viernes, 20 de enero de 2012

MOVIMIENTO OBRERO, apostoles de la idea en el anarquismo andaluz

Cena de interior, de Luis Graner
En el campo, en los albergues y caseríos, dondequiera que se reunían campesinos, « las habituales regocijadas conversaciones de varios asuntos, había sucedido el tona único, tratado siempre con seriedad y fervor: la cuestión social. En los descansos del trabajo (los cigarros) durante el día, y por la noche, después de la cena, el más instruido leía en voz alta folletos o periódicos que los demás escuchaban con gran atención: luego venían las peroraciones corroborando lo leído y las inacabables alabanzas. No todo se entendía; había palabras desconocidas; las interpretaciones eran infantiles unas, maliciosas otras, según los caracteres; pero en el fondo todos estaban conformes. ¡Cómo! ¡Pero si todo aquello era la verdad pura, que ellos habían sentido toda su vida, aunque no acertaban a expresarla! Se leía siempre; la curiosidad y el afán de aprender eran insaciables, hasta de camino, cabalgando en caballería, con las riendas o cabestras abandonados, se veían campesinos leyendo; en las alforjas, con la comida, iba siempre algún folleto... Es verdad que el 70 u 80 por 100 no sabían leer; pero el obstáculo no era insuperable. El entusiasta analfabeto compraba su periódico y lo daba a leer a su compañero, a quien bada marcar el artículo más de su gusto; después rogaba a otro camarada que le leyese el artículo marcado y al cabo de algunas lecturas terminaba por aprenderlo de memoria y recitarlo a los que no le conocían. ¡Aquello era un frenesí!

A las pocas semanas, el primitivo núcleo de diez o doce adeptos se había convertido en una o dos centenas; a los pocos meses, la casi totalidad de la población obrera, presa de ardiente proselitismo, propagaba frenéticamente el flamante ideario. Los pobres reacios, o por discretos o por pacíficos, o por temerosos de perder un buen acomodo, se veían acosados en el tajo, en la besana, en la casería, en la taberna, en las calles y plazas por grupos de convencidos que los asediaban con razones, con voces, con desdenes, con ironías, hasta decidirlos: la resistencia era imposible.

DIEZ DEL MORAL, Juan.  Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Alianza. Pág. 191-192


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