domingo, 22 de enero de 2012

LA MUJER, LA MADRE... la familia obrera

Para la militancia obrera que tuvo el doloroso privilegio de atravesar el heroico periodo del industrialismo a la modernidad, la mujer pobre, como representante principal de la Solidaridad tuvo un papel fundamental en el movimiento obrero. Papel mucha veces olvidado y otras muchas, desenfocado. Solidaridad que se generaba en la familia, solidaridad con la abundante prole, la principal fuerza del proletariado, solidaridad en la miseria, en la esperanza, en el silencio, en miles de gestos cotidianos de sacrificio, sin los cuales no hubiera existido esta Historia. Algún día, algún historiador haciendo merecida justicia, escribirá la importancia de la contribución femenina al movimiento de pobres asociado. Mujeres anónimas que, sacrificaron juventud, bienestar y hasta la propia vida, a un ideal que la mayoría de las veces no era el suyo y que en muchas ocasiones ni llegaban a comprender. Mujeres, madres, mayoritariamente madres cristianas de religiosidad profunda, que sin embargo compartían vida hasta el final con hombres que muchas veces se alejaron de la fe, unas veces por influencias foráneas al mundo obrero, y otras muchas por el escándalo de los propios cristianos.

Como olvidar, por ejemplo, las inmensas colas de mujeres enjutas, sin edad, que en las puertas de las cárceles esperaban con abnegada resignación la hora de comunicar a los presos y poder dejarles el mísero contenido de una cesta arrancado de la boca de sus hijos, de la suya, sin dar demasiada importancia al sublime y cotidiano sacrificio realizado. Voluntaria ofrenda que prematuramente llenaba de hilos de plata sus sienes y de irreparables grietas sus pulmones. Santas mujeres que, tras haber dejado sus juveniles pétalos por los caminos de la lucha social, se marchitaban lentamente sin lograr reunir los años suficientes para llegar a la vejez.

Rodrigo Lastra. Militantes obreros, srmblanzas. Voz de los sin voz. 2006. Pág. 9

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