domingo, 5 de febrero de 2012

La FNAC, de cooperativa obrera a templo del consumo

Por Rodrigo Lastra

La cadena de tiendas FNAC, de productos de cultura de masas,  situada en los mejores lugares de las cidudades más importantes del mundo, se ha convertido en uno de los templos del consumismo de principios del siglo XXI en el que muchos aragoneses pasan horas y horas.
Tienda fnac en Zaragoza, España

Lo que muy poca gente sabe, es que lo que hoy es un producto típico del capitalismo, nació siendo una cooperativa obrera. La cadena de distribución y venta de productos culturales y de ocio más grande de Europa se fundó en Francia por militantes obreros con forma de cooperativa. Abrió sus puertas en un piso de París en 1954 para ofrecer cultura a los obreros a precios mucho más baratos que los del mercado. Nació para poner al alcance de los que menos tenían la cultura, tan necesaria para los empobrecidos como el comer. Nació como heredero de ese movimiento cultural, verdadero impulsor de todo el movimiento obrero. De ese movimiento obrero en el que en cuanto se juntaban un puñado de militantes entusiastas, no construían un comedor, sino que compraban una máquina de impresión, editaban un libro, difundían un periódico, escribían un folleto, construían una biblioteca. Sin ese amor por la cultura proletaria que vertebró todo el movimiento obrero, hubiera sido imposible el sindicalismo, el cooperativismo, el internacionalismo… todo aquello que supuso avance y liberación.

Por eso no es extraño que la mayor multinacional de cultura actual tenga origen obrero… a costa de perder su alma y difundir hoy en día la cultura del mercado, la cultura burguesa que empezó combatiendo. Lo que empezó como cooperativa obrera, tiene cerca de 100 establecimientos en Europa, América y Asia con más de 10.000 asalariados. La cooperativa que empezó acogiendo a exiliados españoles para que trabajasen en ella, hoy explota a sus empleados, habiendo tiendas en las que se trabaja 7 días a la semana. En Francia existen huelgas importantes de trabajadores de la FNAC denunciando el trabajo precario. La empresa que bajaba los precios para los obreros, hoy pertenece al grupo PPR (Pinault-Printemps-Redoute), dueño, entre otras, de las firmas Gucci, YvesSaintLaurent o Balenciaga, lo más granado de la frivolidad y la ostentación obscena, propia de la cultura de los enriquecidos.

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