sábado, 5 de noviembre de 2016

El legado del anarquismo

Reproducimos un interesante artículo publicado el 1 de Noviembre en el diario el País por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/31/actualidad/1477917274_521217.html

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, sucedió un hecho trascendental e irrepetible: anarquistas entraron en el Gobierno de una nación


La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
a CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, cuatro dirigentes de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) —Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López— entraron en el nuevo Gobierno de la República en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un "hecho trascendental", como afirmaba ese mismo día Solidaridad Obrera, el principal órgano de expresión libertario, porque los anarquistas nunca habían confiado en los poderes de la acción gubernamental, su objetivo siempre había sido abolir el Estado, con su prédica del antipoliticismo y de la acción directa, y porque era la primera vez que eso ocurría en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nación: un hecho trascendental e irrepetible.

Desde que Giuseppe Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el movimiento anarquistaprotagonizó una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de huelgas e insurrecciones; de terrorismo y de violencia; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.
El anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraigó con fuerza en sitios tan dispares como la Cataluña industrial, en donde además, hasta la Guerra Civil, nunca había podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andalucía campesina. Si se convirtió tras la Primera Guerra Mundial, de forma extraordinaria, en un movimiento de masas —el único país de Europa en que eso sucedió— fue porque supo construir toda un red cultural alternativa, proletaria y campesina, de “base colectiva”. Pero como en ese recorrido le acompañó a menudo la violencia, su leyenda de honradez, sacrificio y combate, cultivada durante décadas por sus seguidores, fue siempre cuestionada por sus enemigos, a derecha e izquierda, que resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revolver.
Acabada la guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que no volvería a salir. Mas no fueron solo la larga dictadura y la represión las que se lo tragaron y le impidieron volver, renacer tras la muerte de Franco, para convertirse ya un movimiento residual durante la consolidación de la democracia. España experimentó desde la década de los sesenta cambios económicos importantes, con un notable impacto en la sociedad. La distancia existente entre 1939 y los primeros años de la transición parecía insalvable.
Había emergido una nueva cultura política y sindical. Se había impuesto la negociación como forma de institucionalizar los conflictos. Nuevos movimientos sociales y nuevos protagonistas habían sustituido a los de clase, a los de esa clase obrera a la que se le asignaba la misión histórica de transformar la sociedad. El proletariado rural había descendido considerablemente y ya no protagonizaba huelgas. El analfabetismo se había reducido de forma drástica y ya no era, como se declaraba en el Congreso de la CNT de 1931, esa "lacra (...) que tiene hundido al pueblo en la mayor de las infamias".
Los factores ambientales y culturales que habían permitido en épocas anteriores la apelación a mitos ancestrales y mesiánicos, eso que Gerald Brenan llamaba la "religiosidad al revés", fáciles de reconocer en el anarquismo pero también en otros movimientos obreros de tipo marxista, eran ya historia. Aquel Estado débil, que había posibilitado la ilusión y el sueño de que las revoluciones dependían solo de las intenciones revolucionarias de obreros y campesinos, se había mudado en uno más fuerte, eficaz e intervencionista. El consumo hacía milagros: permitía al capital extenderse y a los obreros mejorar su nivel de vida. Sin el antipoliticismo, y con obreros que abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, que preferían el coche y la nevera al altruismo y al sacrificio por la causa, el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir.
Pero, pese a que hoy el anarquismo sea solo historia, muy denigrada por otras ideologías y partidos parlamentarios, no hay ninguna duda de la validez y actualidad de algunos de sus planteamientos, como su crítica al Estado, al poder político y a las imágenes distorsionadas que siempre se transmiten desde arriba sobre el desorden y el espontaneísmo. Los anarquistas siempre pensaron que el Estado no podía hacer iguales a las personas y no parece que estuvieran muy equivocados, si vemos los resultados del comunismo en la Unión Soviética y en otros países. Nunca intentaron poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que también conocemos. No fue la historia del anarquismo un lecho de rosas, pero hubo en ella algo más que bombas y pistolas.
Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Budapest.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Melchor Rodríguez El ángel rojo

Película documental sobre Melchor Rodriguez recientemente estrenada
El ayuntamiento de Madrid acaba de aprobar por unanimidad poner el nombre de una calle de la capital de España al único alcalde que no la tenía: MELCHOR RODRIGUEZ. Por eso. Nos alegramos de corazón. Un hombre integró, un militante obrero, fiel a sus ideas hasta el final de sus días, pero que sin embargo esas mismas ideas no fueron causa dedivisión, sino de conciliación y reconciliación. Conocer su figura es hoy más importante que nunca. Ponemos en este post una semblanza suya que escribí hace ya unos años


Melchor Rodríguez nació en el sevillano barrio de Triana en 1893. Tempranamente se quedo huérfano de padre al fallecer este en un accidente en los muelles del Guadalquivir. El hogar desamparado de paternidad, quedaba reducido a la miseria y al trabajo de su madre, cigarrera y costurera en diversas casas sevillanas. Había de educar a tres hijos.

Melchor curso estudios primarios en la escuela del asilo. A los trece años trabaja como calderero. Envuelto en la pobreza, ve en los ruedos un camino para sacudirse la miseria, y movido por se afán abandona su casa y empieza una gira de capea en capea. En la enciclopedia taurina Cossio, se cita a Melchor como el único que alternó la lidia de reses bravas con las actividades políticas.

Pronto abandonará está experiencia y roto por una cornada, acabará en Madrid trabajando como chapista. Allí entra en contacto con los círculos libertarios, teniendo el carné nº 3 de la Agrupación Anarquista de la Región Centro, y llegando a ser el presidente del sindicato de carroceros. En las filas de la CNT comienza una lucha a favor de los derechos de los presos, incluso de los presos de ideologías contrarias,  lo que le hace merecedor de encontrarse tras las rejas en multitud de ocasiones a lo largo de la monarquía incluso durante la República.

Comenzada la guerra civil española, es nombrado director general de prisiones, pues conocía a los funcionarios de prisiones y las cárceles como su propia casa. Tomó posesión el 17 de noviembre de 1936.

Su valentía y humanidad van a ser decisivos para atajar los crímenes masivos que en nombre de las organizaciones obreras y de la llamada Revolución se estaban cometiendo en el bando republicano. En especial se muestra dispuesto a acabar con los asesinatos masivos que los comunistas, con el joven Santiago Carrillo a la cabeza, estaban llevando cabo en las cárceles de Madrid. Ante los horrorosos acontecimientos que descubre, se ve obligado a dimitir de su cargo. Pero el Gobierno que ya había huido a Valencia, no sólo no admite su renuncia, sino que le dan plenos poderes. Gracias a esto paraliza las masacres, y las cárceles dejarán de ser una pesadilla, para convertirse en un lugar seguro…hasta el 1 de marzo de 1937, en el que el nuevo gobierno del socialista títere de los comunistas, Negrín lo destituye.

 Apenas había durado tres meses en el cargo, pero ese tiempo había bastado para salvar miles de vidas, que desde entonces lo conocerían con el apelativo cariñoso del “ángel rojo”. Muchos de su correligionarios, sin embargo le acusaban de ser el ángel traidor, pues incluso en esos terribles años de ceguera sectaria, para Melchor, toda vida humana era sagrada. No le perdonaron que salvará a Raimundo Fernández Cuesta (nº 2 de Falange), a Muñoz Grandes (el general de la División Azul), a Javier Marín Atajo (diputado de la CEDA), a los hermanos Quintero (famosos comediógrafos)… En 1938 se jugó el cuello por permitir que en el funeral de Serafín Álvarez Quintero se exhibiera un crucifijo, cumpliendo la última voluntad del finado. Fue el único crucifijo que se exhibió en público en el Madrid rojo.

Pero el episodio, por el cual hasta la Asamblea de las Naciones Unidas le ha distinguido, sucedió el 8 de diciembre de 1936 en la cárcel de Alcalá de Henares: dos días antes se habían asesinado a los 319 presos de la cárcel de Guadalajara. Tras un bombardeo del ejército nacional en Alcalá, de nuevo la consigna se apoderó de las masas enfervorecidas: A la prisión, a no dejar un preso con vida. El alcalde y el director de la prisión se consideraron impotentes para frenar a la milicia de obreros. Cuando ya estaban a punto de abrir las celdas, se presentó Melchor dispuesto a parar esa locura. Se interpuso con su cuerpo, y gritando que sí alguien quisiera matar a un solo preso, primero tenía que acabar con él. Tras horas de discusión, amenazas de muerte contra él, y apuntándole todos los fusiles consiguió disolver a los violentos. Ese día salvó la vida de 1532 personas. Recibió el reconocimiento de multitud de embajadas de países europeos e Iberoamericanos, incluso de D. Juan de Borbón.

Tras su destitución por los comunistas  fue nombrado delegado de cementerios, trabajo que como todos los suyos, se tomó muy en serio. El mismo revisaba los nichos y sepulturas. Con la entrada de las tropas de Franco, y a pesar de disponer de coche, por su cargo oficial, se quedó en Madrid. En noviembre de 1939 fue juzgado por un consejo de guerra. Incluso el fiscal resaltó sus grandes virtudes cristianas. Pero la Injusticia franquista fue implacable. Condenado a muerte por Franco, la petición de clemenencia de muchos de los que había salvado, hizo que se lo conmutaran por 25 años a la sombra, de los que finalmente paso seis años de cárcel. Después vivió modestamente como empleado de seguros, rechazando toda ayuda económica. En una ocasión quisieron remunerarle por el acierto de Melchor en un slogan que anunciaba anís. No aceptó ningún cheque. Acogió en su modesto piso a un banderillero y su mujer, amigos de juventud que se habían quedado en la ruina.


Un día, al volver a casa, encontraron a Melchor desmayado y caído en el suelo, con una herida en la cabeza. Lo trasladaron al Hospital Francisco Franco, y allí fue a verle su amigo Javier Martín Artajo (Ministro de asuntos exteriores). Cuando Melchor recobró la lucidez charlaron largo rato. Martín Artajo llevaba una corbata con los colores anarquistas, y también un crucifijo. Al final de la conversación, Melchor Rodriguez besó la imagen. Descansó en paz en 1973. Su entierro, sencillo,  tuvo rango de funeral de Estado, con presencia de ministros, anarquistas, jerarcas del régimen, ex-presos de varias ideologías y supervivientes de las cárceles del 36. Sobre su ataúd cubierto con la bandera anarquista y con un Crucifijo, se rezó un Padrenuestro multitudinario y se cantó el himno anarquista, con la hermosa música de la varsoviana: “Negras tormentas agitan los aires…”

lunes, 12 de septiembre de 2016

EL PRIMER SOCIALISMO

Gian Mario Bravo (Torino, 1934) es catedrático de historia de las doctrinas políticas, historiador y fue decano de la Facultad de Ciencias Políticas en Turín. Preside la Sociedad Italiana de historiadores del pensamiento político. Se cuenta entre los principales estudiosos de Marx y Engels, y se ha ocupado principalmente de la historia del socialismo y el comunismo en la Italia del siglo XIX. Entre las lecturas de este verano, he disfrutado con su pequeña obra "el primer socialismo". Un ensayo muy clarificador para adentrarse en las raíces del socialismo moderno, temas sobre el que los historiadores del movimiento obrero suelen pasar de puntillas. A continuación os dejo unas citas del libro, que sirvan para despertar las ganas para leerlo:

CONEXIÓN CRISTIANISMO Y SOCIALISMO

Distintas corrientes del protosocialismo apelan a la religión o, en todo caso, a un cristianismo social, capaz de prender en las masas. El reclamo cristiano ejerce fuerza notable y atrae a gran parte del pensamiento protosocialista. Y ello acontece a pesar de que los diversos autores ortodoxos no se enfrentan a las iglesias reformadas ni mucho menos a la de Roma, sino que se limitan a ofrecer interpretaciones pro domo, en clave social, del Antiguo Testamento y sobre todo del Nuevo, de los Evangelios. Por contra en Inglaterra, y un preciso contexto histórico, hacia la mitad del siglo XIX, una cierta ortodoxia viene recuperada por los socialistas cristianos que están en contacto directo de un lado con sectores de la jerarquía anglicana en su acción social, y del otro con el tradeunionismo, cuyo "materialismo" denuncian, empero, así como critican igualmente el "racionalismo" de Owen y de otros exponentes del socialismo anticapitalista.

Especialmente el cristianismo primitivo, con su pathos minoritario y su tendencia la emancipación de los miserables y los esclavos, condensa las motivaciones ideales de partida. El concepto de "caridad", sin las resonancias tradicionales, es asumido y reivindicado con ánimo subversivo. Surgida del cristianismo primitivo, de la enseñanza de Jesús y los Evangelios, la caridad debe retornar, remozada, a entronizarse en las sociedades de vías de industrialización, configurándose un ay otra vez en instituciones asistenciales, de previsión, cooperativas, comunitarias etc., a las que tengan derecho todos los pobres, osea los trabajadores. Por otra parte, aun cuando los pensadores animados de espíritu evangélico no pretendan intervenir explícitamente en el problema de los límites al derecho de propiedad, afirman que es deber de quienes poseen bienes el ejercicio de la caridad, y no sólo voluntariamente, sino regulado por el Estado en interés común: se enciende aquí el debate sobre la beneficencia pública, con las primeras propuestas de configuración del Estado social. Todo ello puede ser llevado a cabo solamente en una sociedad de seres iguales, fundada en la justicia. El abad Félicite-Robert de Lamennais, antes uno de los portaestandartes del ultramontanismo, exige en pro de este objetivo, con bíblico y enfático lenguaje, paridad política y sufragio universal en La esclavitud moderna (1832) y Palabras de un creyente (1834), a fin de que el proletariado se valga de esos medios como camino hacia la emancipación.

Saint Simon, por otra parte, propone desde 1825, en su Nuevo Cristianismo, la visión de una religión social (tras la que se advierte su preferencia por las iglesias luteranas), que tenga en cuenta la fe individual y las exigencias materiales del individuo. Afirma también, empero, el principio de la contraposición social en la historia, y ne particular en la sociedad dominada por la propiedad privada de los medios de producción. En Nuevo Cristianismo, el pensador francés avanza las ideas relativas a la liberación del hombre-obrero respecto de su opresión material, a fin de obtener la emancipación empleando la religión como medio particularmente adecuado para conseguir ese objetivo, dado que la divinidad se manifiesta en la tierra a través de la justicia y la liberación del proletariado. La religión social es pues uno de los instrumentos que sirven para la organización en la sociedad de la "clase más numerosa" (la obrera), con independencia de todo influjo externo; los términos utilizados serán definidos pro demás, a comienzos de nuestro siglo, como "modernismo social". Como escribe Saint Simon: "la religión debe dirigir a la sociedad hacia el gran objetivo de la mejora más rápida posible de la clase más pobre".

La entera escuela sansimoniana está impregnada de religiosidad y de sugestiones cristianas (las más veces heréticas); de ello se originan tanto tensiones igualitarias como proposiciones industrialistas, con su ulterior traducción en la práctica. Cabe recordar a Philippe Buchez, que quiere poner en obra su peculiar concepción del cristianismo a través de la asociación obrera, utilizando la cooperación de producción y consumo y mediante una intervención directa en las primeras organizaciones de la clase obrera. En fin, junto a numerosos evangelizadores sociales, también Constantin Pecquuer (también de formación sansimoniana, pero más radical que otros epígonos) proyecta un sistema de fraternidad universal y amor social basado en el pacifismo, con un especia de doctrina de la no violencia en el marco de un sistema económico fundamentado en el trabajo(según aprecia Marx en sus Manuscritos económicos-filosóficos. !844) También el misticismo del citado Cabet tendrá no pocos puntos de contacto con un pensamiento cristiano relacionado dialécticamente con la Ilustración.

Pero también en el debate alemán de la época tendrá lugar una conexión explícita entre cristianismo y socialismo: De nuevo el exponente de mayor relieve es Weitling, que con sus seguidores y amigos mezcla comunitarismo, violencia verbal,instancias sociales y aliento revolucionario, siempre presente la imagen de Jesús que en el templo expulsa con "la espada" a ricos y mercaderes. En evangelio del pobre pecador (1843) se remite Weitling al cristianismo de los orígenes, utilizando ampliamente los Evangelios; humaniza al efecto la figura de Jesús, tras las huellas de cuanto estaba elaborado por entonces la izquierda hegeliana, y se aprovecha no tanto de las tesis materialistas y humanistas de Ludwig Feuerbach y Bruno Bauer cuanto las reconstrucciones de la heterodoxa vida de Jesús, de David Friedrich Strasuss. Al respecto, Jesús es visto como el primer revolucionario y el primer comunista de la historia dela humanidad. Significativamente, diversos parágrafos del libro tienen por título:"Jesús predica la abolición de la propiedad", "... de la herencia" "... del dinero", " ... de las penas"; o bien " el principio de la enseñanza de Jesús es la comunidad de trabajos y placeres", " El principio de Jesús es el principio de la Libertas y de la igualdad". A causa de estas afirmaciones, tenidas por blasfemas i irreligiosas, Weitling será juzgado en Zurich y condenado a la cárcel. Tras casi un año de detención, escapará a esa condena emigrando una primera vez, a través de Alemania e Inglaterra, a América.

Gian Mario Bravo

lunes, 15 de agosto de 2016

Apostoles y Asesinos

Uno de los libros que he leído este verano ha sido el libro "Apóstoles y Asesinos". Fantástica lectura, de aquellas que una vez empezada no puedes parar hasta acabarla.

Cuando salió en marzo de 2016 esta novela documental, o este magnífico documental novelado (pues de las dos maneras puede comprenderse) me sorprendió sobre manera. Yo había dedicado un año de vida al estudio de la figura de Salvador Seguí y de paso a estudiar el movimiento obrero catalán del primer tercio del siglo XX, y más concretamente el anarcosindicalismo. 

En la introducción del libro que escribí sobre Salvador Seguí lamentaba profundamente el gran desconocimiento que en nuestro país existe de figuras tan importantes como aquella generación de militantes obreros de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a quienes debemos entre otras cosas la jornada de 8 horas. En palabras de Antonio Soler, autor de este libro, "si Hollywood hubiera tenido acceso a esa Barcelona estaríamos absolutamente informados de quien eran el gobernador Martínez Anido, Salvador Seguí o Pestaña… como sabemos hasta los platos favoritos de Al Capone.

Por eso mi alegría fue doble: 

Primero por ver como un autor como Antonio Soler y una editorial como Galaxia Gutemberg dedicaba una extensa obra de más de 400 páginas a el Noi del Sucre, con lo que ello supone de dar a conocer aquella militancia.

Y segundo por descubrir, yo que pensaba que lo sabía todo de Seguí, un montón de cosas que desconocía. 

El libro está magistralmente escrito y magníficamente conducido. Capítulos, como el de la huelga de la Canadiense resultan absolutamente vibrantes. 

La exhaustividad del autor, el proceso de documentación que se deja notar a cada página y el aferrarse a los hechos históricos son de agradecer, a pesar que en algún momento de la lectura la profusión en los detalles de una época barcelonesa despiadadamente violenta resulten un poco áridos. 

En cualquier caso, tanto si se conoce la figura de Salvador Seguí y especialmente si no se conoce, lectura altamente recomendable.

lunes, 30 de mayo de 2016

145 años de La Comuna de París

No se puede escribir la historia de la Autogestión sin la experiencia de la Comuna de Paris
Experiencia que surge de un estado de guerra y que duró apenas dos meses. Durante estos días el pueblo de París vivió un hecho único hasta ese momento, emprendiendo reformas políticas inéditas. Bajo el nombre de la Comuna de París, nació una idea nueva, que no fue la idea de un filósofo o de un individuo, sino que nació en el espíritu colectivo y muchos que la realizaron y dieron la vida por ella, no se imaginaron que su aplicación práctica iba a ser tan importante en la historia de la Autogestión.
Por primera vez se vive una revolución con un marcado contenido y protagonismo obrero. Derrocaron el poder establecido, y consiguieron formar sus propios órganos de gobierno. La burguesía desplazada, reaccionó violentamente lo que explica la fuerte represión sufrida por los communards..
Es llamativo que en la historia, los intentos más conocidos de autogestión se dieron en momentos de vacío de poder, o en tiempos de conflictos armados y guerras.
Así tenemos realidades solidarias como los concejos castellanos que nacen en la Reconquista, la experiencia de los Kibbutzs de Israel, las reducciones de los jesuitas en Paraguay, las colectividades agrarias de Aragón…
Quizá no nos llamen tanto la atención otros pasos no menos importantes del protagonismo del pueblo en la construcción cotidiana por la conquista de la libertad: la jornada de ocho horas, el sufragio universal, la declaración de los derechos humanos, las libertades políticas de asociación y expresión…
Recomendamos leer libro
La Comuna : Experiencia de autogestión del pueblo de París
Autor: Mª del Mar Araus Segura
nº 739 Colaboración 0,90 euros
ed. VOZ DE LOS SIN VOZ
http://solidaridad.net/145-anos-de-la-comuna-de-paris/

domingo, 10 de abril de 2016

El anarcosindicalismo y la revolución rusa

Dos informe que realizó Angel Pestaña sobre su
experiencia en la URSS, y qu marcaran la postura
de  la  CNT respecto a la revolución rusa.
Editatos hace 45 años por la editorial ZYX
 y reeditados recientemente por ediciones
voz de los sin voz
En 1919, en el Congreso del Teatro de la Comedia el anarcosindicalismo español no tuvo acuerdo en cuanto a la propuesta de ingreso en la III Internacional, promovida por Moscú. Conviene recordar que la Revolución Rusa apenas tenía dos años de vida y los bolcheviques en un inicio habían usado una fraseología anarquizante, como aquella famosa de ¡todo el poder para los soviets! Los soviets representaban, en aquella Rusia mayoritariamente rural, la organización proletaria, el equivalente a nuestros sindicatos. En 1919, todavía no se habían destruido los soviets, ni habían sucedido acontecimientos tan reveladores como la aniquilación de los anarquistas ucranianos capitaneados por Makhno, ni el aplastamiento por Trotsky del reducto anarquista de Cronstadt. Estos hechos no se producirían hasta 1921.

Había confusión y en algunos sectores, nos recuerda Buenacasa, el resplandor del incendio ruso nos cegó en vez de iluminar­nos. Tomamos por antorchas inextinguibles lo que sólo fue una llamarada, seguida de venganzas ruines y de ambiciones partidistas desmedidas. Pero muchos de los asistentes al congreso, con Quintanilla a la cabeza, vislumbraron ya el grave peligro soviético. En consecuencia no había razón para comprometerse con el organismo mundial que les representaba. Sin embargo la ayuda soviética les era muy tentadora. Ante la falta de acuerdo, Seguí propuso la fór­mula intermedia de adherirse provisionalmente y enviar a tres observadores que comprobasen lo que ocurría en país eslavo. Se aprobó y se designó para esa misión a Pestaña, a Eusebio Carbó y a Hilario Arlandis. El 18 de diciembre concluyó el Congreso y los delegados volvieron a sus puntos de origen a continuar la lucha.

A principios de abril de 1920 Pestaña salió de España para asistir, como delegado de la CNT al II Congreso de la Internacional Comunista (Tercera Internacional) y a las sesiones preliminares de la Internacional Sindical Roja, en cumplimiento de los acuerdos del Congreso de la Comedia. A Pestaña se le daba por muerto y había pasado la frontera vestido de payés. Tuvo que viajar sin pasaporte y sin dinero, atravesando los países europeos perseguido por la policía y ayudado por la solidaridad de los grupos libertarios locales.
           
Finalmente llegó a Rusia. En medio de la atmósfera reverencial de las sesiones del Congreso, Pestaña fue uno de los escasos delegados que se enfrentaron a la línea impuesta por los comunistas y que luego escribiría en su famoso Informe de mi estancia en la URSS y en  Consideraciones y juicios acerca de la Tercera Internacional. En ellos narra todo tipo de corrupciones (cruceros, vodka, limpiabotas, muchachitas…) que manejaban los líderes comunistas, y cómo compraron a los representantes europeos: La mayoría de los delegados concurrentes al Congreso tienen mentalidad burguesa. Murmuran y maldicen que la comida es poca y mediana, olvidando que millones de hombres, mujeres, niños y ancianos carecen, no ya de lo superfluo, sino de lo estrictamente indispensable. ¿Cómo se ha de creer en el altruismo de esos delegados que llevan a comer al hotel a infelices mujeres hambrientas a cambio de que se acuesten con ellos? ¿Con qué derecho hablan de fraternidad esos delegados que apostrofan, insultan e injurian a los hombres del servicio del hotel?

Cuenta también la manipulación del Congreso, en el que no aparecían las modificaciones acordadas en los documentos finales y apenas se concedía diez minutos a los oradores para exponer sus desacuerdos y tiempo ilimitado a los oficialistas para defenderse. El espíritu combativo de Pestaña le llevó a discutir la afirmación de que fuese el partido comunista el artífice supremo de aquella revolución, reclamando la importancia de la intervención del pueblo. Fue una durísima crítica y un alegato por la libertad. A esta intervención de Pestaña, que duró apenas diez minutos porque se le retiró la palabra, respondió Trotski durante más de tres cuartos de hora, y al día siguiente Zinoviev durante media hora, lo que demuestra la repercusión de las palabras del obrero español en los líderes soviéticos. Antes de abandonar Moscú le recibió Lenin, al parecer por haber calificado al propio Wadimir Ilich Lenin, en un cuestionario de evaluación del Congreso, como autoritario y absorbente. Lenin le respondió: Libertad, ¿para qué?

Para el historiador y político conservador Ricardo de la Cierva, este episodio marca uno de los momentos más gloriosos de la historia del movimiento obrero español. Según informes del propio Congreso solamente dos compromisarios no habían aceptado dinero para el viaje de vuelta: Ángel Pestaña y el también español, Fernando de los Ríos, que iba en representación del Partido Socialista. Por los informes de ambos, la CNT y el PSOE no se adhirieron a la Internacional Comunista.

Los libertarios españoles fueron los primeros en desenmascarar en Europa a los nuevos zares, quienes, bajo el disfraz revolucionario, corromperían en el occidente muchas de las viejas corrientes solidarias y demolerían las viejas centrales sindicales mediante una política divisoria y represiva al servicio de los intereses exteriores del estado totalitario ruso. A Pestaña cabe el honor de haber sido de los primeros en denunciar lo que realmente era el comunis­mo: dictadura de un partido, ejercida contra todos los más partidos y contra el proletariado mismo, escribió en su informe. Esta prontitud en ver lo que lo que fue la realización comunista, honra profundamente aquellos hombres, pues 50 años después todavía medio mundo seguía embelesado con el marxismo soviético.

            Pestaña fue encarcelado al regresar a España y no pudo firmar su informe hasta noviembre de 1921.

Un hecho que relata el propio Pestaña al salir de la cárcel, evidencia el contraste con toda la corrupción que había vivido en Rusia: Puestos en libertad, no teníamos dinero para el regreso, y hube de pedirle a Mauro Bajatierra unas pesetas para completar lo que nos faltaba para el pago del billete. Los delegados de la CNT viajábamos entonces con tanta economía, que a veces, satisfecho el billete de regreso a Barcelona, el dinero que nos quedaba era insuficiente para los gastos de la comida. Tal austeridad y pobreza eran virtudes de aquellos sindicalistas que nos precedieron. Seguí, como la mayor parte de los que ejercían cargos de responsabilidad en la CNT, siempre viajaba en tercera y durante su estancia en otras localidades vivía de la solidaridad de los militantes. Era una nota de su autenticidad obrera y la manera de que la organización fuese auténticamente autogestionaria, pues evitaba los liderazgos a costa de la organización, teniendo siempre la base la última palabra.


Tan pronto como la CNT pudo reunirse nacionalmente (lo hizo en el Pleno de Zaragoza en junio de 1922), rompió completamente con Moscú, aprobando un documento que habían firmado conjuntamente Seguí y Pestaña. Esto les valió un odio cainita de los bolcheviques y de los escasos acólitos que consiguieron en España. Desde entonces las relaciones entre libertarios y marxistas serían literalmente a muerte. Un nuevo enemigo les había salido. Unos pocos cenetistas pro-bolcheviques, como Andreu Nin y Joaquim Maurín, no aceptaron el acuerdo y se fueron de la CNT para fundar años más tarde el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Peor suerte corrió el PSOE, donde los comunistas lograron mayor predicamento y consiguieron dividir al partido y llevarse un buen número de efectivos para fundar el Partido Comunista de España (PCE).

domingo, 6 de marzo de 2016

8 de Marzo, ¡Vivan las trabajadoras del textil!


Para muchas personas en todo el mundo el 8 de Marzo es un día para recordar a aquellas obreras textiles que en el invierno de 1857 salieron a las calles de Nueva York.

Se acerca el 8 de Marzo y, como cada año, los medios de comunicación dedicarán páginas, programas e informativos especiales dedicados al Día de la Mujer, dando cuenta de las múltiples iniciativas y actos que con motivo de esta fecha se realizarán a lo largo y ancho de nuestro país. Mientras, seguirán sin resolverse en los centros de trabajo, en la sociedad y en el mundo, discriminaciones, abusos, violencia hacia las mujeres. Queda mucho por hacer y por luchar.

Para muchas personas en todo el mundo el 8 de Marzo es un día para recordar a aquellas obreras textiles que en el invierno de 1857 salieron a las calles de Nueva York, y a las más de 15.000 que en marzo de 1908, medio siglo más tarde, marcharon por la misma ciudad al grito de “¡Pan y rosas!”, sintetizando la exigencia de mejora de sus condiciones de trabajo, de una jornada laboral de 8 horas, de igualdad salarial, cuestiones pendientes aún hoy en muchas empresas, y por el derecho de las madres a amamantar a sus hijos durante las 10 horas de trabajo. Y un día de homenaje a las 140 obreras que fueron asesinadas en la madrugada del 25 de marzo de 1911 al arder la fábrica textil Triangle Shirtwaist en la que trabajaban, porque los propietarios habían bloqueado todas las salidas.

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El 8 de Marzo es una buena fecha para reivindicar el trabajo de miles de mujeres sindicalistas luchadoras del textil y la confección de todo el mundo. Sindicalistas que han escrito páginas heroicas del movimiento sindical que en la mayoría de las ocasiones, injustamente, no consta en los libros. Luchadoras de ayer en los talleres e industrias europeas y de EEUU, que hoy siguen escribiendo sus luchas en el norte de África, en Asia, en las maquilas de Centro América, mujeres que son la principal riqueza de sus países, que tejen y cosen para las grandes marcas de la moda, que crean sindicatos y luchan por unas condiciones dignas de trabajo y de vida.


Este 8 de Marzo es una buena ocasión para recordar la gran  importancia que tuvieron para el movimiento obrero de nuestro país, y para los derechos de las mujeres trabajadoras, las duras huelgas que en los años 1976 y 1977 protagonizaron las más 6.000 trabajadoras de la empresa Induyco de Madrid en defensa de unas reivindicaciones tan antiguas, pero también tan actuales, como la mejora del salario y la reducción de la jornada, la creación de una guardería, el cobro del cien por cien del salario real durante el embarazo, la supresión de las categorías  profesionales discriminatorias, la igualdad salarial para trabajos de igual valor, el respeto personal y el fin del autoritarismo empresarial.
Y fue otro 8 de marzo, en este caso del año 1977, cuando se escribía otra página de la historia de la lucha sindical y por los derechos de la mujer. Ese día las cientos de huelguistas de Induyco, reunidas en asamblea en la iglesia de Moratalaz (Madrid), acordaban terminar su dura huelga que había durado más de un mes.
Las trabajadoras de Induyco protagonizaron una dura lucha en esta empresa que sembró una cultura sindical de diálogo y acuerdos que, con las crisis y problemas vividos en el textil, ha representado una referencia positiva para el conjunto de este sector industrial. Una semilla de la que brotó, durante décadas, una representación sindical que, desde una sólida afiliación a los sindicatos, ha sido un ejemplo de activismo por sus conquistas en favor de los derechos de la mujer y de compromiso con todas las luchas sociales.
Más allá de los actos institucionales que se celebrarán el 8 de Marzo, sería bueno no olvidar que empezó siendo el “Día de la Mujer Trabajadora”. Y con ello poner luz a las miles de luchas y al sacrificio de millones de mujeres trabajadoras de todo el mundo, protagonistas de la historia del movimiento sindical, que han quedado ocultas en demasiadas ocasiones, como una discriminación más hacia la mujer. Es una buena ocasión para renovar compromisos e impulsar nuevas iniciativas, desde la acción sindical, social y política, para la defensa de tantos derechos aún pendientes por conquistar en el trabajo y en la sociedad. Por esto, a la vez que hemos querido recordar como un ejemplo más entre muchos la lucha de las trabajadoras de Induyco por los derechos de la mujer, queremos gritar: “¡Vivan las obreras del textil! ¡Viva la lucha de todas las sindicalistas del mundo! 



martes, 16 de febrero de 2016

DIÁlOGO MILITANTES CRISTIANOS-MILITANTES LIBERTARIOS

¿Qué es la C.N.T.? Julián Gómez del Castillo 

Trascribimos la introducción de un libro escrito por José Peirats, el gran cronista del movimiento libertario español del siglo XX . Por motivos relacionados con la censura, tardó en publicarse, y no lo hizo hasta 1976 y bajo la firma de Julián Gómez del Castillo. Gómez del Castillo, militante obrero cristiano, mantuvo por aquellos años un intenso y fraterno diálogo con Peirats y otros personajes del movimiento libertario en orden de acercar posturas para proyectos comunes autogestionarios. Reproducimos por su interés la introducción hecha el mismo Julián


Hace ya más de siete años, en mis viajes propagando el ideal autogestionario entre los trabajadores españoles emigrantes, conocí en Toulouse a José Peirats, veterano militante confederal exiliado. No me resultó atractiva su persona en los primeros momentos, pero a medida que la conversación transcurría fuimos sintonizando en una serie de cuestiones y respetándonos en otras en que las opiniones eran encontradas. En sucesivos viajes continuaron los contrastes de nuestras ideas y preocupaciones.
Fue entonces cuando le pedí que me escribiera unas cuartillas sobre lo que era la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.), y a los pocos días las recibía en Madrid. La censura impidió la publicación entonces, y hoy ven la luz, como consecuencia de nuestra normativa jurídico-legal y la penuria de nuestros medios, bajo mi firma. Si he creído que aquellas cuartillas que un día escribió Peirats a petición mía, pueden ser un buen servicio a la clase obrera española. Este es el motivo que me ha llevado a publicarlas.
Pero es evidente que aquellos diálogos que empezaron hace más de diez años deben continuar ahora y a la luz pública. Los dos somos libertarios y por tanto enemigos de los secretismos que establecen cortinas de ignorancia entre los hombres. Los dos partimos del respeto mutuo y por eso no dudamos en la posibilidad del diálogo entre militantes obreros creyentes y ateos. Tenemos en común nuestro amor a la libertad del hombre; a la verdad, sin camuflajes; a la justicia, sin condicionantes de casta ni de grupo predestinado. Los dos hemos sufrido y luchado por nuestro ideal. Es demasiado lo que nos une para que no seamos capaces de entendernos y de respetarnos. Por eso planteo nuevamente el diálogo, esta vez en público.
Es hora de que difundamos lo que en común nos une, y una de esas cosas fundamentales que tenemos en común es la idea de que sin auto-gestión no tendremos al hombre libre en quien creemos y a quien queremos. En estos momentos de reestructuración de la Sociedad española, es hora de que todos los que creemos en la autogestión de la clase obrera por encima de todo dogmatismo ideológico y político, nos planteemos juntos la organización autogestionaria de esa clase, sin exclusión ninguna de nadie que noble y abiertamente desee el autogobierno y la autogestión de los marginados.
¿Por qué ha de ser anarquista o cristiano el sindicalismo autogestionario? La gran mayoría de los trabajadores ni son anarquistas ni son cristianos. ¿Por qué les hemos de imponer serlo? Ellos con su actitud vital e ideológica colaborarán con nosotros, y con todos los hombres, si somos capaces de aceptarles y respetarles como son, haciéndonos a los cristianos y a los anarquistas, responder cada día más a los problemas de su vida.
Es hora de poner barreras entre los distintos sectores humanos que intentamos ser autogestionarios. En la medida que antepongamos los diferencial a lo mayoritario que nos une, en esa medida estaremos siendo dogmáticos e inquisitoriales. Dejemos que la vida, la realidad, con su dinámica entusiasmante, nos haga a todos evolucionar en un proceso constante hacia posiciones superadoras, sin imposiciones de ningún tipo.
La autogestión no es exclusiva de ninguna ideología, ni de ninguna iglesia, ni de ninguna organización. Es algo íntimamente del hombre, de todos los hombres, y cuando ante un hecho así intentamos obrar con mentalidad de mercader acaparador y lo hacemos exclusivo nuestro, hemos empezado a ser opresores, a quitarle a los hombres lo que es de todos. Es, en definitiva, tomar esa posición reaccionaria que consiste en acaparar lo que no es suyo, en matar lo del común.
Además de que históricamente la autogestión es patrimonio del mundo del trabajo desde hace siglos, como Periats nos lo recuerda, la situación económica, social, política, cultural y religiosa de la España de hoy no es la del primer tercio de siglo.
Económicamente España es una sociedad neocapitalista. Estimamos que una diferencia fundamental con el capitalismo histórico y el neocapitalismo es el control del proceso científico-técnico que a plano universal realiza ese nuevo monstruo organizativo industrial que es la empresa multinacional.
Socialmente nuestro país es otro. Desde el fenómeno de urbanización y su oponente la desruralización de la sociedad, hasta el de la sustitución de la bicicleta por el coche, el país es diferente.
Políticamente asistimos para 2/3 de los españoles al estreno de la democracia burguesa, hecho que sucede a 40 años de dictadura, y la gran mayoría del país quiere vivir la democracia burguesa, con todos los cambios que la justicia demande, pero dentro de la paz o fuera de los cataclismos.
Culturalmente el sistema de producción exige la escolarización hasta los 16 años, pronto hasta los 18; las universidades han multiplicado sus alumnos por diez y la profesionalización obrera exige cada día mayores conocimientos técnicos.
Religiosamente ha habido un concilio que no fue de oportunismo; los treinta años últimos, en nuestro país, han registrado un cambio tan radical que llevaría a Cipriano Mera a decir que con cristianos así la guerra española no hubiera sucedido.
Es en esta sociedad, que no digo que sea mejor ni peor que la de antes, sino que es distinta, en donde los autogestionarios tenemos que situar nuestra acción.      
Pero es ante estos hechos históricos y, actuales, ante los que se impone la reflexión y el diálogo; diríamos que este se puede centrar sobre los siguientes puntos:
1º) ¿Exigen o no los hechos actuales, el lanzamiento de un sindicato autogestionario por encima de las ideologías parciales, aunque con respeto para todas?
2º) ¿Son sostenibles las premisas apolitizadoras de 1936, a la vista de la experiencia histórica y de la realidad actual, o más bien hay que ir a la instrumentalización de ellas desde el poder específico obrero organizado?
3º) ¿Por qué ha de ser anarquista un sindicato compuesto en su mayoría por no anarquistas? ¿No se obliga con ello a la aparición de un sindicato autogestionario y con ello a una nueva división de la clase obrera?
Estas y otras muchas preguntas hay que despejar antes de que sea tarde; pero sin duda nos unen muchas cosas, todas las que se desprenden de la pura aceptación de la libertad, la justicia, el socialismo y l autogestión. Tenemos el deber, TODOS, de ser consecuentes con ello sin hacer que pague las consecuencias la clase obrera ¿o es que pretendemos que la clase obrera sirva a nuestras ideas y nuestras ideas a la clase obrera?
El problema es histórico; se trata de tomar opción entre AUTOGESTIÓN Y AUTORITARISMO.
Te transcribo, lector amigo, los folios que un día me envió José Peirats.

sábado, 30 de enero de 2016

Cronología: Utopias Precursoras del Movimiento Obrero

1516: Se imprime en Lovaina la primera edición latina de la Utopía,de Tomás Moro (1478-1535), con el título: De optimo Reipublicae Statu deque nova insula Utopia libellus. Moro será Canonizado por la Iglesia Católica 4 siglos después, en 1935




1525: Es ajusticiado en Sajonia el monje Thomas Müntzer nacido hacia 1467), teórico del comunitarismo.

1602: Tomás Campanella (1566-1639), dominico calabrés, redacta en la cárcel La ciudad del Sol, que no será editado hasta 1623, en Frankfurt.


1623-1624: Francis Bacon /1561-1626) publica la Nueva Atlántida.





1700-1730: El cura Meslier (1664-1729), sacerdote francés redacta su Testamento, del cual editará extractos Voltaire en 1762, mientras que d´Holbach publicará El buen sentido del cura Meslier (1772)



1754: Jean Jacques Rousseau (1712-1778) publica el segundo Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres; posteriormente publicará el Contrato Social (1762)


1758: Gabriel Bonnot de Mably, El diácono y abate Mably, natural de Grenoble, publica los Derechos y deberes del ciudadanos, donde aboga por la tolerancia y la revolución como medio para luchar contra la esclavitud

1769: Dom Léger-Marie Deschamps (1716-1774), benedictino y rousseaniano, publica las cartas sobre el espíritu del siglo y El verdadero sistema, o clave del enigma metafísico y moral. Su concepción igualitaria y anti-colonialista sorprendio e influenció a enciclopedistas como Diderot

viernes, 15 de enero de 2016

500 años de utopía

Este años 2016 se cumplen 500 años de la publicación el libro Utopía de Santo Tomás Moro. Precursor del socialismo primigenio (llamado precisamente utópico) y de otras utopías  con las que tanto soñó el movimiento obrero. Veamos algún elemento del autor y de la obra:



La palabra utopía a día de hoy es usada en español, inglés y multitud de otros idiomas para referenciar lugares, sociedades o ideales considerados como inalcanzables. Buscando la etimología de la palabra, tenemos que irnos al griego antiguo, donde utopía significa literalmente no lugar. Entonces, ¿de donde sale la acepción moderna? Eso se lo tenemos que agradecer en exclusiva a una persona y un libro.

I: Thomas More
Thomas More, también conocido por los castellano hablantes como Tomás Moro, nació el 7 de febrero de 1478 en Londres. Desde joven estuvo muy ligado a la iglesia católica, y si bien nunca optó por ordenarse como sacerdote o ingresar como monje en algún monasterio, sí pasó largas temporadas dentro de los monasterios y conventos como laico. Gracias a ello recibió una formación envidiable para la época.
Su educación le permitió ser un humanista, filósofo, político, teólogo, pensador y escritor admirable, y todas esas facetas se juntaron al escribir De optimo rei publicae statu deque nova insula Utopia (Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), un libro en el que habló sobre la Inglaterra de su época, y la comparó con la sociedad que vivía en una isla ficticia a la que dio el nombre de Utopía.
Si bien el nombre de la isla ha trascendido hasta nuestros días como sinónimo de algo perfecto, ideal e inalcanzable, Thomas More nunca lo expresó directamente en su libro. La descripción que hace More de Utopía en la segunda parte del libro es exhaustiva, y aún a día de hoy sigue llamando la atención por los conceptos tan innovadores que tuvo para la época en la que se escribió.

II: Utopía
El origen de la isla de Utopía, a diferencia de todas las islas conocidas en la época, era artificial. El rey Utopo ordenó cavar una fosa con la que dio forma de media luna a la isla. Entonces, dividió la isla en 54 ciudades-estado, nombrando capital a Amaurota. Pero la grandeza del libro no está en la isla en sí, sino en los conceptos innovadores de su sociedad.

En la isla de Utopía no existía el concepto de propiedad privada. Todos los bienes de la comunidad se guardan en almacenes, y la gente va pidiéndolo a medida que los necesita. Además, todo el mundo tiene derecho a una casa, que es igual para todos los habitantes de la isla.

 

Todos los habitantes de la isla, independientemente de su sexo, han trabajar como agricultores en el campo. El resto del tiempo lo dedicarán al trabajo para el que hayan elegido ser formados. Todos los habitantes visten el mismo tipo de ropa, sin ningún tipo de atributo que pueda marcar la más mínima diferencia entre unos y otros.

Cada habitante de la isla podía elegir cuando poner fin a su vida, pudiendo ser ayudado para ello por cualquier otro habitante. El divorcio está permitido, pero no así las relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales, las que son penalizadas con el celibato forzado por el resto de la vida. Los hospitales son gratuitos para todos los habitantes.

 

Cualquier habitante de la isla puede elegir su propia religión, y a qué dios adorar. La única norma relativa a las creencias es respetar las creencias del resto. Incluso el ateísmo está permitido, aunque la sociedad desconfía de él, ya que al no creer en nada después de la muerte, el miedo al castigo eterno no puede pararlos de romper las normas de la comunidad. Incluso todos los habitantes de Utopía comparten los mismos rezos válidos para todos los dioses.

 

El líder era elegido por los habitantes de la isla, aunque sólo pueden votar los hombres mayores de edad. Entre cada 30 familias, eligen a un sifrogrante. Todos los habitantes de una ciudad eligen a cuatro candidatos. De entre estos cuatro candidatos, los 200 sifrograntes de la ciudad eligen al príncipe, que se convertirá de forma vitalicia en el máximo mandatario de la ciudad. El príncipe sólo puede perder su cargo en caso de que se demuestre que es un tirano.
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