martes, 7 de febrero de 2012

CHARLES DICKENS, 200 años.


Charles Dickens

Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Dickens, el gran novelista inglés del siglo XIX, que puso su magnífica pluma al servicio de los más humildes, describiendo con gran humanidad las condiciones de vida y de miseria del naciente industrialismo de la Inglaterra Victoriana. Sus descripciones de lugares, situaciones y personajes son inigualables para conocer como malvivían aquellos obreros, como se explotaba a la infancia o como las familias se hacinaban en condiciones infrahumanas en aquellas colmenas insalubres, hijas del capitalismo manchesteriano. En el fondo Dickensno no escribía más que lo que había sufrido en sus propias carnes. Nacio en una familia pobre. siendo todavía un niño, su padre fue denunciado por impago de sus deudas y encarcelado, por lo que a los doce años tuvo que ponerse  a trabajar, comenzando así su vida laboral, en jornadas diarias de diez horas en una fábrica de betún para calzado.
En homenaje suyo publicamos uno de sus textos en los que describe las ciudades en las que se desarrolló aquel naciente movimiento obrero:


“Era una ciudad de ladrillos colorados, o más bien de ladrillos que habrían sido colorados, si el humo y las cenizas lo hubiesen permitido; pero tal como estaba, era una ciudad de un rojo y de un negro poco natural, como el pintado rostro de un salvaje. Era una ciudad de máquinas y de altas chimeneas, de donde salían sin descanso interminables serpientes de humareda, que se deslizaban por la atmósfera sin desenroscarse nunca del todo. Tenían un canal obscuro y un arroyo que llevaba un agua enturbiada por un jugo fétido, y existían vastas construcciones, agujereadas por ventanas, que resonaban y retemblaban todo el santo día, mientras el pistón de las máquinas de vapor subía y bajaba monótonamente, como la cabeza de un elefante enfermo de melancolía. Contaba la ciudad de varias calles grandes, que se parecían entre sí, y de infinitas callejuelas aún más parecidas unas a otras, habitadas por gentes que se parecían igualmente, que entraban y salían a las mismas horas, que pisaban de igual modo, que iban a hacer el mismo trabajo, y para quienes cada día era idéntico al anterior y al de después, y cada año el vivo reflejo del que le había precedido y del que iba a seguirle”.


Charles Dickens. Tiempos difíciles. 1854.



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