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que le corrompe y por eso se debe llegar a un pacto social (democracia burguesa)

Hoy se silencia el apoyo mutuo como factor clave de la evolución. Todos los libros que se han escrito sobre el tema de Atapuerca rezuman darwinismo social. Alguno llega al extremo de afirmar que en ese camino evolutivo darvinista la mujer se liberará de su lastre y errónea función reproductiva, y serán máquinas en laboratorios, previa selección celular, las que generaran al hombre y a la mujer. Pero ninguno puede negar los elementos solidarios imprescindibles para entender lo que el ser humano es: cuando hablan de que la fuerza del homo sapiens está en su colaboración y no en sus músculos, cuando hablan del lenguaje como instrumento de relación y que por tanto es en si mismo un cualidad solidaria del hombre. La habilidad lingüística no le aprovecha de nada a un humano solitario, sólo tiene sentido en el interior del grupo al que necesariamente pertenece. El lenguaje no es una propiedad del individuo, sino de la colectividad. Cuando se habla de que la Historia comienza cuando apareció la escritura. ¿Y qué es la escritura? ¿Qué finalidad tiene la escritura? El origen de la historia está en el momento en la que el hombre, toma conciencia de si mismo, es decir además de mirar hacía fuera para conseguir comida y evitar los peligros, comienza a mirarse a si mismo a su interior. Y descubre sus limitaciones, de su finitud: la principal, que nace y muere, es decir que antes que él estuvieron otros, y que después de su muerte le sucederán los siguientes. Y surge el lenguaje, y surge, la técnica, y surge la escritura para contar al otro, para transmitir un patrimonio de experiencia… y todo fruto del trabajo, de la solidaridad. La conciencia histórica es la solidaridad entre las generaciones. Kropotkin sintetizó este pensamiento magistralmente:

Cada máquina tiene la misma historia: larga historia de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones del obreros desconocidos que venían a añadir al primitivo invento esas pequeñas nonadas sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aún más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria. Ciencia e industria, saber y aplicación, descubrimiento y realización práctica que conduce a nuevas invenciones, trabajo cerebral y trabajo manual, idea y labor de los brazos, todo se enlaza. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en el conjunto del trabajo manual y cerebral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho asiste a nadie para apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir: «Esto es mío y no vuestro?

Hoy se cree mayoritariamente que tienen que existir locomotoras y vagones de cola, y que los designios de la historia deben descansar en grande personalidades que soporten las grandes responsabilidades, reservando para los demás, en el mejor de los casos un trato caritativo y en el peor la miseria. Y sin embargo EL MAYOR PODER DE LA TIERRA ES LA SOLIDARIDAD, ejercido multitud de veces en la historia por los pobres y sencillos. El problema es que muchas veces ni los mismos oprimidos lo saben. Es por eso que la primera labor es la de conciencia Conciencia para hacer evidente que el mundo sigue existiendo fundamentalmente por la labor sumamente eficaz y fecunda de los que a lo largo de la historia se han entregado por los otros, de los que han perdido, de los que pierden. En definitiva, por el protagonismo de los débiles sostenido en el apoyo mutuo

Es claro que hay lucha por la existencia y selección natural. Esto es innegable (no hay más que ver como nuevas técnicas eugenésicas están haciendo desaparecer a las personas con síndrome de down) Pero afirmar que es motor de la historia, científicamente es difícil de sostener y humanamente es antievidente. La lucha por la existencia genera miles de millones de víctimas, pero en el caso del terreno del hombre es un freno de la historia, y su motor la colaboración por la existencia. La historia humana está tejida sobre lucha por la existencia pero, simultáneamente, lo está también sobre colaboración por existencia, esfuerzos que muchas veces han supuesto luchas y renuncias, incluidas de la propia vida. La lucha por la existencia entre los hombres genera opresión. La colaboración por la existencia entre los hombres genera liberación.

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