miércoles, 17 de diciembre de 2014

El padre de la Economía, contra la lotería

Manuel Trillo



«Cuantos más billetes se compran, más probabilidades hay de perder». Hace 234 años, el escocés Adam Smith, considerado el padre de la ciencia económica, ya advirtió de la «ridícula confianza» que tienen los hombres en «su buena suerte» y que les lleva, entre otros comportamientos, a jugar a la lotería.

Un niño de San Ildefonso extrae uno de los premios en el sorteo del Gordo.
Mucho antes de que los estadísticos actuales demostraron la escasa lógica de la lotería de la ilusión que este año llevará a los españoles a gastarse más de 3.000 millones de euros en el sorteo de la loteria de Navidad, Smith ya recogió en 1776 en su célebre «Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones», más conocido como «La riqueza de las naciones», sus objeciones hacia este tipo de juegos de azar.
Como parte de su discurso sobre salarios y beneficios en los diferentes empleos del trabajo y el capital, Smith arremete: «La petulante presunción que el grueso de los hombres tiene sobre sus propias capacidades es un mal de vieja data, subrayado desde siempre por filósofos y moralistas. La ridícula confianza en su buena suerte, en cambio, ha sido menos destacada. Y sin embargo es, si cabe, todavía más universal. No existe hombre alguno que no participe de ella, si está en condiciones aceptables de salud y de ánimo».
A su juicio, en este sentido, «todo hombre sobrevalora en cierta medida sus posibilidades de éxito y la mayoría subvalora sus posibilidades de fracaso».

«No existe una lotería justa»

Adam Smith, a quien se conoce también como el fundador del liberalismo económico, cree que «el amplio éxito de las loterías demuestra que la probabilidad de ganar es naturalmente sobrevaluada». «El mundo no ha visto nunca ni verá jamás una lotería perfectamente justa, una en donde las ganancias totales compensen las pérdidas totales: el empresario de la lotería no obtendría en tal caso beneficio alguno», explica.
Más aún, añade: «En las loterías públicas los billetes realmente no valen el precio que pagan los suscriptores originales, y sin embargo se venden en el mercado por un veinte, un treinta y a veces hasta un cuarenta por ciento más. La única explicación de esta demanda es la vana esperanza de acertar alguno de los grandes premios».
El padre de la Economía, 
contra la loteríaAdam Smith, que situaba en el trabajo y no en el dinero el fundamento de la prosperidad, lleva el argumento hasta el extremo: «Para lograr una posibilidad mayor de acertar uno de los premios mayores, algunas personas compran varios billetes y otras compran participaciones en un número todavía mayor. Sin embargo, no hay proposición matemática más cierta que cuantos más billetes se compran, más probabilidades hay de perder. Si se compran todos, entonces la pérdida es segura; y cuantos más se adquieran, más se aproxima uno a esa certeza».
A continuación, Smith pone como ejemplo de este exceso de fe en la propia suerte «los muy moderados beneficios de las aseguradoras», debido, en su opinión, a que «por moderada que habitualmente sea la prima de los seguros, numerosas personas desprecian tanto el riesgo que no quieren pagarla». Otra muestra de «la esperanza en la buena suerte» es, para Smith, «la disposición del pueblo llano a enrolarse como soldados, o a hacerse a la mar».
Todo ello no es más que una base para concluir que «la tasa corriente de beneficio siempre aumenta más o menos con el riesgo», si bien no le parece que aumente «en proporción, o de forma de compensarlo totalmente». De este modo, «la presuntuosa confianza en el éxito» incita a «muchos aventureros» a oficios tan «riesgosos» como el del contrabando, «de tal forma que su competencia reduce los beneficios por debajo de lo suficiente para compensar el riesgo», aclara Adam Smith.

fuente: http://www.abc.es/20101218/sociedad/loteria-adam-smith-201012181045.html

lunes, 15 de diciembre de 2014

Concepción Arenal y la lotería

Buena parte del movimiento obrero (socialistas y anarquistas) se opusieron a los juegos de azar, incluida la lotería, por que  es contraria a la dignidad del trabajo, de ganarse el pan con el esfuerzo que nace de la nobleza del trabajo, y no de la trapacería de ensoñar con la posibilidad de enriquecerse a costa de os demás sin hacer nada. 

Estas son las palabras de la gran escritora Concepción Arenal sobre la lotería:


Sello que dedicó la II República Española
a Concepción Arenal
"No se puede adquirir en conciencia valor alguno sino por medio del trabajo, o por donación de alguno que trabajando honradamente lo había adquirido. Los demás medios serán posibles, fáciles, y para vergüenza y desgracia del mundo, podrán ser hasta legales; pero no son muy honrados. Esto es claro, sencillo, incuestionable, elemental; y siendo cierto que el dinero cobrado en virtud de un billete de lotería ni es producto de nuestro trabajo ni del de nadie, no podemos percibirlo ni apropiárnoslo y usar de él sin cierta infracción de la ley moral. La cantidad que cobramos está allí en virtud de una serie de acciones inmorales, tantas como individuos han contribuido a formarla; y en lugar de ser fruto del trabajo, es consecuencia de la culpa, que siempre la hay en pedir ganancias a la suerte sin consultar a la conciencia, y en no reparar en el desdichado conducto por donde viene aquel dinero que nos trae la fortuna"

Del libro: Cartas a un señor, de 1880

Más información;
http://latrapaceriadelaloteria.blogspot.com.es/2014/12/concepcion-arenal-y-la-loteria.html

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Anhelos de libertad

Rodrigo Lastra

El movimiento obrero, surgido a finales del siglo XVIII y principios del siglo XX no surge de la nada. Los drásticos cambios políticos, económicos y sociales acaecidos en aquella encrucijada histórica, no harán más que cristalizar una, también nueva, forma de respuesta de aquellos oprimidos, los sin poder... lo sin privilegios... que acabará convirtiéndose en ese inmenso vendaval social que fue el MOVIMIENTO OBRERO

 Y lo harán bebiendo de los anhelos de libertad, fraternidad, dignidad que se venían expresando durante siglos de una u otra manera por toda Europa. Las raíces del movimiento obrero hay que buscarlas en los precursores democráticos de las antiguas civilizaciones grecolatinas, en la fraternidad y comunitarismo que durante ya más de mil años había sembrado el cristianismo, y en las experiencias políticas de autogestión y libertad que jalonaron toda la edad Media Europea.

En este sentido, como padre que soy y que disfruto de contar cuentos e historias a mis hijos, descubrí que entre las historias que más les gustaban, estaban la de aquellos héroes medievales como Robin de los bosques, Guillermo Tell, o el Cid Campeador. Y no es que les guste a mis hijos. Algo deben de tener cuando son historias que han trascendido gen raciones, y nos han llegado a través delos siglos. Nos fascinan hoy, por que fascinaron en los siglos XII, XIII... y el pueblo las ha hecho ya inmortales.

Pero... ¿Qué tienen en común estas historias?

Reproducimos la entrada de un blog hechos para y por niños que habla de este tema:

 

http://www.menudashistoriasdegentemenuda.blogspot.com.es/search/label/EDAD%20MEDIA

  

¿Qué tienen en común el Cid Campeador, Guillermo Tell y Robin Hood?


Otras historias de más o menos la misma época que la de Robin Hood son la HISTORIA DE RODRIGO DIAZ DE VIVAR (el CID) y la HISTORIA DE GUILLERMO TELL. Son tan bien historias de hace muuuuuuchos años. Las tres de la edad media. Las tres historias tienen parte de realidad y mucha parte de leyenda. Robin Hood fue un noble inglés que se hizo bandido. Rodrigo Díaz de Vivar un caballero castellano que se tuvo que ir al destierro, y Guillermo Tell un trabajador suizo que arriesgo la vida de su hijo y estuvo en la cárcel.
Pero ¿qué tienen en común estas historias tan antiguas, que han sido tan queridas por tantas generaciones de tal manera que hoy se siguen contando, haciendo películas, libros, comics..?, ¿qué fuerza tienen, que independientemente de la realidad de los hechos que narran sus historias, estos personaje en sus países representan ya historias casi eternas? ¿Por qué, de las tantas historias de la Edad Media, estas son las más famosas?

Las tres historias son historias de personajes que se enfrentan a  los poderosos, (a los mandones)
 
* Robin, cansado de las injusticias que sufre la gente sencilla, se enfrente al mandón de turno y eso le cuesta ser considerado un bandido y se tiene que refugiar en un bosque con otros bandidos
 
* El Cid, por querer saber la verdad hace enfadar a su rey que le obliga a irse del reino y castigará a cualquiera que pretenda ayudarle.
 
* Guillermo Tell, por no querer postrarse ante el mandón de turno tiene que arriesgar lo que más quiere, disparando una flecha a la manzana que ponen sobre la cabeza de su hijo y a pesar de eso fue  a la cárcel



Con todas su cosas, todas son historias que nos hablan de valores; la DIGNIDAD, la LIBERTAD, la AYUDA A LOS DEMÁS, el SACRIFICO por algo más importante que mis propias cosas... IDEALES


viernes, 28 de noviembre de 2014

90 aniversario de la visita de Einstein a los locales de la CNT en Barcelona

 

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En Cataluña las iniciativas culturales estaban a la orden del día, se fundaban nuevos ateneos como el Polytechnicum en la calle Sant Pere Més Alt y dentro de esta entidad Pau Casals constituía la Asociación Obrera de Conciertos. La Comisión de Cultura y el Patronato Escolar del Ayuntamiento de Barcelona se habían impuesto el deber de crear nuevas escuelas. La Mancomunidad y el Instituto de Estudios Catalanes dirigían la cultura con mayúsculas y la acercaban al pueblo. En esta sintonía cultural, el científico y matemático Albert Einstein, visitó Barcelona el 24 febrero de 1923. Einstein venía invitado por la Mancomunidad de Cataluña, a través de los Cursos Monográficos de Altos Estudios de Intercambio, para exponer su teoría de la relatividad. El científico llegaba a Barcelona convertido en una celebridad mundial, la prensa le calificó como el Newton del siglo XX y le comparaban con los grandes genios universales Galileo y Copérnico. La Vanguardia (25-2-1923), decía:
“Precedido de fama mundial ha venido a Barcelona el doctor Einstein, para explicar en un cursillo de conferencias su famosa teoría de la relatividad. En los Estados Unidos, en Londres y recientemente en París, alcanzó el sabio alemán ruidosos triunfos con sus conferencias dadas en las más importantes corporaciones y sociedades científicas.”
 title=El científico alemán dio la conferencia inaugural en el salón de sesiones del Palacio de la Diputación Provincial, figurando en la presidencia el presidente de la Mancomunidad y de la Diputación Josep Puig i Cadafalch, el presidente de la Comisión Municipal de Cultura Sr. Viza, el diputado a Cortes Pere Coromines y el cónsul alemán. En la sala había representantes de las entidades e instituciones culturales barcelonesas. Al día siguiente, la conferencia fue en la Escuela del Trabajo, acto que fue presidido por Josep Puig i Cadafalch, Esteve Terrades y Rafael Campalans. El cronista recogía la impresión de la conferencia y manifestaba que el conferenciante, más que un sabio, parecía un profesor que se dirigía sencillamente a sus alumnos. Terminado el acto, la comitiva que hacía de cicerone de Einstein le paseó por algunos rincones de la ciudad y acudieron al Instituto de Estudios Catalanes y el Ayuntamiento de Barcelona.
El científico no quiso abandonar Barcelona sin visitar la sede de la CNT, así, el 27 de febrero, se presentó en uno de los locales del Sindicato Único, en la calle Sant Pere Més Baix. La sala estaba llena de obreros que ya habían oído hablar del compromiso social del científico. Los viejos y jóvenes anarcosindicalistas puestos en pie rendían un cálido homenaje emocionante al sabio alemán. Albert Einstein y Ángel Pestaña conversaron en francés, y el científico hizo un elogio de los obreros catalanes:
“Vosotros -dijo- sois revolucionarios de calle y yo soy de la ciencia”.
Solidaridad Obrera (11-3-1923), que se hacía eco de la visita de Einstein a la ciudad, afirmaba que el científico había aceptado presidir el III Congreso de la Asociación Mundial Internacionalista de Esperanto y recordaba su paso por el sindicato :
“Como recordaréis, camaradas, cuando Einstein estuvo en Barcelona fue a visitar a la representación obrera en el local de la Distribución, donde pronunció un elevado discurso, contestándole Pestaña en nombre de la Confederación Nacional del Trabajo.”
La CNT, a pocos meses de su regreso a la legalidad, había demostrado ser una organización fuerte y con las ideas claras. Una organización obrera que volvía a tener en sus filas miles de afiliados. Una organización con muchos militantes curtidos en las luchas clandestinas. Entre sus principales líderes, por encima de todos, destacaba la figura de Salvador Seguí "el Noi del Sucre", el cual en la conferencia que había pronunciado en el teatro Trianón habló de los valores de la civilización naciente:
¿Cuándo será resuelto el problema social? Cuando todos los hombres se formen en el espíritu de justicia [...] Que responda siempre por nosotros la justicia y la libertad que hayamos sido capaces de forjar, que son, sin lugar a dudas, los valores que deben poner el hombre en condiciones de liberarse moralmente, físicamente y económicamente. Esta será nuestra obra, esta es nuestra obra.
(Fragmento del libro CNT. La Fuerza obrera de Cataluña de Ferran Aisa, Editorial Base, Barcelona, ​​2013).

jueves, 13 de noviembre de 2014

"La nueva ley de pobres en Inglaterra"

 

 
 
El asistencialismo, el paternalismo, siempre han ido contra la dignidad de la persona, humillando y degradando...
 
Cuando en Inglaterra se quiere solucionar el problema de los pobres desde los poderes del Estado, sin contar con los pobres, desde la buena conciencia de la clase dominante, se llega aplastar al hombre hasta extremos similares a la esclavitud, eso fueron  "Las Leyes de Pobres", que sometieron a los pobres a condiciones degradantes de una crueldad sistemática y deliberada inspirada en una ideología consciente y cruel, que consideraba al pobre inhumano, delincuente, vicioso. Contra las Leyes de Pobres, la clase obrera organizada, surgida a finales del siglo XVIII y siglo XIX en Europa, exigió el trabajo digno, el salario justo, propugnó la cultura y la libertad de asociación
La "Nueva Ley de Pobres" fue la más importante legislación sobre la pobreza desde la aprobación de las leyes de los pobres originales dos siglos antes. Sin embargo, era obsoleta desde el momento de su aprobación. También resultó ser menos efectiva de lo que habría gustado a los reformadores. La crítica principal que se repitió en incontables folletos, sermones, artículos, discursos o informes era que las leyes de los pobres estaban “pauperizando a los pobres”. Este sistema desmoralizaba a los pobres, que eran degradados a su pesar. La nueva Ley se basaba en el principio falso e inmoral de que la pobreza es un delito.
La ética paternalista ha sido caracterizada por el historiador David Roberts como “autoritaria, jerárquica, orgánica y pluralista”; estas características no siempre se presentan juntas ni en el mismo grado, sino en una combinación y de una forma o de otra.
“¿Qué tal cruel era la ley de los pobres victoriana?”. Una memorable respuesta la ofrece Oliver Twist . En el primer capítulo, publicado en Bentley´s Misscellany en enero de 1837, se describe el nacimiento de Oliver en el reformatorio, que con su primer llanto le anunció a los internos “que una nueva carga se había impuesto en la parroquia”. En el segundo capítulo se describe cómo es enviado a una sucursal del reformatorio, donde 20 ó 30 transgresores de las leyes de los pobres rodaban por el suelo todo el día “sin la carga de demasiados alimentos o demasiadas ropas” vigilados por una vieja que recibía siete peniques y medio a la semana por cada uno de ellos, pero la mayoría de este dinero se lo apropiaba. Los niños perecían de hambre, frío, descuido, y así eran “convocados al otro mundo, que se reunían con los padres que nunca habían conocido en este mundo”.
Durante 5 años The Times, mantuvo una campaña demostrando la crueldad de los reformatorios por medio de sus propias estadísticas (informó que 41% de los internos habían muerto en un reformatorio) y terribles relatos con nombres, fechas y lugares. Se ha calculado que en este compendio de los delitos de la Ley de Pobres incluye unos 290 casos de abusos relatados en 2 millones de palabras en un periodo de 5 años. Todo esto daba la impresión de ser una política inequívoca, de ser una política de abusos no casuales, ni al azar, sino de ser una crueldad sistemática, deliberada, inspirada en una ideología consciente y cruel.
Thomas Carlyle escribió la obra Chartism. Atacó la teoría “falsa, herética y condenable” en que se basaba la Nueva Ley de pobres. La Nueva Ley era saludable para restablecer lo que Carlyle creía verdaderamente necesario: no el reformatorio ni la ayuda exterior sino el mismo trabajo. El trabajo era “la misión del hombre en esta Tierra”, la primera ley de la naturaleza, el primer principio de justicia. Interpretó los salarios justos como algo que incluía el derecho de ser adecuadamente recompensados y el derecho de ser guiado y gobernado adecuadamente.
En Past and Present escribió que la Ley de pobres era una acusación de un sistema económico injusto. Ataca el principio de la oferta y la demanda, proponiendo en su lugar el principio del salario justo de un día para el trabajo cabal de un día. Apoyó la educación y la emigración, las leyes para las fábricas, reglamentos sanitarios, inspección de las minas...
Carlyle consideró el trabajo como condición espiritual del hombre y de su existencia social y materia: El trabajo es la vida. La formulación de Carlyle sobre la cuestión de la situación de Inglaterra también fue más radical. No era solo cuestión de pagar mejores salarios, ni aun de un salario diario justo por el trabajo cabal de un día, sino un sentido de justicia que iba más allá de los salarios, de las condiciones materiales y hasta de la vida y la muerte. El sentimiento de injusticia es insoportable para todos los hombres.
Cobbet, publicó artículos contra La Ley de Pobres. En 1802 editó Political Register. Se mantuvo durante más de 30 años, mientras entraba y salía de la cárcel y del país. Condenó la Nueva Ley de Pobres como una negación total de la persona, pues condenaba a los pobres a la esclavitud o a la muerte. Las condiciones eran brutales: encierro de los pobres en el reformatorio, obligados a usar un traje especial, separados de sus familias, impedirles la comunicación con otros pobres del exterior, y, cuando murieran, permitir que sus cadáveres fueran utilizados para una disección.
Uno de los periódicos radicales no autorizados que tuvo más éxito e influencia fue The Poor Man´s Guardian, nombre que era una ironía de los “guardianes” que aplicaban la Ley de los Pobres. En este periódico se mostró como con La Ley de Pobres habia empeorado las cosas, sobre todo, desde que las clases medias habían tomado el poder, porque éstas, aún más que la aristocracia terrateniente, representaban la propiedad en su forma más cruda y brutal. El periódico The Guardian atacó la Ley por ser una evidencia de la crueldad de las clases propietarias y de la miseria de los pobres, algo horrible, inhumano, sin precedentes, detestable y condenable.
Argumentaban que el problema esencial era la situación de los trabajadores independientes, al volver la ayuda peor que cualquier alternativa, la ley obligaba a los trabajadores a aceptar cualquier salario que les ofrecieran y así quedar totalmente a merced del capitalista. El problema era la pobreza y ninguna ley de los pobres, vieja o nueva, podía resolver el problema. El periódico criticó la religión de los burgueses. Les acusaban que si creían en su religión, no deberían robar y oprimir a los pobres. Y sin embrago, los burgueses creían que la religión era un simple instrumento político para mantener en sumisión a las clases útiles

Textos recogido del libro: La idea de la pobreza (Inglaterra a principios de la era industrial).
Gertrude Himmelfard.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Ángel Pestaña y el sindicalismo moderno


 Fue un anarquista contra la radicalización de la sociedad española que desembocaría en la Guerra Civil
Los años de la República fueron tan fértiles en ofrecer horizontes de esperanza en España como para frustrar las expectativas de los hombres y mujeres que podían haberlos encarnado. Al republicanismo moderado de Lerroux y al socialismo realista de Prieto debe sumarse el sindicalismo libertario de Ángel Pestaña, un ideal obrero moderno, una utopía razonada, que se estrelló contra la deriva de la CNT, el insurreccionalismo de la FAI y las servidumbres ministeriales de la UGT, y, sobre todo, contra la radicalización de la sociedad española que desembocaría en la Guerra Civil.
Pestaña es un hombre que despierta de inmediato la simpatía de los que se acercan a su trayectoria personal y sindical. Su trabajo durísimo en las minas del Norte desde los 10 años, su orfandad temprana, su inteligencia labrada en la experiencia reivindicativa y en las horas robadas al descanso nos ofrecen la materia prima de la forja de un rebelde. Pero, además, su lucidez táctica, su reproche a los anarquistas iluminados, su condena de toda violencia, su idea de una sociedad libre basada en las convicciones y nunca en la coerción, definen a un hombre para quien la injusticia nunca había de responderse con los métodos dictatoriales del bolchevismo o la brutalidad exhibida por amplios sectores del anarquismo.
En 1931, cuando ostentaba el cargo de secretario de la CNT, firmó con Joan Peiró y otros compañeros el Manifiesto de los Treinta, que fracasó no solo en su deseo de apartar al sindicato libertario de los caprichos insurreccionales de la FAI, sino también en el de constituir un sindicalismo moderno, defensor de la autonomía los trabajadores y desligado de las servidumbres tácticas de los partidos políticos. Lejos de los dictados de un reformismo al servicio del PSOE y más lejos aún de la enloquecida «gimnasia revolucionaria» del cenetismo faísta, los firmantes pretendían cerrar el paso a los que confundían la revolución con «jugar al motín, a la algarada». Urgían a depurar la CNT de todos los que, en sus sueños revolucionarios, daban la espalda al «hondo sentir del pueblo», para seguir en sus movimientos a unos individuos que «se convertirían en dictadores al día siguiente de su triunfo».

Calumniado por Montseny

Las verdades como puños del documento, junto con los esfuerzos de moderación desplegados por Pestaña, llevaron a sus firmantes a la expulsión. Aquel extenso y precioso patrimonio del obrerismo español fue capturado por una secta sin escrúpulos. Federica Montseny se permitió, incluso, calificar de delincuentes, de traidores comprados por la patronal y de lindezas por el estilo a quienes habían dedicado muchos más horas que ella a levantar la CNT. Todo porque los que, de verdad, se habían partido el pecho por crear un sindicato de libre asociación de los trabajadores no estaban dispuestos a sacrificarlo en el altar de la chulería pistolera y la soberbia elitista que lo llevarían a la inoperancia y el descrédito, hasta el punto de quebrar para siempre la fuerza de la tradición libertaria en España. Lo que podía haber sido cuna de un sindicalismo de acción directa, sin interferencia ministerial, independiente de intereses partidistas y liberado de los arrogantes criterios de una elite revolucionaria, se frustró en las agitaciones sociales que llevaron a la tragedia de 1936.
Pestaña ni siquiera logró el acuerdo con algunos de los compañeros del Manifiesto, en especial Joan Peiró, uno de los sindicalistas más inteligentes y honestos que la CNT proporcionó a la historia universal del movimiento obrero. Su proyecto de una organización política laborista a la española, el Partido Sindicalista, no consiguió agrupar más que a algunas figuras secundarias de los grupos opuestos a la FAI a comienzos de 1934. Tampoco el debut de la nueva formación sirvió para abrir un debate entre la tradición apolítica libertaria y los partidarios de crear un espacio de intervención institucional que pudiera compensar el monopolio del socialismo marxista. Bien que habrían de lamentarlo, después, quienes consideraron una de las mayores debilidades del Frente Popular la ausencia de una representación disciplinada de trabajadores sin ataduras al PSOE o el PCE. La cultura obrera con mayor arraigo en la España del primer tercio del siglo XX quedó al margen de la dirección gubernamental de la zona republicana durante la Guerra Civil y en perpetuo estado de ambigüedad, que ni siquiera evitaría a los exquisitos ortodoxos del anarquismo de 1931 vestir la púrpura ministerial en 1936.

Fraternidad y no odio

Año y medio después del estallido de la Guerra Civil, la posibilidad de que Pestaña pudiera influir de nuevo en la CNT se malograría por el agravamiento de su delicada salud y por una muerte prematura. En sus últimos meses de vida hizo ingentes llamamientos a la unidad de los trabajadores y a la lucha contra la influencia del comunismo. Los hizo, también, a la necesidad de proteger a las clases medias, en cuyo maltrato veía una de las causas del ascenso del fascismo en Alemania. No sabemos si habría logrado recuperar alguna influencia en la CNT o si la muerte le ahorró la agonía de contemplar, impotente, su desguace y envilecimiento. Lo que sí sabemos, lo que podemos recoger en este largo examen sobre la idea de España, es lo que Pestaña escribió en 1933 en «Lo que aprendí en la vida», uno de los testimonios más conmovedores sobre la peripecia vital de un obrero entregado a la suerte de los humildes sin asomo de rencor ni brizna de jactancia : «La dictadura proletaria nos conduciría a caer en los mismos vicios que año tras año venimos combatiendo. Porque no es el odio quien debe guiar nuestro pensamiento, sino la fraternidad. Y a los que trabajamos por una sociedad mejor ha de guiar nuestro pensamiento la idea de justicia y de equidad, y no la idea de imposición o de la fuerza brutal que somete, pero que no convence».
 

martes, 4 de noviembre de 2014

TRABAJO, LEYES Y CORRUPCIÓN

SIRVAN ESTAS PALABRAS, DE UN MILITANTE SOCIALISTA EXCEPCIONAL, COMO FUE JULIÁN BESTEIRO PARA ILUSTRAR TAMBIÉN HOY, LA SITUACIÓN ACTUAL.

Besteiro, 2º por la izq, en la carcel de Carmona junto a un grupo de curas vascos


Saben muy bien que para adquirir riquezas hay varios caminos. Uno, el más largo y penoso, es el del trabajo. Por ese camino la mayor parte de las veces la sorprende a uno la muerte antes de llegar al fin. Otro camino, más breve, pero lleno de peligros, es el del manejo de la ganzúa y la palanqueta. Pero hay, sobre todo, un camino brillante y seguro: en él la ganzúa se sustituye con ventaja por una ley, y la palanqueta por un reglamento. Hechos la ley y el reglamento en provecho propio, ya se puede entrar con entera confianza en la morada del vecino trabajador y arrebatarle cuanto ha producido con su trabajo. 

Julián Besteiro

domingo, 19 de octubre de 2014

Vicente Cutanda: realismo obrero




Uno de los pintores más característicos del realismo español de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX fue Vicente Cutanda.
Nacido en Madrid en el seno de una familia intelectualmente destacada, pues su padre fue el creador de la cátedra de Organografía y Fisiología de Madrid y Académico, tuvo una infancia difícil, ya que padeció una enfermedad nerviosa, con consecuencias sobre la vista. Desde muy joven se inclinó por los estudios de matemáticas y por la pintura. Pero su salud delicada no le permitió seguir los estudios regulares que abandonó para dedicarse por su propia cuenta a pintar y a crearse su propio estilo.
Recuerdos del país del hierro
En esta etapa madrileña estuvo influido por los pintores Fortuny, Sorolla y sobre todo por Eduardo Rosales (1836-1875) por su dinamismo y su búsqueda de nuevos temas.
Autorretrato
En Toledo fue amigo de muchos de los pintores que se afincaron en esa ciudad atraídos por la belleza de sus calles y por el misterio de sus rincones. Sus mejores amigos fueron el pintor Arredondo y Casimiro Sainz.


Cutanda siempre fue un pintor de escenas, gran conocedor de las posturas del cuerpo humano con una técnica de pincelada larga e improvisada, un pintor que quería plasmar lo que estaba viendo y sintiendo en el momento preciso en que pintaba.
En su primera etapa toledana, tuvo varios encargos de carácter religioso, como los dos santos (San Jacobo y San Ildefonso) que figuran en la sacristía de la catedral de Toledo; La decoración de la ermita de la Virgen del Valle de Toledo y un Retablo de la Crucifixión en el Convento de San Antonio de las religiosas carmelitas. Todas estas pinturas están llenas de sentido religioso profundo.


En 1880, el pintor Arredondo ayudó a Cutanda durante una enfermedad que le alejó de la pintura durante varios meses.
En 1881 volvió a pintar, esta vez escenas en rincones de Toledo y populares. Hay que recordar personajes típicos del país como la “Lagarterana” o el “Toledano” la más famosa de sus “plumillas” es la de la “Torre del Reloj” (1880).
En 1884 le fue encargado un conjunto de 34 tablas para una carroza neogótica destinada a la custodia de Santo Tomé de Toledo.
Ese mismo año fue nombrado profesor de dibujo, por concurso, de la Sociedad Cooperativa de Obreros de Toledo.



En 1887 gana la tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su cuadro “A los pies del salvador”.El mismo año pinta una figura de “Santa Teresa de éxtasis” de estilo realista exagerado, que raya en la caricatura.
Epílogo
Cuando percibe la necesidad de salir del ambiente de Toledo y se presenta al concurso para obtener una beca de estudios en el Regio Instituto delle Belle Arte de Roma, oposición que gana con el número uno. Se instala en esa ciudad, en la Via Margutta en pleno barrio de artistas, donde pinta “La muerte de Sertorio”. En este cuadro aparece ya su inquietud por temas sociales, pues se trataba del asesinato del general romano Sertorio que capitaneó en España las huestes del bando plebeyo sublevadas contra la dictadura de Sila. Cutanda prefiere dejar el cuadro en estado de boceto, quizá para no quitar fuerza al tema. El cuadro mide 3m. de alto por 5,85m. de ancho.
Preparativos del Primero de Mayo

La promulgación de la Encíclica del Papa León XIII “Rerum novarum” (1891) relativa a la condición de los obreros, provoca en Cutanda una gran impresión. Por ella el pintor justifica su tendencia obrerista, avalada por la actitud de la Iglesia ante el problema social, pues, como toda la pintura de Cutanda tiene un fondo religioso, puede ya, sin escrúpulos, consagrase de lleno a pintar temas sociales.
Hasta el año 1900 en el que es nombrado profesor numerario de dibujo en el Instituto General y Técnico de Segovia, recibe varios premios: primer premio en el certamen artístico organizado por la “Revista moderna” de Madrid; Diploma de cooperación de la Diputación de Madrid etc.
Desde 1903 a 1904 es director de la Escuela de Artes y Oficios de Logroño.
Vuelve a Toledo donde se instala como profesor de “Estudios especiales de dibujo y composición decorativa” en la Escuela Superior de Artes Industriales, siendo elegido director de la misma.

No está muy clara la fecha de su estancia en el País Vasco, aunque se sabe que le frecuentó repetidas veces y que en él encontró su auténtica vía artística, es decir: pintar a los obreros, especialmente a los metalúrgicos, en su realidad cotidiana y familiar, sin ninguna sublimación, pintar sus ocios, su trabajo, sus peligros y su vida dura y sin horizontes en una época incierta de comienzos de una industrialización ante la cual se encontraban desamparados.
Epilogo
Ilustra en revistas como “La Ilustración Artística”, “Blanco y Negro” y otras, la situación de los obreros, concretamente de los “Altos Hornos” de Baracaldo, como el “Despido del trabajo” (1986), “Durante el descanso” (1897), “Recuerdos del país del hierro” (1893), “Contraste” (1904), “Fuera de combate” (1896), Preliminares del 1 de Mayo (1894) y el cuadro “El pulso de los ferrones” (1921), recientemente adquirido por el Museo de Bellas Artes de Vitoria.

La piedra

Por otra parte, también fija en sus lienzos la lucha por la vida de esos obreros por medio de sus organizaciones y de sus huelgas. Es especialmente interesante el cuadro “Preparativos para la huelga”, “Epílogo” y sobre todo “La huelga de obreros en Vizcaya” con el que obtuvo la medalla de primera clase en la Exposición Internacional de Madrid de 1892. Este último cuadro, perdido durante decenios, fue encontrado, casi milagrosamente por el Subdirector de Conservación del Museo del Prado de Madrid, Don José Luis Diez y será colgado, a pesar de sus grandes dimensiones, en las futuras salas dedicadas a la pintura del siglo XIX de dicho Museo.
Cutanda fue un hombre fiel a sus ideas, a su sentido familiar y a sus convicciones religiosas. Aunque nunca intervino en política, rompió una lanza a favor del obrero, del más débil y del mas rechazado por la sociedad.

LA VIRGEN OBRERA, de Vicente Cutanda

miércoles, 8 de octubre de 2014

¿Fue Camus anarquista?


  • Fotografía: HENRI CARTIER-BRESON
    Los 'Escritos 

  • Libertarios' de 
  • Albert Camus se 
  • publica ahora en 
  • España. Una 
  • recopilación ensayos 
  • que lo emparentan 
  • con el pensamiento 
  • anarquista y un 
  • espíritu quijotesco 
  • de corte utópico 

  • y romántico.



¿Pero qué significa de verdad preferir a la madre? A partir de esa frase, Camus ha sido un referente político para aquellos que, desde entonces, no han estado en ningún sitio, han relativizado los grandes credos y han preferido ir por libre. Los que no han sido comunistas, ni nacionalistas, ni conservadores, ni cristianos, sin que eso significase que el mundo les daba igual. ¿El tipo de gente que ha votado durante décadas a partidos socialdemócratas en Francia, en España, en Alemania, en el Reino Unido...? Tendemos a pensar que Camus hubiese apoyado a Mitterrand contra Giscard, igual que su admirador Jorge Semprún llegó a ser ministro de Cultura en el Gobierno de Felipe González. "¿San Camus, San Exupéry? ¿Acaso nuestra juventud no tiene otros santos que estos pensadores de verdad un poco blanda?", escribía un detractor de Camus, el comunista duro Jean Paul Sartre, en ese mismo 1962, en las páginas de 'L'Express'.
O quizá fue todo un malentendido. 'Écrits libertaires' fue el nombre de un libro que apareció en Francia en 2008, en una editorial casi clandestina de Marsella (Egrégores). Después tuvo una segunda vida en el casa Indigène Éditions (la editorial que lanzó 'Indignaos' de Stéphane Hessel), y ahora aparece en España con el sello de Tusquets y el título de 'Escritos libertarios'.
La tesis del libro no es del todo insólita porque la biografía de Camus de Olivier Todd ya lo presentaba como a un libertario en 1997, pero sigue siendo muy atípica: es imposible entender a Albert Camus si no es en diálogo con la tradición libertaria. Aunque fuera un diálogo lleno de sinsabores. Para ello, reúne artículos y cartas de Camus dirigidas a los medios anarquistas y, a su lado, los textos con los que los anarquistas, casi insignificantes en Francia, intentaron asimilar la cercanía del escritor más admirado en el vecino país.
"El gran malentendido popular sobre Albert Camus ha sido considerarlo un escritor de consenso, amable, blando... Ni marxista ni capitalista. Imagínese, en los años 50, en Francia: un intelectual no podía estar fuera de ese dilema, no podía no ser ni una cosa ni la otra. Fue lo que Jean-Paul Sartre le reprochó. En realidad, y parece que aún nadie quiere reconocerlo, Camus dio cuerpo a una alternativa, una tercera vía, que era a la vez anticomunista y anticapitalista, y que es a lo que él solía referirse como le 'génie libertaire', el genio libertario. Pero no se equivoquen. Camus no estaba por el nihilismo; estaba más allá. Camus estaba por ideas como renacimiento o reconstrucción. Predicaba la vía de la no violencia y admiraba a Gandhi. Creía que Gandhi era el hombre más importante de su tiempo. Escribió "La no-violencia requiere una grandeza y una altura de la que carezco".
Eso lo afirma Jean-Pierre Barou, editor de Indigène Éditions. Sus Escritos libertarios ofrecen, entre otras cosas, un relato cronológico de la vida política de Camus. En 1935, con 22 años, el escritor se afilió en Argelia al Partido Comunista Francés, porque ésa era la opción natural de los chicos antifascistas y críticos con el orden establecido. El PCF, en esos momentos, se deslizaba hacia el Frente Popular y hacia el entendimiento con el Partido Radical, una especie de partido de izquierdas no marxistas con una política nacionalista francesa hacia el exterior. No era una asociación que gustara a Camus.
Su primer combustible ideológico se lo había dado su tío Gustave Acault (el cuñado de su madre, el sustituto de su padre) y, a la vez, lo había recibido de España. Muchos emigrantes levantinos (su madre era una de ellos) se habían establecido en Orán y dieron a Camus noticia de la tradición libertaria en la península. Por eso, el golpe de Estado del general Franco en verano de 1936 fue un trauma para él. La respuesta del Frente Popular Francés (que rehusó intervenir en defensa de la República Española) y el conflicto del Partido Comunista de España con el Partido Obrero Unificado Marxista (el POUM de Nin) provocaron la furia de Camus, que en 1937 abandonó la disciplina del PCF. Al año siguiente, Camus dejó África, se estableció en la metrópoli y empezó a trabajar como periodista en medios como 'Paris-Soir', además de seguir colaborando con el argelino 'Le Soir Républicain'.

Una amiga en el taller

Llegó la Guerra Mundial, la ocupación, Pétain, la Resistencia... Pero antes, Camus encontró en la redacción de 'Paris-Soir' un nuevo aliento para su carrera: el contacto con los trabajadores de las artes gráficas del diario. En Francia, igual que en España, su gremio llevaba la tradición libertaria desde el siglo anterior. Un nombre destaca especialmente en este trasiego: el de Rirette Maîtrejean.
"Rirette Maîtrejean", explica Jean-Pierre Barou, "fue la mujer que introdujo por primera vez a Camus en el pensamiento libertario. Camus conoció a Rirette cuando empezó a trabajar en el periódico Paris-Soir en 1940, cuando el periódico dejó París por la ocupación y estableció su redacción entre Clermont-Ferrand y Lyon. Ella era una correctora de textos en el periódico y, fuera, en la calle, una amiga íntima de Victor Serge, un famoso anarquista belga. Después, al cabo de unos años, Rirette y Camus volvieron a encontrarse en París, en el entorno de una revista libertaria llamada 'Témoins' que tenía su redacción en Suiza y que era la favorita de Camus".
Antes, en 1943, el escritor (que antes de la Guerra hablaba del Gandhi que había defendido el pacifismo, la resistencia pasiva y la reconciliación con los alemanes) entró en la Resistencia. Y en 1944, cuando los nazis fueron expulsados de Francia, Camus creyó que llegaba un mundo nuevo.
No ocurrió así, entre otras cosas porque el Partido Comunista aceptó la IV República y el orden gaullista y respaldó los esfuerzos del Gobierno por mantener sus colonias, aunque eso la llevara a la guerra en Indochina y Argelia. Camus sintió, desde ese momento, que el Partido Comunista Francés nunca más estaría de su lado.
"Siempre me ha costado hablar de la Resistencia", escribía Camus en Témoins, en la primavera de 1955, "rara vez he sentido placer al leer o escuchar lo que se decía de ella. El culto al pasado supone una vocación que no tengo y el tiempo destinado a él me parece perdido. [...] Estoy lejos de lo que se ha hecho de la Resistencia, de aquello en lo que se ha convertido. [...] Hoy creo que nada de esto ha ocurrido. Confesaré mi decepción de ver que esta experiencia de un gran deseo de paz traicionado, y obligado a una guerra insoportable, no sirvió más o menos de nada".
Apareció entonces La peste, en 1947; aparecieron el doctor Rieux y el gandhiano Tarrou, el hombre que contaba los muertos en Orán: sus protagonistas, el molde de todos los héroes de Camus. Solitarios, burgueses, abrumados pero empeñados en actuar con honestidad, en cada paso. "Si tuviera que elegir un libro que lo explicara políticamente pensaría en 'El hombre rebelde'. Pero si excluyéramos los ensayos, la elección sería 'La peste', con la idea del santo laico", explica Barou.

Ser libertario en Francia

Pero ¿es suficiente haber inventado a Rieux, tener algún amigo del POUM y admirar a Gandhi para ser un libertario? Depende de lo que entendamos por libertario.
"Tenga en cuenta que en Francia la tradición libertaria ha sido siempre débil, más débil que en España o en Italia, porque la izquierda oficial la ha combatido con mucha energía", dice Jean-Pierre Barou. "Mucha mas energía de la que emplearon contra los trotskistas. Piense, por ejemplo, en que André Breton fue a ver a Trotsky a México en 1938, porque Trotsky seguía representando la pureza del marxismo".
De modo que los anarquistas franceses eran, a esas alturas, pocos y estaban aislados, tendían al anarcosindicalismo y no tenían demasiadas ganas de escuchar a Camus hablando de Proudhon, Thoreau y del individualismo.
Camus escribía en sus revistas, hablaba en sus mesas redondas, testificaba a su favor en sus juicios y se peleaba con sus enemigos, pero eso no significaba que fuera uno de los suyos.Era demasiado libertario hasta para los anarquistas de los años 40 y 50.
En estos 'Escritos libertarios', por ejemplo, se puede leer un ensayo llamado Bakunin y 'El hombre rebelde', firmado por Gaston Leval y publicado por Le Libertaire. Leval, un veterano del anarcosindicalismo formado en la CNT española, dedicaba un largo texto a reñir a Camus por haber desdeñado a Bakunin en su ensayo 'El hombre rebelde'. Entre otras cosas, 'Leval reprochaba muy seriamente a Camus haberse apoyado sólo en 'El catecismo revolucionario, el texto fundacional de toda la violencia que a lo largo de la historia se ha vinculado al anarquismo. "Comete usted también una falta imperdonable para un hombre de su talla que se presenta como censor moral de todo y de todos. A sabiendas o no, confunde al Bakunin de 26 años con el Bakunin de 55 años".
A casi todos nos queda ya un poco lejos el debate sobre Bakunin. Más interesante es recordar que el artículo de 'Le Libertaire' se publicó el 28 de marzo de 1952: el mismo año en el que Sartre publicó una crítica desganada sobre 'El hombre rebelde' en 'Temps Modernes' y Camus montó en cólera contra su antiguo amigo. Las vísperas, además, de la insurrección árabe en Argelia.
Argelia es uno de los nombres que faltan para contar esta historia. El otro es España.
'Crónicas argelinas' (1939-1958) es el nombre de un libro (la versión española la editó Alianza Editorial en 2006) que recoge los textos que Camus dedicó a su tierra en los periódicos de París, Argel y Orán. Por ahí aparece su famoso viaje a la Cabilia, donde retrata la pobreza de los habitantes de las montañas, su propuesta de crear un Estado federal asociado a la Francia metropolitana y la necesidad de crear un partido transversal que peleara tanto contra el Movimiento de Liberación Nacional como contra los ultras de la OAS. "Sigo creyendo, a propósito de Argelia, que semejantes extravíos no definen más que el extravío de nuestra época", escribió en esas páginas Camus. "Las simplificaciones del odio y de las tomas de posición, que pudren y relanzan sin cesar el conflicto argelino, habría que revisarlos todos los días, y no basta un solo hombre".
¿Y España? "Acuérdese que a Camus, en 1952, le preguntaron qué debía a España y contestó: 'Casi todo'", recuerda Jean-Pierre Barou.
En 'Escritos libertarios', España aparece en cada esquina, empezando por el nombre de Freddy Gómez, el hombre que guardó muchos de los artículos del libro. Una portada de la revista Solidaridad Obrera, editada por el exilio mexicano, muestra a Camus con su aire de Bogart bajo una leyenda que dice "¡España libre!". Y la España franquista, un régimen que casi todo el mundo estaba dispuesto a tolerar en Europa en los años 50, incluido, por ejemplo,André Malraux, sigue siendo uno de los temas más habituales entre los Escritos libertarios de Albert Camus.
"Si la Europa del mañana no puede prescindir de España, tampoco puede, por las mismas razones, construirse con la España de Franco", escribió Camus en 1951. "Artículos franquistas recientes han pretendido que la censura se había suavizado. Después de examinar los textos, podemos estar tranquilos. La suavidad se reduce a afirmar que todo está permitido excepto lo que está prohibido".
Un año después, cuando la España franquista estaba en trance de rehabilitación entre las democracias liberales, Camus volvió al tema y envió una carta a la Unesco por admitir la colaboración con Madrid. "Reto a sus servicios a que organicen en Madrid la exposición de los Derechos Humanos que han presentado en muchos países".
Un poco más allá, Camus habla sobre Unamuno (le divertía aquello de "Que inventen ellos"), sobre 'Don Quijote' y sobre Alfonso V de Castilla, el rey que tomó Toledo y la devolvió a los musulmanes cuando supo que una traición había sido la clave de su éxito. A todos nos suena ese retrato idealizado y un poco naíf de España, el país de los locos románticos. Un poco como la imagen quijotesca de la tradición libertaria que ha llegado hasta nuestro tiempo.