jueves, 9 de febrero de 2012

EL EVANGELIO DEL OBRERO

Entre las obras obreras más leídas por el proletariado en los años finales del siglo XIX  figuraba El evangelio del obrero del internacionalista español Nicolás Alonso Marcelau, en el que resalta el idealismo que se vivía en aquel incipiente movimiento obrero

Todos sois hermanos, y debéis manifestarlo con vuestra solidaridad, no solamente para romper juntos las cadenas que os oprimen y esclavizan, sino en las necesidades y fatigas que pasáis mientras dura la esclavitud. Agrupaos para formar la sociedad laboriosa y llena de virtudes. Amad a vuestros enemigos, dándoles la luz y la verdad, entregándoles una sociedad regenerada y purificada de tanto vicio; pero no creáis que ese amor consiste en dejarlos hacer su criminal voluntad haciendo así continuar la explotación y la tiranía; amadlos revolucionariamente, esto es, haciéndoles entrar en el camino del deber social, del trabajo y de la virtud.


Foto de los primeros internacionalistas
españoles. 1868

Entonces el Obrero fue llevado a las naciones para ser explotado por sus hermanos. Y habiendo ayunado infinidad de siglos, tuvo hambre. Y uno de sus hermanos explotadores, le dijo: si tu eres tan poderoso, puesto que como dices, todo lo produces, di a estas tierras que produzcan pan sin que yo te simiente ni un jornal. Más el obrero le respondió: No vivo sólo de pan, necesito libertad. Necesito lo que me has robado y entonces verás como de las piedras hago panes y transformo el mundo. (…)

Entonces el Obrero vio a dos hermanos trabajadores y les dijo, Seguidme, unámonos, agrupémonos a otros para predicar el reino de la Justicia: Felices vosotros, trabajadores y pobres de esta sociedad… Felices los que lloráis la injusticia social… Felices los que, esclavizados, padecéis por la tiranía y la arbitrariedad de esos que llaman tribunales de justicia… Felices cuando os maldijeren y os persiguiesen; gozaos y alegraos porque esa es una prueba de que no estáis conforme con la explotación existente. Lo mismo han hecho con los mártires de la Verdad (…)

Amaos los unos a los otros. Hablad siempre en verdad; como conviene a personas humanas, que aborrecen el orden social establecido, donde todo es mentira y farsa. Si algún hermano hace el mal contra vosotros, llamadlo cariñosamente y procurad atraerlo. Mientras tengamos, demos de nuestra miseria a nuestro hermano que tenga menos, esperando el día que todos tengamos el fruto integral de nuestro trabajo. Formemos cajas solidarias y colectivas; busquemos primeramente el Reinado de la Justicia, que todas las demás cosas se seguirán en abundancia. No os vanagloriéis de ser buenos, porque haciendo la virtud habéis cumplido vuestro deber. No condenéis en otros aquello que vosotros mismo ejecutáis. Antes al contrario, sed indulgentes con el que cae y procurad levantaros los dos a la altura que reclama la dignidad humana.

Los grandes de la Tierra tienen lujosos palacios y comodidades sin cuento, más el pobre Obrero no tiene donde reclinar la cabeza, su patrimonio es la miseria y el hambre, por todas partes tiene espinas y contradicciones, es tratado como leproso y apestado (…)

En aquellos días se reunían los padres de la patria y los doctores de la ley. Y sucedió que llegó al poder el sumo sacerdote Sagasta, y firmó la sentencia…

N. ALONSO MARCELAU, El Evangelio del obrero. 1872. Citado en C.E. LIDA, Antecedentes y desarrollo del movimiento obrero español. 1973.

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