domingo, 26 de julio de 2015

Zapateros revolucionarios: movimiento obrero y profesión

Eric Hobsbawn y Joan W.Scott

"The shoemaker"
Proverbios como «zapatero a tus zapatos», que se conocen en muchos países desde la antigüedad hasta la Revolución Industrial, indican precisamente esta tendencia de los zapateros a expresar opiniones sobre asuntos que deberían dejarse en manos de personas oficialmente ilustradas: 

«Que el zapatero se ocupe de los zapatos y que los hombres ilustrados escriban los libros»; «Los zapateros que predican hacen malos zapatos», etcétera. Desde luego, proverbios de esta índole son mucho menos comunes en relación con otros gremios. 

El radicalismo político de los zapateros del siglo XIX es proverbial. Historiadores sociales de diversas tendencias han descrito el fenómeno dando por sentado que no había necesidad de explicarlo. Un historia­dor de la revolución alemana de 1848, por ejemplo, sacó la conclusión de que «no era coincidencia» que los zapateros «tuviesen un papel dominante en las actividades del pueblo»
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Libro de Hobsbawn, donde se relata la intensa
 relación entre los zapateros y el movimiento obrero
En el siglo XIX los zapateros, como oficio, tenían reputación de ra­dicalismo en los tres sentidos. Eran militantes tanto en los asuntos propios de su oficio como en movimientos más amplios de protesta social. Aunque los sindicatos de zapateros estaban limitados a cier­tas secciones o localidades de un oficio muy nutrido, y sólo eran efica­ces de modo intermitente, estuvieron organizados a escala nacional bastante pronto, tanto en Francia cono en Suiza, por no hablar de Inglaterra, donde el sindicato de Londres, fundado en 1792, se amplió a escala nacional, según se dice, en 1794. los zapateros y los carpinteros fueron los primeros miembros de la Federación de Traba­jadores de la Región Argentina (1890), primer intento de crear un grupo sindical nacional en ese país. De vez en cuando organizaban huelgas a gran escala, y durante la monarquía de Julio se contaban entre los oficios más propensos a la huelga en Francia. También ocu­paban un lugar prominente en las multitudes revolucionarias. Existe abundante documentación sobre su faceta de activistas políticos. De las personas activas en el movimiento cartista británico cuyas ocupa­ciones conocemos, los zapateros formaban con mucho el grupo más nutrido después de los tejedores y los «trabajadores no especificados: más del doble de los trabajadores de la construcción y más del 10 por 100 de todos los militantes cuya profesión se describe. En la toma de la Bastilla, o al menos entre los que fueron detenidos por participar en ella, había veintiocho zapateros, los cuales sólo se vieron superados numéricamente por los ebanistas, carpinteros y cerrajeros; y ningún otro oficio les superó en los motines del Campo de Marte y de agosto de 1792. Los trabajadores que tomaron parle en la Comuna de París en 1871 y que sufrieron la mayor proporción de deportaciones, según señala Jaeques Rougerie, «por supuesto, como siempre, los za­pateros». Cuando en abril de 1848 estalló la rebelión en la ciudad alemana de Constanza, los zapateros aportaron con mucho el mayor número de amotinados, casi tantos como el total de los miembros de los otros dos oficios más propensos a amotinarse (los sastres y los ebanistas). En el otro extremo del mundo, el primer anarquista de quien se tiene noticia, en 1897, en una dudad provincial de Rio Gran­de do Sul, en Brasil, fue un zapatero italiano, a la vez que el único sindicato de oficio que, según los anales, participó en el primer Con­greso de Trabajadores (de inspiración anarquista) de Curitiba, en el Brasil, fue la Asociación de Zapateros.
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Ciertamente, su papel de portavoces y organizadores de los habitantes del campo en la Inglaterra decimonónica salta a la vista al estudiar los motines «del capitán Swing» de 1830 o el radicalismo político rural. Hobsbawm y Kudé señalan que en 1830 la parroquia dada al motín tenia por término medio de dos a cuatro veces más zapateros que la parroquia tranquila.
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Cuando la ideología adquirió una forma primordialmente religiosa, empezaron a reflexionar sobre las Escrituras y a veces sacaban conclusiones poco ortodoxas: fueron ellos quienes profetizaron, predicaron (y escribieron) el mesianismo, el misticismo y la herejía. En la era secular la mayoría de los conspiradores (en su mayor parte comunistas spenceanos) de Cato Street eran zapateros y la atracción que en ellos ejercía el anarquismo era notoria. modo más general, existe, al menos en inglés, un gran número de biografías colectivas de zapateros del siglo XIX, tal como, que nosotros sepamos, no se encuentra en ningún otro oficio.
El zapatero de pueblo
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La reputación del zapatero como filósofo y político popular es an­terior a la era del capitalismo industrial y llega mucho más allá de los países típicos de la economía capitalista. A decir verdad, a uno le da la sensación de que los zapateros radicales del siglo XIX desempeña­ban un papel que desde hacía tiempo se asociaba con los miembro» de su oficio. Los santos patrones del oficio, Crispin y Crispiniano (zapateros), su­frieron martirio porque en su taller de Soissons predicaban la hetero­doxia a sus clientes: en este caso la heterodoxia era el cristianismo bajo el emperador pagano Diocleciano. En el primer acto del Julio César de Shakespeare aparece un remendón a la cabeza de una mul­titud de descontentos que recorre las calles. Los oficiales que aparecen en la obra de Dekker Shocmaker’s Holiday, ejercido isabelino de relaciones públicas por cuenta de! «gremio apacible» de Londres, son característicamente militantes: amenazan con abandonar a su amo si no le da un empleo a un oficial artesano ambulante.
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E. P. Thompson cita el retrato de un «político de pueblo» que en 1849 escribió un satírico de Yorkshire: es, típicamente, un remendón, un anciano y el sabio de su pue­blo industrial: «Tiene una biblioteca de la que se enorgullece bas­tante. Es una extraña colección ... Hay en ella la “Pearl of Great Price" y "Cobbett´s Twopenny Trash ... "The Wrongs of Labour" y "The Rights of Man”, “The History of the French Revolution” y la "Holy War" de Bunyan... Su viejo corazón se calienta como cerveza con azúcar y especias, cuando oye hablar del triunfo de alguna revolución, de un trono derrocado, reyes que vuelan y prín­cipes dispersados por el extranjero ...».
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Los oficiales no se reunían solamente en los talleres, sino también en los caminos y en las posadas que hacían las veces de lugares de reunión donde empleos y ayuda se pedían y recibían de forma muy ritualizada. Abundaban las ocasiones para hablar de los problemas del oficio, de las noticias del día, así como para difundir información en general. En las ciudades más grandes, los zapateros, al igual que la mayoría de los demás artesanos, a veces vivían y trabajaban en ca­lles dedicadas especialmente a ellos. En los centros de fabricación de zapatos para el mercado, ya fuesen urbanos o rurales, no escaseaban otros miembros del oficio. A veces, como el trabajo requería poco es­pacio, varios trabajadores, según el sistema de puttingout, compar­tían un mismo taller. Hasta el más solitario de los zapateros había sido probablemente socializado en la cultura del «gremio apacible« alguna vez. En Es­cocia, por ejemplo, su santo patrón católico sobrevivió a la reforma calvinista con el nombre de «Rey Crispín, y en Inglaterra el Día de San Crispin se celebró como fiesta de los zapateros, a menudo con procesiones del gremio, hasta bien entrado el siglo XIX, o la resucitaban los oficiales con fines políticos, como hicieron en Norwich en 1813. A finales del siglo todavía estaba viva o era recordada en algunas re­giones puramente rurales. El temprano ocaso que en Inglaterra su­frieron los gremios y corporaciones organizados hace que semejantes ejemplos de supervivencia sean más impresionantes todavía.”
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El trabajo de un zapatero era al mismo tiempo sedentario y exigía poca fuerza física. Probablemente, en este segundo aspecto, era el trabajo menos pesado que podían hacer los hombres en el campo. A causa de ello, era habitual que a los chicos pequeños, débiles o físicamente impedidos los pusieran a trabajar en este oficio. En Loitz, Pomerania, «casi las únicas personas que se dedican a este oficio son lisiados o gente que no sirve pata el trabajo agrícola o industrial». De ahí la tendencia a que los zapateros de pueblo, ante la imposibi­lidad de ganarse la vida con su oficio, buscaran como segundo em­pleo. En 1813 una orden de reclu­tamiento naval norteamericana insistía en que se reclutasen «sólo hom­bres fuertes, sanos, capacitados. Pueden reclutarse hombres de ticos en calidad de simples marineros ... pero bajo ningún concepto se embarcaría sastres, zapateros o negros [sic] porque, debido a sus ocu­paciones habituales, raramente poseen fuerza física.
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Su trabajo podía combinarse fácilmente con el pensamiento, la obser­vación y la conversación, sugiriese alternativas intelectuales. Los za­pateros que trabajaban juntos en talleres grandes estuvieron entre los gremios (los sastres y los cigarreros son otros) que crearon la insti­tución del «lector»: los hombres se iban turnando para leer periódicos o libros en voz alta; o se contrataba a un viejo soldado para que leyera; o el chico más joven tenía la obligación de ir a buscar las noticias y leerlas.
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Era una profesión notoriamen­te poco lucrativa. Es difícil encontrar datos preindustriales, pero el cálculo correspondiente a un pueblo suavo del siglo XIX hace pensar que, a causa de la insuficiencia de la demanda, no era posible que un zapatero de allí fabricara, por término medio, más de siete pares de zapatos en un año, de modo que para la mayoría de ellos el oficio no sería más que una fuente de ganancias complementarias, y posible­mente fuera como tal que lo adoptaban. Así pues, la reputación de pobreza del oficio tenía una base sólida, aunque no están del todo claras las razones por las que tanta gente lo ejercía. Quizá lo expli­quen en parte la baratura del equipo básico y la posibilidad de ejer­cer el oficio en casa; quizá también lo explique el hecho de que los zapateros eran reclutados externamente, en vez de entre los artesanos en ejercicio y sus familias. Los impresores y los vidrieros restringían el reclutamiento a sus hijos, parientes y unos cuantos privilegiados ajenos a la familia; raras veces podían hacer lo mismo los zapateros. A resultas de ello, éstos no controlaban la entrada en su oficio ni el tamaño del mismo, y de ahí que tanta gente se dedicase a él.
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El zapatero de pueblo era un trabajador autónomo. Su negocio requería poco capital. El equipo era barato, ligero y portátil, y lo único que necesitaba era un techo modesto sobre su cabeza pata tra­bajar y vivir, en el peor de los casos en la misma habitación. Si bien este factor hacía de él un artesano inusitadamente móvil, no lo dis­tinguía de los que ejercían otros oficios. Lo que sí le distinguía era el contacto con gran número de personas humildes y su independen­cia de protectores, dientes ricos y patronos. Los agricultores depen­dían de terratenientes; los carreteros y constructores dependían de los encargos de agricultores y personas acaudaladas; los sastres servían a los ricos, toda vez que los pobres se confeccionaban su propia vestimenta. El zapatero también servía a los ricos, pues éstos le necesitaban; pero, en la mayoría de los casos, su clientela principal debía de estar entre los pobres, puesto que tampoco éstos podían pasarse sin él
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Por lo tanto, podía expresar sus opiniones sin correr el riesgo de perder su trabajo o sus clientes. Asimismo, se encontraba unido a sus clientes por lazos de confianza. Esto se debía en parte a que era probable que sus clientes fuesen sus deudores, toda vez que los trabajadores agrícolas y quizá los campesinos sólo pedían pagar con intervalos muy prolongados cuando recibían una suma global, por ejemplo, después de  recolección (en Pomerania el día de pago era el 25 de octubre, Día de San Crispín) o entre Pascua y Pentecostés, cuando se renovaban las contrataciones anuales. El zapatero tenía que confiar en sus clientes, pero éstos no tenían motivo para desconfiar.  A diferencia de tantos comerciantes con los que trataban los pobres —el molinero, el panadero, incluso el tabernero, que podían engañarles con el peso o la medida—, el zapatero producía un zapato nuevo o remandado que podía juzgarse en seguida y las variaciones de la cali­dad se debían con toda probabilidad, no al deseo de estafar, sino a variaciones de la habilidad del zapatero.  Así pues, el zapatero tenía licencia pata expresar sus opiniones, de las que no bahía motivo para desconfiar. Que dichas opiniones fueran heterodoxas y democráticas no debería sorprender a nadie. La vida del zapatero de pueblo era análoga a la de los pobres y no a la de los ricos y poderosos. No quería saber nada de jerarquía ni de organización formal. De ambas había bastante poco en su oficio y en muchos casos encontraba trabajo a espaldas y a pesar de los reglamentos de su gremio u oficio. Conocía el valor de la independencia y tenía abundantes oportunidades de comparar su relativa autonomía con la de sus clientes.
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Tam­poco es motivo de sorpresa encontrarlos entre las filas de sans-culottes y, más adelante, de anarquistas. En todos los casos la insistencia en los medios modestos, el trabajo esforzado y la independencia como soluciones de los problemas de la injusticia y la pobreza encontraba eco en la experiencia de los zapateros de pueblo. Buena parte de este razonamiento podría aplicarse también a otros artesanos de pueblo. Pero mientras que, pongamos por caso, el taller del herrero era ruidoso y su trabajo hacía difícil la conversación, el zapatero se encontraba situado estratégicamente para transmitir ideas de la ciudad y movilizar la acción. Su taller en el pueblo era un marco ideal para tal fin y cabe que unos hombres perspicuos que trabajaban a solas casi todo el rato se volvieran locuaces cuando tenían compa­ñía y podían hablar sin interrumpir su trabajo. El zapatero rural esta­ba siempre presente, con los ojos puestos en la calle, y sabía lo que pasaba en la comunidad, incluso cuando no compaginaba su labor con la de sacristán o con algún otro cargo municipal o comunal. Además, sus tranquilos talleres, así en los pueblos como en las ciudades peque­ñas, eran centros sociales, abiertos y dispuestos para la conversación todo el día. No es extraño que en la Francia rural de 1793-1794 los zapateros, jumo con los taberneros, «tuvieran, al parecer, una verdadera vocación por la revolución.
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Huelga decir que en un aspecto importante el taller del zapatero difería de la taberna como lugar de reunión. Los hombres se juntaban en grupos para beber, pero al taller del zapatero acudían de uno en uno o de dos en dos. Las tabernas estaban reservadas a los varones adultos, pero las mujeres o, más probablemente, los niños tenían ac­ceso al intelectual del pueblo. ¡En cuántas vidas de pueblo o de du­dad pequeña desempeñó el zapatero un papel como educador! Así, el Every-Day Book de Honc recuerda a «un anciano honrado que repa­raba mis zapatos y mi cerebro cuando yo era chico ... mi amigo el remendón, quien, aun no siendo metafísico, era dado a rumiar sobre la 'causalidad"». Prestaba al muchacho libros «que guardaba en el cajón de su asiento, con ... las herramientas de su “gremio apacible".

El zapatero era, pues, una figura clave en la vida intelectual y política de las zonas rurales: alfabetizado, perspicuo, relativamente in­formado, intelectual y a veces económicamente independiente, al me­nos dentro de su comunidad pueblerina. Se hallaba siempre presente en los sitios donde era probable que tuviera lugar la movilización po­pular: en la calle del pueblo, en los mercados, las ferias y las fiestas.
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 Como ya hemos señalado, los zapateros empezaron rápidamente a formar sindicatos militantes. Las raíces del sindicalismo, al menos en Gran Bretaña, eran profundas. La línea entre el trabajo artesanal y el asalariado, entre la militancia económica y la política, era aún lo suficientemente imprecisa como para impedir una clasificación excesiva. En Nartvich, condado de Cheshire, por ejemplo, un fuerte sindicato de este tipo celebró el Día de San Crispín de 1833 con: "una majestuosa procesión: el rey Crispín a caballo y ataviado con regias galas ... acompañado por encargados de sostenerle la cola vestidos apropiadamente. Los oficiales llevaban vestimentas propias de su rango y portaban la Dispensa, la Biblia, un par de es­feras grandes, y también bellos ejemplares de botas y zapatos para damas y caballeros ... Casi 500 se unieron a la procesión, cada luso llevando un delantal blanco pulcramente cortado.
El estandarte del sindicato, «emblemático de nuestro oficio, con el lema “Ojalá las manufacturas de los hijos de Crispín sean pisadas por todo el mundo"», despenó gran admiración. Una procesión gremial no hubiese sido muy distinta.
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El zapatero de pueblo compartía con sus honorables colegas urbanos la causa del pequeño artesano independiente. En defensa de dicha causa ofre­cía una crítica de la economía y del gobierno capaz de concentrar los agravios de otros trabajadores c incitarlos a actuar.
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Como hemos tratado de demostrar, el zapatero remendón como intelectual y filósofo heterodoxo de los trabajadores, como portavoz del pueblo llano, como militante gremial, aparece mucho antes de la Revolución Industrial, al menos si se acepta lo planteado en el presente artículo. Lo que hicieron las primeras etapas la industrialización o preindustrialización fue ensanchar la base del radicalismo de los zapateros, incrementando el número de zapateros y remendones y creando un nutrido grupo de trabajadores semiproletarios y empobrecidos, al menos de manera intermitente, de los que realizaban sus tareas fuera del taller. Muchos oficiales artesanos no tuvieron más remedio que abandonar el marco tradicional de las actividades y expectativas corporativas y desplazarse hacia la militancia sindical de los trabajadores cualificados.
Pero sobre todo, lo que hizo este periodo fue incrementar tanto el instrumental del radicalismo político como su repertorio de ideas, exigencias y programas. Las ideologías seculares-democráticas, jacobi­nas, republicanas, anticlericales, cooperativistas, socialistas, comunistas y anarquistas, ideologías de crítica social y política, se multiplicaron y complementaron o sustituyeron a las ideologías de la religión heterodoxa que antes proporcionaban el vocabulario principal del pensamiento popular. Algunas poseían mayor atractivo que otras, pero todas ellas tenían aspectos que concordaban con las experiencias de los zapateros, viejas o nuevas. También se multiplicaron los medios de expresar la agitación y el debate populares: periódicos y panfletos dedicaban más espacio a los escritos de los trabajadores-intelectuales y podían leerse y comentarse en el taller del zapatero. Y cuando el zapatero filosófico  se convirtió en el zapatero políticamente radical, la aparición de movimientos de protesta y liberación social, de un mundo puesto al revés por grandes revoluciones (intentadas, logra­das o anticipadas), le proporcionó un público muchísimo más amplio que le escuchaba, y quizá le seguía, en ciudades y pueblos. No es ex­traño que el siglo que empezó con la Revolución americana fuera la edad de oro del radicalismo de los zapateros.
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No caben muchas dudas de que el papel del zapatero disminuyó cuando el centro de gravedad del movimiento se desplazó hacía las industrias a gran escala (metales, minería, ferrocarriles...) y el empleo en el sector público...Entre los cincuenta y un ex artesanos que en 1951 fueron elegidos a la cámara francesa, había un solo zapatero (socialista) y aunque el Partido Socialista español tuvo a Francisco Mora, zapatero, como secretario durante un tiempo, la ocupación que dominaba de manera clara a ese grupo de artesanos era el ramo de imprenta.


Eric Hobsbawn. El mundo del trabajo. Estudio históricos sobre la formación y evolución de la clase obrera.  Crítica, Barcelona, 1987.

jueves, 2 de julio de 2015

CURSO HISTORIA DE LA ESCLAVITUD: la conquista de la libertad

Reflexiones sobre la historia, en cuanto a la liberación de la esclavitud y de la opresión; historia protagonizada por los pobres, y en las distintas fases de la civilización humana. Posibilidades solidarias que ha descubierto el hombre en distintas épocas par
Desde que el hombre es hombre, la lucha de la humanidad ha sido una constante conquista de la libertad. El curso de historia del Aula 2015 centra su foco en algunos acontecimientos muy representativos de esa sed de libertad que ha marcado nuestra historia común, en combate contra la inequidad y la barbarie.
El diálogo y las ansias de comprometerse en esta lucha por la libertad serán claves para el buen desarrollo de este fin de semana de historia.
CURSO: Historia de la esclavitud: La conquista de la libertad
Del 25 de julio a las 10 h. al 26 de julio a las 14 h.
RESPONSABLES: Rodrigo Lastra, médico y Jorge Bandín, profesor de historia. Militantes del Movimiento Cultural Cristiano.
ASISTENTES: Toda persona que lo desee y esté dispuesta a hacer el curso completo teniendo en cuenta los avisos generales.
METODOLOGÍA: Aportaciones de los responsables y colaboradores, trabajo de grupos y diálogos en común.
Día 25 de julio:
El cristianismo revoluciona la historia: SOMOS HERMANOS. Liberación y esclavitud en el mundo antiguo, por Guillermo Navarro, profesor de historia.
"La revuelta irmandiña": NUNCA MÁS SIERVOS, ansias de libertad en el mundo medieval, por Jorge Bandín, profesor de historia.
Trabajo en grupos, puesta en común y diálogo.
ZUMBI, construyendo UTOPÍA: Utopías liberadoras del mundo moderno, por Enrique Martínez Reguera, educador e historiador.
Zapateros revolucionarios: la ASOCIACIÓN, fraternidad y esclavitud en los albores de nuestra época, por Rodrigo Lastra.
Trabajo en grupos, puesta en común y diálogo.
Video tertulia.
Día 26 de julio:
La lucha por la libertad, la conquista del pan, por Rodrigo Lastra.
Trabajo en grupos y puesta en común.

lunes, 18 de mayo de 2015

El principio federativo: actualidad del pensamiento de Proudhon

Libro escrito por uno de los padres del anarquismo decimonónico, Pierre Joseph Proudhon, en 1863, en el que defiende la tesis de que no existen sistema puros de gobierno pero que el mejor, para él ,consistiría en el que equilibraba o armonizaba autoridad y libertad pero de tal manera que la primera quedara subordinada a la segunda, de tal forma que el Estado y la autoridad vayan convirtiéndose progresivamente en algo superfluo, con atribuciones limitadas. Es conocido nuestro autor por su enfrentamiento con Marx, al que consideraba creador de una nueva religión despótica, el socialismo llamado científico, que buscaba dominar y oprimir a los trabajadores en su nombre, gobernando a éstos por medio de decretos desde las alturas.


Lo que más se asemejaría a su ideal sería el sistema federal, el principio federativo. Es decir la asociación, pacto o acuerdo mutuo razonado entre individuos y comunidades. Contratos sinalagmáticos o bilaterales que obligan recíprocamente los unos a los otros y conmutativos en la cual la parte da o hace algo equivalente al que se le ha dado a ella.

Su idea es la armonía o equilibrio de contrarios, la unidad y la diversidad, la autoridad y la libertad, la centralización y la atomización o nacionalismo disgregador.

Su visión nos alerta del peligro de la creación y desarrollo de los Estados-nación que como se ha demostrado son una amenaza para la paz y la libertad de los pueblos y comunidades, ante las tendencias opresivas de éstos dentro y fuera de sus fronteras.

Un punto destacado de su obra es que defiende la descentralización no sólo política sino económica, a través de la idea de la federación agrícola industrial, poniendo los medios de producción en manos de las agrupaciones de los trabajadores del campo y de la industria, logrando conseguir la rotación de tareas, evitando la excesiva especialización o parcelamiento de actividades, alejándose del trabajo esclavo o asalariado...

Otro elemento interesante del Principio Federativo consiste en su escepticismo en cuanto a la existencia ya mencionada de sistemas perfectos o puros: así reconoce la limitación producida en muchas ocasiones de la autoridad en sistemas de monarquías absolutistas y regímenes burgueses, que acaban delegando funciones en otras personas ante la extensión de los territorios y la complejidad de la realidad, o bien para defender sus privilegios; mientras que movimientos populares defensores de la democracia, debido a una mezcla de ignorancia, inexperiencia, necesidades materiales, visión cortoplacista u otros elementos, acaban entregando el poder a un Tribuno o Líder mesiánico y demagógico, que acaba instaurando un gobierno cesarista.

Nuevamente la historia de muchas revoluciones, desde la francesa, a la rusa y otras, así como los partidos y movimientos populistas de ayer y hoy-Perón, Alvarado, Chávez y Maduro y otros actuales en Europa- le han dado la razón.

Para Proudhon el papel del Estado debe ser el de un iniciador o legislador de asuntos comunes, regulando algunos aspectos políticos y económicos, pero siempre definiendo su alcance todo lo posible, para no menoscabar la libertad de asociaciones y comunidades.

Algunas de sus ideas, por tanto, siguen siendo de actualidad, como su interés en la división o equilibrio de poderes-poco habitual en el mundo revolucionario-, la independencia administrativa o la federación de trabajadores, entre otras.

Su esquema, su ideal, puede servirnos para evitar dos tentaciones opuestas pero de consecuencias nefastas: tanto la de quienes apoyan la creación de un superestado mundial que concentraría un poder enorme y desconocido en la historia como la de quienes defienden la vuelta a la fragmentación en múltiples estados-nación pensando que éstos son más democráticos, y sus oligarquías mejores y preferibles a otras supranacionales; olvidando por ejemplo la reciente historia de Europa: sus dictaduras y sus dos guerras mundiales.

Aunque en su libro no menciona la necesidad de una federación mundial, la existencia de problemas globales haría necesario intentar pensar cómo crear algo parecido, cómo partiendo de lo local se llegue a lo internacional, evitando que la institución supranacional acabe concentrando el poder y eliminando el sistema federativo, la sociedad federal.

Los revolucionarios del hoy y del mañana tienen un terreno complejo que explorar y en el que pensar, siendo Proudhon uno de los pensadores a tener en cuenta.

Alfredo Carreras

http://alfrecarreras.blogspot.com.es/2015/05/el-principio-federativo-actualidad-del.html


domingo, 10 de mayo de 2015

NACIMIENTO DE LA UGT: ASOCIACIÓN O MUERTE

El Centro Obrero de Mataró pide al de Barcelona la organización del congreso OBRERO fundacional (de la Unión General de trabajadores, UGT) para acabar así con la dispersión del movimiento obrero. LOS OBREROS FUERON CONSCIENTES LITERALMENTE DE QUE, O SE UNÍAN, O SE MORÍAN DE  HAMBRE.
 
 
La UGT nacería en Barcelon un año después. En 1888
 
 

viernes, 1 de mayo de 2015

1º de mayo

Primero de mayo con playmobil               1º de mayo con playmobil
 Hoy de conmemoran 125 años de la celebración del primer día de mayo como día internacional del trabajo, en recuerdo de los miles de trabajadores que lucharon para conseguir dignidad en el trabajo, resumido en los 3 ochos. Es decir si un día tiene 24 horas, se pedía:

8 horas para trabajar
8 horas para descansar
8 horas para la cultura, la familia...

En recuerdo de aquellos trabajadores hemos hecho con los niños este sencillo homenaje con nuestros juguetes.

Podeis visitar nuestro blog 
www.menudashistoriasdegentemenuda.blogspot.com
Y por supuesto, que no trabajaran los niños. Esto aunque se ha conseguido en muchos lugares de la tierra, en otros muchos sigue siendo un sueño y por eso hoy como ayer hay que seguir luchando


Historia del 1º de Mayo en España 1900-1930

Recientemente un buen amigo me ha hecho llegar este libro cuya existencia desconocía. Se trata de un libro publicado por la UNED fruto de un gran trabajo de investigación que la autora , Lucia Rivas, realizó para su tesis doctoral. Sin duda la obra más exhaustiva y completa para conocer la historia del Primero de mayo en España. En ella, ademas de un muy buen trazado recorrido por la génesis y desarrollo de la historia de esta celebración obrera en todo el planeta, se hace un detallado recorrido por los diferentes actos y reivindicaciones llevado a cabo en las principales ciudades y pueblos de España. Los apéndice del libro son de gran valor para entender la geografía de las luchas proletarias en post de las 8 horas.

Cuestiones tan interesantes como que el 1º de mayo de 1539, reinando en Francia Francisco I se produjo la huelga de asalariados contra patronos más antigua que se recuerda por parte de los operarios tipógrafos de Lyon. O cómo la preocupación por las 8 horas de trabajo ya aparece en España de Felipe II, en 1593. Pasando por las reivindicaciones por las 8 horas décadas antes de los famosos sucesos de Chicago y cómo se produjo el posterior desarrollo en las diversas legislaciones mundiales a partir de 1886 y 1890.

El libro dedica diversos apartados a la evolución de las reivindicaciones de las diferente asociaciones obreras (socialistas, anarquistas, cristianas...), la actitud de gobiernos y patronales, así como las concreciones de las celebraciones, certámenes etc llevado a cabo por los obreros para conseguir sus objetivos.

Libro fundamental para entender la historia del primero de mayo en España

Rodrigo Lastra

jueves, 30 de abril de 2015

Helen Keller

Helen Keller
Helen Keller es mucho más conocida por ser una mujer sordociega que supero todo tipo de barreras, que por su compromiso social y político en el movimiento obrero. Helen Keller logró llegar donde nadie jamás habría pensado se podría llegar, y así abrir un mundo de posibilidades a las personas que les falta la vista y el odio. Y sin embargo fu su compromiso con los más oprimidos, con el movimiento obrero, la labor ala que con más fervor se entregó. Por eso Helen Keller es una de las figuras insignes del movimiento obrero. Recientemente unas amigas han presentado un libro con textos inéditos d Keller en español. Una gran aportación para descubrir a esa mujer del movimiento obrero. Desde aquí nuestro agradecimiento al Grupo de Investigación y Acción Helen Keller. A continuación ponemos el prólog del libro, que podéis adquirir en:

Durante siglos, escribir historia ha sido la dedicación favorita de abogados, clérigos, hombres de negocios y gentes de fortuna. Lo normal era que caballeros historiadores escribiesen para caballeros lectores. Y así, la mayoría de éstos tenían como finalidad  agradar a sus monarcas, y para ello daban  fe de los acontecimientos relatados.  Aunque a finales del siglo XIX, el estudio de la historia empezó a profesionalizarse y a ampliarse a  otros círculos sociales, esta tendencia a reproducir con exactitud la mentalidad e ideas de los que pagaban los estudios continuó de manera dramática. Como muestra tenemos a Leopold Von Ranke, el padre de la historia moderna, conservador, enemigo de las libertades individuales y sociales, defendía que la historia debía estar basada objetivamente en hechos, y los hechos reflejados en documentos. Pero como esos documentos los elaboraban y almacenaban fundamentalmente los fuertes, «la historia objetiva basada en datos» tendía a ser la historia vista desde los ojos del poder, conservador, antidemocrático, represivo, asesino
 
Sin embargo, y cada vez más, los últimos de la sociedad han sido muy conscientes de esta realidad de enmascaramiento de la verdad, y se han preocupado por dejar rastros de aquella multitud de hechos, ocultos por los académicos y sabios de cada época, que van conformando la historia y haciéndola avanzar hacia la solidaridad. Gracias a estos millones de vidas sacrificadas podemos hoy conocer un poco de la historia de los pueblos, la historia de la solidaridad.Ahí están las aportaciones hechas ya en el siglo XVII por Zumbi, ese esclavo que huye de una plantación de caña de azúcar en Brasil y funda, con sus compañeros, el llamado Quilombo de los Palmares. Se trata de una sociedad que sigue el modelo de la Utopía de Tomás Moro, una sociedad en lo más profundo de la selva pero que consigue un bienestar muy superior al de los propios colonos portugueses en las plantaciones de la costa. Conocemos a este hombre no porque los estudiosos de prestigio se hayan encargado de investigarlo, sino porque él decidió dejar fuente escrita, en el latín que se esforzó en aprender, de todo lo que los quilombos significaron en la lucha por la libertad.
 
En el siglo XVIII Thomas Paine, inglés, héroe de la revolución americana primero, impulsor de la revolución francesa
después, nos dejó su «Common Sense», una defensa de la libertad de asociación como un bien extraordinario para los empobrecidos de los siglos venideros. Éste, pese a ser uno de los libros más leídos de la historia política, no dejó ni un centavo a su escritor, quien renunció a los derechos de autor de todas sus obras desde el mismo momento de su publicación. Pero la historia de la solidaridad se impulsa en el siglo XIX con la formación y desarrollo del movimientoobrero. Una revolución social, política, económica y de mentalidad realizada por esa clase de personas que no aparecen en los libros de texto, en las explicaciones de profesores y académicos, ni en el aparato cultural dominante.
 
Es un movimiento de hombres y mujeres mayoritariamente anónimos que pusieron el bien común por encima del interés particular. Capaces de sacrificarse en la lucha por la justicia. Lo que estas personas hacen y piensan ha cambiado la cultura y la forma de  entender la historia.Es aquí donde se encuadra Helen Keller y su pequeña gran aportación a la historia de la solidaridad. Suele destacarse de Estados Unidos la política de su gobierno, caracterizada por su militarismo, la defensa de su expansión exterior, el uso de la mentira para convencer a los ciudadanos y el desprecio de normas básicas de respeto a la vida.Pero habría que distinguir entre pueblo y gobierno, que son cosas bien distintas. Estados Unidos tiene una historia riquísima de gente humilde que, organizadamente, intentaron e intentan hacer cumplir el preámbulo de la Constitución de 1787: «Los gobiernos son creaciones artificiales, creadas para servir los intereses del pueblo [...] Cuando cualquier clase de gobierno traiciona el fin para el que fue creado, es deber del pueblo abolirlo».
 
Evidentemente, los Padres Fundadores estaban pensando en Gran Bretaña cuando escribían esto, y no en los blancos pobres, obreros, negros esclavos o libres, indoamericanos, mujeres, niños esclavos... Pero muchas de estas personas en las que no pensaban y a las que no defendían se tomaron esta cita en serio y optaron desde 1787 por la desobediencia civil, entendiendo por ella la resistencia del pueblo a las leyes injustas, así como a aquellos actos de su gobierno considerados inmorales. Helen Keller fue una mujer que se enamoró del socialismo a partir del conocimiento del drama que sufrían los trabajadores, especialmente los industriales, con los que estuvo más en contacto. Le  impresionó mucho conocer barrios obreros en los que llegaban a vivir 45 personas por vivienda (una familia por habitación, y no tenían ni sistema de eliminación de residuos, ni lavabos, ni aire
fresco, ni agua). También fue influyente para ella el conocimiento de la solidaridad obrera entrando en contacto con personas que habían participado en la huelga de Lynn (huelga de zapateros que contó con la ayuda de toda la ciudad, incluidos los tenderos y comerciantes, que proveían de ropa y comida a los huelguistas) y a través de la amistad con militantes obreros, todos ellos socialistas y del Industrial Workers of the World (IWW), sindicato revolucionario con el que Keller cooperó, jugándose algo más que el prestigio.
 
A principios del siglo XX, el movimiento sindical estaba domesticado por el poder económico. Un gran sindicato, el AFL (American Federation of Labor), lo controlaba todo: sus representados tenían trabajos cualificados y buenos sueldos; no eran amigos de la huelga, sino de la concertación con los empresarios; no representaban a los que no estaban afiliados a su sindicato, que eran los que sufrían peores condiciones; no aceptaban a los negros en el sindicato; en definitiva, eran dóciles y un arma de los poderosos para controlar las ansias de justicia de los trabajadores. Ante esta situación los trabajadores necesitaban un cambio radical y empezaron a trabajar por un nuevo tipo de sindicato. Una mañana de 1905 se reunió en un local de Chicago una convención de doscientos socialistas, anarquistas y sindicalistas radicales de toda la geografía de los Estados Unidos. Estaban fundando el IWW. En esa fundación destacaron Big Bill Haywood (un líder de la Federación de Mineros del Oeste), Eugene V. Debs (líder del Partido Socialista) y Madre Mary Jones (mujer de 75 años y organizadora de Mineros Unidos de América). A todos los conoció Helen Keller.
 
Éstos eran contrarios a la discriminación (raza, sexo, habilidades), contrarios a concertar con el empresario, eran militantes y valientes. Y muy importante: el IWW nunca tuvo más de diez mil afiliados a la vez (poquísimo para la extensión del país), pero su energía, su persistencia, lo que inspiraban, su habilidad para movilizar a miles de personas en un lugar y un momento determinado, les hizo tener una influencia que iba mucho más allá. Viajaban por todas partes, pese a estar explotados y muchos en el paro, organizaban, escribían, hablaban, cantaban, y difundían su mensaje
y espíritu.El poder les atacó con todas las armas de que era capaz: los periódicos, los tribunales, la policía, el ejército y la violencia callejera. Las autoridades locales aprobaban leyes para silenciarles. El IWW desafió estas leyes: En Missoula (Montana), área minera y maderera, cientos de ellos llegaron en furgones, después de que a algunos se les hubiera impedido hablar en la calle. Fueron arrestados uno tras otro, hasta que abarrotaron las cárceles y juzgados, y, finalmente, obligaron a la ciudad a revocar su ordenanza anti-discursos.
 
Es sólo un ejemplo. Otros los presenta Keller en sus numerosos artículos en el New York Call, ese extraordinario periódico socialista, base de muchas investigaciones sobre el movimiento obrero estadounidense. Quien quiera saber de la matanza de Ludlow, la huelga de la lana de Lawrence o las huelgas de brazos caídos de los años 30 tendrá en sus escritos y en el IWW una buena fuente.La vida de Helen Keller ya no volvió a ser la misma, de tal manera que la búsqueda de la justicia y equidad fue lo que movió su compromiso en su denuncia de los Rockefeller en las tres primeras
décadas del siglo XX; su oposición a la Primera Guerra Mundial, respetando el acuerdo establecido en la Internacional Socialista y en el IWW; su lucha por la igualdad de mujeres y hombres, negros y blancos, estadounidenses y extranjeros; la denuncia de la especulación financiera que dará lugar al crack del 29; la denuncia del imperialismo que se escondía detrás de la Segunda Guerra Mundial; etc.
 
En definitiva, Helen Keller fue una mujer abierta al mundo, a los problemas del mundo, que fueron ocupando cada vez más espacio en su vida, de ahí que podemos afirmar que a Keller la define mucho más la lucha por la justicia que el papel que le otorgan los libros y cuentos, donde se destaca sólo su promoción personal, con la ayuda de sus asistentes (en especial de Anna Sullivan).Este libro es una buena noticia porque rompe con el modelo de heroína que, de la nada, y gracias a su valía personal y alguna ayuda, sale adelante y se convierte en un líder y modelo de conducta a seguir. Es el cliché que podemos ver en las biografías escolares y para adultos con Rosa Parks, Ruby Bridges, César Chavez, M.L. King, E.D. Nixon, Dorothy Day y con tantos y tantos estadounidenses que vivieron la vida asociada militante, pero son reinterpretados por el poder a través de sus lentes interesadas. En esta obra, por el contrario, queda evidenciada la grandeza de la solidaridad encarnada de quienes en verdad hacen la historia.
¡Ánimo pues!
 
Jorge Bandín Pérez y Magdalena Pérez de  Vallejo
Profesores de Historia y Economía
 

lunes, 13 de abril de 2015

LOS NADIES. Galeano. In memoriam

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Esta poesía, leída con apenas 15 años, hace ya unos cuantos, despertó en mi intensas inquietudes sociales. En memoria agradecida:


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano

miércoles, 25 de marzo de 2015

Mujeres de la clase obrera: Mother Jones


Mother Jones
La fotografía de la viejecita de cabello de nieve y rostro angelical se contradice con la descripción que hizo de ella un fiscal norteamericano que, en 1902, la tildó de ser “la mujer más peligrosa en Estados Unidos”.

Este letrado de los patrones mineros que prohibían las reuniones sindicales, remiten a la vida plena de jornadas heroicas y trágicas que transformaron a la maestra irlandesa Mary Harris en Mother Jones
.

Mary nació en 1830, en un hogar de militantes irlandeses; conoció el exilio muy joven, cuando su familia huyó al Canadá, donde obtuvo su título de maestra. Ya en Estados Unidos, después de trabajar unos pocos meses, renuncia al estricto convento donde dictaba clases, porque “prefería zurcir que mandonear a niños pequeños” y se mudó a Chicago, donde trabajó como costurera.
En 1861 se casó con George Jones, un obrero fundidor, con quien tuvo cuatro hijos. Junto a su compañero dará sus primeros pasos en la lucha proletaria. Pero seis años después, su marido y sus hijos mueren en una epidemia de fiebre amarilla y, en 1871, un incendio destruye su casa y la fábrica donde trabajaba. Esta tragedia moldeó su personalidad: Mother Jones, organizadora sindical, una gran oradora. La socialista Elizabeth Gurley Flynn, la definió como “la mejor agitadora de nuestra época”.
Mother Jones se incorpora a la organización semiclandestina Caballeros del Trabajo, que reunía a los sectores más explotados del movimiento obrero -entre ellos mujeres, negros e inmigrantes-. A partir de 1890, se suma a los esfuerzos de los mineros para fundar su propio sindicato. En 1904, ingresó al Partido Socialista y, al año siguiente, sería la única mujer entre los veintisiete firmantes del manifiesto fundador de la Industrial Workers of the World (IWW), que llamaba a organizar a todos los obreros y obreras industriales.
Los cambios sociales y económicos que sufría EE.UU. alentaban la lucha obrera. Los empresarios se llevaban millones de dólares a costa de la explotación más descarnada de hombres, mujeres y niños. Las condiciones laborales imponían mutilaciones, enfermedades crónicas y muerte. La voz de Mother Jones repicaba en las minas y las fábricas, se amplificaba en las luchas por la jornada de ocho horas. Cuando le preguntaban dónde vivía, decía “en cualquier parte, allí donde haya una lucha”. Solía compartir las precarias viviendas con los trabajadores, las carpas cerca de las minas, sin contar las estadías en comisarías, juzgados y cárceles.
En 1912, en medio de una violenta huelga minera, organizó un gran movimiento solidario, que incluía movilizaciones de esposas, hijos e hijas de los huelguistas, para rodear y presionar a los patronos.
Luego de ser arrestada, en 1913, por denunciar las duras condiciones de trabajo en las minas, fue sentenciada a veinte años de cárcel por conspiración. Pero su firmeza hizo que el senado del estado de West Virginia investigara las condiciones de las minas. Finalmente, fue liberada y absuelta para evitar mayores repercusiones.
Mother Jones murió a los 100 años. Su última voluntad fue que su cuerpo fuera enterrado en el cementerio del sindicato minero, al que le dedicó su apasionada vida de militancia obrera. El revolucionario León Trotsky, cuando leyó su autobiografía expresó: “¡Qué indefectible devoción hacia los trabajadores, y qué elemental desprecio hacia los traidores y arribistas que se encuentran entre los ‘jefes’ obreros!”.



Autor: Celeste Murillo

http://www.solidaridad.net/noticia/8698/mujeres-de-la-clase-obrera-mother-jones

jueves, 19 de marzo de 2015

LA COMUNA DE PARIS

Hoy hace 144 años, los trabajadores de París demostraron al mundo que una sociedad se puede gobernar por los de abajo y en beneficio de la mayoría. Intento práctico de Autogestión política.



martes, 17 de marzo de 2015

Cooperación en la selva


PABLO Herreros

No es cierta la idea de que alguien con una discapacidad o enfermedad grave
no puede sobrevivir en la naturaleza. En la entrevista que el Redactor Jefe de Ciencia de EL Mundo, Pablo Jaúregui, realizó al primatólogo Frans De Waal, éste le contó la anécdota de Peony, una chimpancé anciana que padecía artritis severa. El resto de los compañeros solían cuidarla y dar comida, con lo que vivió hasta su muerte sin problema alguno. Tampoco las minusvalías, como el caso de una macaca que nació sin extremidades, impidió que llevara una vida normal con el apoyo de sus congéneres. Lo asombroso es que no sólo pasó los días como cualquier otro primate de su especie, sino que también se reprodujo y tuvo varias crías. Pero contamos con evidencias de huesos de homínidos más cercanos en el tiempo al ser humano actual. La paleoantropóloga Ana Gracia ha analizado el cráneo de Benjamín o Benjamina, un niño de Homo Heidelbergensis que vivió en en la Sima de los Huesos (Burgos) hace medio millón de años. Benjamín nació con una enfermedad en el cráneo que acelera la fisura de los huesos del cráneo mientras el cerebro sigue creciendo. Suele provocar retrasos físicos y psicológicos. En la actualidad se opera mediante cirugía en los primeros meses de vida, pero los investigadores se quedaron sorprendidos de que Benjamín hubiera podido llegar vivo hasta la edad de diez años en aquel tiempo. Alguien tuvo que cuidarle. Otro de los casos más famosos es el de la pelvis (Elvis) y las vértebras de un anciano de Atapuerca, también en la Sima de los Huesos. Se constató que sufría problemas de espalda desde joven, lo que probablemente le impedía cazar o desplazarse. Algo fundamental para seguir vivo en aquella época en la que los grupos eran nómadas para perseguir a las manadas de ciervos o bisontes. Sólo el altruismo y la generosidad
del grupo pudieron mantenerlo con vida. "Este hombre o no se movía del sitio, o usaba un bastón, o recibía ayuda de otros, si comía carne era porque otros se la daban y si se desplazaba era porque otros le asistían", cree el investigador del Centro de Evolución y Comportamientos Humanos, Alejandro Bonmati.
Los arqueólogos de la Universidad de Camberra LornaTilley y Marc Oxenham,
han contabilizado 30 casos de este tipo publicados hasta la actualidad y están
convencidos de que investigar el cuidado de la salud en la prehistoria es uno de los elementos culturales más importantes de nuestra especie y reveladores en lo que respecta a la vida de nuestros antepasados. Por ejemplo, ambos han estudiado el cuerpo de un hombre en Vietnam de hace 4.000 años con una grave enfermedad congénita llamada el síndrome de Klippel-Feil. Este hombre (Burial 9), se quedó paralizado de la cadera para abajo y las extremidades superiores desde la adolescencia. En una época y lugar donde el sustento se conseguía mediante la pesca y la caza, por fuerza tuvieron que ayudarle porque vivió diez años más después de la parálisis. No hay duda de que el trabajo en equipo y el altruismo recíproco nos han facilitado la vida desde hace millones de años. De hecho, la ayuda mutua ha caracterizado la historia evolutiva de la vida de los Homo sapiens desde sus orígenes. El matiz es fundamental, ya que muchos animales vivimos en sociedades cooperativas y el resultado de trabajo de todos es mayor que la suma individual de las partes por separado. Gracias al grupo, otros resultados son posibles.
 
sociólogo, primatólogo y antropólogo Pablo Herreros Ubalde

viernes, 6 de febrero de 2015

Raíces del pensamiento social del Movimiento obrero: Padres de la Iglesia

El pensamiento social que se va gestando en los albores del siglo XIX, y que será el eje del  naciente movimiento obrero, tuvo en el cristianismo una de sus fuentes y raíces más importantes. La figura del apóstol, del mártir, del profeta, la noción de redención social, la simpatías de Jesús interpretado como gran reformador social, las simpatía por el comunitarismo del cristianismo primitivo, la idea de revolución inspirada en la fraternidad o en el amor, la concepción de un tiempo lineal dirigido hacia un futuro de transformación radical del mundo y la realización de la utopía.. habían impregnado los discursos,los escritos así como la vida de numerosos hombres y mujeres, que empezaron a concebir su lucha sociopolítica como un misión de carácter casi religioso. 

Hasta el ateísmo y el anticlericalismo que también anidó en el movimiento obrero usaba como principal argumento contra los cristianos y la "Iglesia oficial" el que se habían olvidado de sus raíces y que su testimonio no estaba a acorde con el mensaje que albergaba su doctrina. Doctrina, que en palabras  de Gerald Brenan "contenía dinamita suficiente para hacer saltar todos los sistemas sociales existentes en Europa". El patrón de medida para juzgar la moralidad o no de los actos del otro era precisamente la fuente de la misma religión que algunos combatían. 

Fue así, como muchos textos bíblicos y la patrística fueron fuente de inspiración.
Veamos aquí un brevísimo ejemplo de esta "dinamita" contenida en la patrística. Los que nos hablan con casi 18-17 siglos de distancia, no sólo son considerados Santos por la Iglesia Católica, sino que son considerado PADRES DE ESA MISMA IGLESIA. Otra cosa es que en las iglesias, tampoco se les saque mucho a relucir... pero ¿acaso hay también algún partido de la llamada izqierda que plantee lo mismo?